Del colegio al olvido

Una compañera de la primaria acababa de crear en Facebook el grupo cerrado “Primaria Padre Elizalde”, cuando me llegó la notificación de que Daniel Polizzi (otro de mis compañeros de primaria, desde entonces mi mejor amigo) me había añadido al grupo. Es por ello que quiero contarles parte de la historia de este grupo (que a su vez es una parte de mi historia), aunque sea un pequeño fragmento comparado con todo lo vivido.

El “B” T.T. (turno tarde) del Instituto Padre Elizalde, que inició sus estudios primarios en el año 1995, era un grupo excepcional por la unión de sus compañeros (todos lo decían: padres, docentes, etcétera). Por la misma razón las maestras que lo tuvieron a cargo desde primero a sexto grado, siempre lo describieron como “un grupo unido, pero charlatán”.

El “B” T.T. que cursó quinto grado de la EGB en el año 1999 superó la suma de treinta y cinco alumnos (siendo éste el año récord en superioridad de número de estudiantes), cuando en segundo grado sólo habían sido veintisiete, y en primero algunos menos.

Por orden de apellido, desde un principio me tocó ser el primer alumno de la lista. Y debo decir que guardo algún recuerdo positivo o negativo (casi todos positivos) de cada uno de los seres humanos que integraron ese gran grupo. Y además del recuerdo, que pertenece al pasado, también guardo el cariño, que es el presente, no sólo en sentido temporal, sino también como un obsequio preciado que me llevaré de esta vida. Lamentablemente no puedo decir lo mismo de todas las maestras que estuvieron a cargo de mi instrucción, pues todavía me pregunto cómo María del Carmen, maestra de segundo grado, podía estar a cargo de niños de siete años: un despropósito indignante, un insulto a la niñez.

Octavo año sería el último que compartiría con el grupo, tras repetir, en parte gracias a una perversa profesora que no merece ser nombrada. Aunque mis compañeros seguirían juntos hasta terminar noveno año, donde todos se dispersarían en las distintas modalidades de primero, segundo y tercer año Polimodal.

Transcurrió casi una década desde que, con mucho dolor, tuviera que separarme del grupo. Y esos niños que una vez fuéramos tan unidos, nos convertimos en hombres, en mujeres. Y algunos de esos niños crecieron y se volvieron más pequeños, indiferentes, olvidadizos, puesto que, al parecer, borraron de su memoria que compartieron al menos un año de su vida en la misma clase que uno. A algunos de ellos, cuando los cruzas en la calle los reconoces perfectamente (al igual que ellos te reconocen) y quizá por timidez, tal vez estupidez o desgana, se hacen los distraídos (por no decir otra cosa), agachan la mirada, la asestan al pavimento, a las veredas o al mismísimo horizonte, y continúan su andar hasta perderse de vista. Y uno que los quiso tanto... que tal vez los quiere…