Los etiquetadores compulsivos

Si renunciaras a tus nombres, tus apellidos, tus apodos… seguirías siendo tú. Crees que los nombres son importantes, etiquetas todo lo que observas, lo que no puedes ver, pero eludes que tú otorgas importancia a las etiquetas, cuando no son realmente importantes.

No obstante, existe quien cree que una etiqueta le confiere importancia o le dota de valores superiores al promedio: Jorge, el escritor; Nahuel, el psicólogo; Brenda, la doctora; Estanislao, el abogado… Seres humanos, nada más ni nada menos que seres humanos, como todos, como ninguno, únicos e irrepetibles, iguales al barrendero, al basurero, al astronauta, al portero, al kiosquero, a la almacenera, al limpia vidrios, al terapeuta, a la modista...

Pero no desistimos en nuestra labor, ahí vamos nosotros, los etiquetadores compulsivos, poniendo nombre a todo, a todos, sin excepción... colocándoles nombres ficticios hasta a lo que no puede ser nombrado… Y si al vaso que reposa en mi escritorio, de pronto lo denominara de cualquier otra forma, ¿no seguiría siendo el mismo vaso? Y si dejaran de llamarme por mi nombre, ¿dejaría de ser quien soy? Y si tu novia dejara de llamarse tu novia, ¿dejarías de amarla? ¿Y a tu novio?...

Hasta a las personas que ponen etiquetas a cada momento las denominamos con un nombre (me pregunto si eso no nos hará a todos iguales, a todos la misma cosa). Yo, como etiquetador, quise denominarlos, denominarnos... «los etiquetadores compulsivos».

4 comentarios

  1. Hola Jorge.
    Entiendo el punto. Vivimos en una sociedad en la cual a través de la historia se le ha conferido un nombre a las cosas y por ende a las personas. Supongo que es una forma de designar, de poner en su lugar y/o clasificar. Sin embargo a raíz de ésto surgen las etiquetas, como bien decís, que no son más que el producto de una tendencia y hasta de estereotipos.
    No obstante me gustaría destacar que tratándose del nombre o profesión de una persona o de un grupo social, me resultaría difícil referirme a alguien si no es por su nombre. Una persona sín nombre no deja de ser, eso está claro, el "Ser" es parte de la esencia humana. Pero...¿cómo la llamaríamos? ¿existirá un modo de designar a las personas sin colocarles un nombre? ¿Qué sucede cuando uno dice "Jorge, el escritor"? ¿Habría una manera creativa de nombrarlo de otra forma, que no sean nombres pre-establecidos socialmente? Realmente cada una de éstas preguntas me hizo pensar y en cierto modo trato de responderme. Me gustaría saber qué opinas al respecto. Tal vez podamos intercambiar ideas.
    Un doctor, por ejemplo, cómo lo designaríamos?
    Yo personalmente relaciono las etiquetas como aquello que podemos llegar a inventar para definir a alguien. Ejemplo: "Hoy me encontré con Juan, el maníaco de los libros" seguramente se le puede llegar a dar ésta etiqueta a juan porque le gusta mucho los libros y es posible se compre uno por semana o más...
    Otra sería: Allá viene Jimena, la histérica.
    la cuestión de la belleza exterior. Aquel es lindo, ese otro es feo, o gordo o flaco.
    ME GUSTÓ MUCHO TU REFLEXIÓN!!!!

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    1. Es muy interesante lo que comentas, Daniela. Creo que ha sido un buen aporte a la entrada y la posibilidad de explayarme un poco más sobre el tema.

      La cuestión es la siguiente: a todo le ponemos un nombre y no está mal. Lo que sucede es que terminamos creyendo que las cosas son ese nombre que le otorgamos y que sin ese nombre no existirían. Ese es el error. Es necesario comprender que, más allá de cualquier etiqueta, fuimos, somos y seremos nosotros mismos. No importa que todo esté etiquetado sino que, aún utilizando esas etiquetas, sepamos que son tan necesarias y tan imaginarias como las líneas punteadas del mapa.

      Espero haber aclarado tus dudas con mi punto de vista. De todos modos habrá que seguir sumergiéndose en la existencia para comprender estas cuestiones...

      Un abrazo, Dani.

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  2. Me gusta que aún existan seres pensantes y creativos y en este caso tú que para ser tan joven y en esta época tan llena de exitismo y materialismo donde los ideales de un mundo mejor agonizan, reflexiones sobre el ser, nuestra esencia, donde la discriminación en todo ámbito aún sobrevive como un tumor maligno, donde sentir se vuelve casi vergonzoso, donde la hipocresía y el egoísmo son las banderas,los intereses materiales priman y las relaciones humanas se desenvuelven en un ámbito de "conveniencia", me parece valiente tu postura de darnos el tiempo de conocer a Brenda o Jorge sin importar apellidos, profesion , status social, o cantidad de medallas ganadas por x motivo... ver más allá y apreciarlo (a) en su conjunto, de todas las vivencias y personas uno puede aprender algo nuevo y extraer algo positivo, asimismo tal vez te topes con la hermosa posibilidad de extenderle la mano y ayudar a tu projimo, hay que dejar de mirarnos el ombligo, la red la tejemos TODOS, SI COMPRENDIERAMOS ESO, todos seriamos más agradecidos y más humildes...saludos desde el sur de Chile.

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    1. Gracias por tu comentario. Creo que es posible corregir nuestras fallas a través de la reflexión constante y permanente. Si logramos advertir nuestros puntos débiles, entonces nuestras debilidades se volverán nuestras mayores fortalezas, puesto que serán las que nos permitan evolucionar.

      Un abrazo.

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