El peor enemigo de un escritor

Hace más de cinco años que escribo con relativa frecuencia. Hace más de cinco años que sueño con publicar un libro. Hace tres años que tomé la decisión de ser escritor. Y desde hace un tiempo tengo plena consciencia de que tuve el privilegio (o la desgracia) de no haber publicado con anterioridad (ten cuidado con lo que deseas porque puedes conseguirlo), pues hubiera querido reeditar cada oración de mis textos si todo aquello que escribí en mis inicios, se hubiese convertido en mi primer libro publicado; me hubiera arrepentido la vida entera (o tal vez no) y el sueño se hubiese convertido en pesadilla (o tal vez no). Recién en estos tiempos me siento seguro (seguro es una forma de decir) de los escritos que guardo celosamente para la posterior publicación, algunos con una antigüedad de menos de tres años. Y aun así, apelo a que lo más sabio es continuar escribiendo, sin leer continuamente mis escritos, porque la inconformidad de un escritor puede convertirlo casi por accidente en un permanente corrector de sus obras, lo que anularía el proceso natural de la creación literaria, y ese escritor (auspiciando de corrector) se convertiría en el peor enemigo de un escritor.