La felicidad: ese objetivo inalcanzable

Muchas veces pretendemos alcanzar la felicidad, como si la felicidad estuviese en alguna parte en particular; como si la felicidad fuese una meta, un sitio donde arribar, una carrera contra el tiempo, contra otros, contra nosotros mismos. No logramos advertir la felicidad aquí, ahora, en el instante, en el presente que nos brinda nuestro presente. No alcanzamos a advertir que la felicidad es un estado del espíritu, que no puede alcanzarse, sino sentirse.

A veces confundimos la felicidad con la alegría, pero se puede estar tristes y ser intensamente felices. Si la felicidad es un objetivo en nuestras vidas, nos subordinamos a ser felices sólo si… sólo si tenemos ese auto que tanto nos gusta, si tenemos esa casa que tanto soñamos, si este año tenemos dobles vacaciones, si el Todopoderoso infunde la luz en la integridad de los seres humanos para que el amor, la paz, la justicia, la prosperidad reinen en el planeta… ¿Se puede ser tan necios? Si, se puede. Nosotros podemos.

-Cuando me vaya a Italia seré Feliz –dice Horacio, día tras día, desde que tenía treinta años. Ahora tiene sesenta.

-Cuando mi madre se cure de esa terrible enfermedad seré tan feliz… -dijo Adriana durante más de cinco años, hasta que su madre falleció. Después se sentía infeliz por la dolorosa muerte de su madre, y el resto de su vida se pasó culpando a Dios, hasta que la muerte vino a buscarla a ella.

-Cuando mi padre me deje salir a bailar... –dice Roxana de quince años de edad, desde que tiene trece- Ese día, sólo ese estúpido día podré ser feliz.

-Cuando termine la carrera de psicóloga, ahí sí que seré la persona más feliz en el mundo –decía Ester, que todos los días se levantaba malhumorada para ir a la facultad, sintiéndose una pobre infeliz desde los dieciocho años. Cuando se recibió con las notas más altas, se sentía desdichada porque no sabía por dónde empezar, aunque tuviese un historial impecable. Luego pudo poner su consultorio, pero maldecía por la cantidad de pacientes que llegaban a la consulta: por sus problemas, porque odiaba escuchar lo mismo una y otra y otra vez. Ester se preguntaba cada mañana, al levantarse, si había optado por la carrera correcta. Se sentía superior a toda esa manga de incurables (como solía llamarlos cuando hablaba con su secretaria). Pero no podía decirles que ella, Ester Aguirre Blanco, no iba a exorcizarlos de todos sus males, que era una simple mortal (más infeliz que ellos, aunque no quisiera reconocerlo). Hasta que un día un centenar de pacientes se quedaron sin psicóloga...

Siempre tiene que pasar algo en nuestras vidas, además de nuestras vidas, para que seamos felices. En vez de pasar algo en nuestras vidas, pasan nuestras vidas… ¿Es posible que así sea? Si, es posible que así sea. Nosotros lo hacemos posible.

La felicidad es inalcanzable. Lamento provocar la ira de algunos, el desacuerdo de otros, los insultos de muchos, y el volcán que germina en sus estómagos, sube por el pecho y comienza a estallar generándoles inmensas ganas de ahorcarme. ¿Cómo alcanzar algo donde estamos, algo que está sucediendo, algo que podría producirse en este instante si dejásemos que simplemente sucediese? Si no queremos ser felices, renunciemos a impartir culpas a todos, como si se tratase de folletos. El destino, la creación, los fantasmas, los detractores, los enemigos, nadie es culpable ni causante de nuestra infelicidad. Ninguno posee la culpa, todos somos dueños legítimos de la responsabilidad de nuestra propia felicidad, que está en nuestras manos, en nuestros corazones, en nuestros espíritus.

Que la mente no nos engañe más, haciéndonos creer que seremos felices cuando obtengamos tal o cual cosa. La felicidad es ese objetivo inalcanzable por no ser un objetivo. Aunque estemos encerrados en nuestras casas con las persianas bajas, las cortinas cerradas, las ventanas selladas, el cielo existe, el sol brilla, el viento sopla, aunque no podamos verlo, aunque no podamos sentirlo. Aunque estemos encerrados en nuestros problemas, en la mente mundana que nos controla porque no sabemos dirigirla, la felicidad está en nosotros, en nuestro espíritu, aunque nos neguemos a sentirla, a expresarla.

Como dice la canción de Facundo Cabral: “Ser feliz es mi color de identidad”. Ser felices es nuestro color de identidad. Podemos ser felices ahora mismo, sólo es cuestión de quererlo, sólo es cuestión de aceptarlo, sólo es cuestión de aceptarnos.