Los títulos y lo que somos


En las exiguas reuniones a las que adhiero al año, puesto que no son mi pasatiempo predilecto, primero es la superficie, lo vano, lo efímero de los tópicos que se tocan. Y aunque aquellos que me conocen saben de mi buen sentido del humor, es exactamente esa parte de la historia la que me aburre. En cuanto encuentro un hueco, no desperdicio la oportunidad y abro el debate que conduzca a los presentes hacia la reflexión...

Uno de los temas recurrentes de esas charlas frecuenta el terreno de quienes somos, si somos porque tenemos, si somos lo que hacemos, si somos lo que somos, para qué estamos aquí, de dónde vinimos si es que venimos o vinimos de algún sitio, hacia dónde vamos. Casi siempre me reservo los derechos de las opiniones más controvertidas, lo que exaspera a algunos, a otros deja pensativos, a unos obnubilados y a otros somnolientos: se fastidian porque no entienden o no quieren escuchar o no comparten mi opinión.

En algunos de esos debates, el tema de los títulos sonó repetidamente. Algunos se daban importancia por estudiar tal o cual carrera, cuando nadie que sabe que es realmente importante se da importancia con algo más que sí mismo. Han llegado a decirme que sin un título uno no es nadie ni nada en la vida. Tras cavilarlo con reiteración, he llegado a la conclusión de que quizá tengan razón, pues si no somos nadie, tal vez somos alguien; si no somos nada, a lo mejor somos todo.

Yo siempre digo que alguna vez no existieron las escuelas ni universidades ni cursos ni talleres ni nadie que pueda enseñarle una carrera a otro ser humano; un día todo estuvo por descubrirse. Quienes inventaron las carreras conocidas, no las estudiaron en una universidad, pues no existían. Se guiaron por su intuición, emplearon la creatividad, se empeñaron por alcanzar sus sueños y tuvieron revelaciones esclarecedoras que difundieron en toda la humanidad y más tarde se convirtieron en carreras. Muchos creen que todo está inventado, y están en lo cierto. Desde que el mundo es mundo todo está inventado, pero siempre existe alguien a quien se le manifiesta el invento para compartirlo con los demás. Y ese poder está en todos los que creen en sí mismos.

Un título no es más que un papel que dice lo que obtuvimos por el estudio que realizamos. Un título no nos hace más ni menos. Lo que aprendemos, lo que sabemos nos hace. Pero no somos lo que aprendemos ni lo que sabemos ni lo que hacemos. No nos hace alguien lo que tenemos, sino lo que somos. Y quienes somos no tiene respuesta, porque al explicarlo reduciríamos lo que somos a unas cuantas palabras, y somos mucho más que un montón de letras agrupadas.