Aprender a escuchar

Reflexión Nº 13

En una publicación previa escribía sobre la importancia de «creer en uno mismo». En esta oportunidad he resuelto hacerlo sobre la importancia de aprender a escuchar, más allá de oír.

Escuchar, según definición del diccionario de la Real Academia Española, que casi por necesidad adecuo a mis propias necesidades de expresión, refiere a «prestar atención a lo que se oye». Sucede que en la diversidad de los heterogéneos escenarios verbales, nuestros labios sufren la incontinencia de constar sellados e imposibilitados de habla. A causa de esta deficiencia, la tendencia radica en apartarlos uno del otro, para cubrir las palabras ajenas con las propias, provocando espeluznante incomunicación, aun cuando el otro no haya concluido su exposición oral. Como resultado, los oídos de terceras personas involucradas en la conversación,  como los nuestros, oyen olas de un mar de vocablos colisionando entre sí, que la distancia, por mínima que sea, transmuta en sonidos que desembocan como algarabías: «griterío de varias personas que hablan a un tiempo». Es en ese preciso instante cuando se escinde la comunicación; orientamos el foco en nosotros mismos, y no obtenemos escuchar a nadie más (porque no queremos escuchar a nadie más).

Convivimos tantas horas con nuestra propia persona, que cuando aparecen otras, nos cuesta situarle atención a alguien más. Y en la generalidad de las sucesiones, si lo hacemos, es por un interés estrictamente personal. Por lo mismo, creo, también debiera importarnos qué tienen para enunciarnos los demás seres humanos. Eso no amerita apartarnos de nuestro punto de vista, pero nos brinda una perspectiva cuantiosamente más amplia de cualquier asunto de la vida. Escuchar al otro en una conversación nos enriquece espiritualmente, así como también al ajeno que, de repente, puede transformarse en parte de nosotros mismos (lo que verdaderamente es, un espejo).

Saber escuchar mejora el diálogo, así como saber callar cuando es necesario posibilita que el otro se exprese, y suele evitar incoherencias eludibles. El problema principal del deterioro de la comunicación es que proliferan emisores y escasean receptores. Por eso, creer en uno mismo es importante, mas escuchar el punto de vista ajeno, también lo es.