Creer en uno mismo

Reflexión Nº 5

Para creer en uno mismo, uno debe saber quién es. No obstante, existe una importante diferencia entre creer en uno mismo y ser creído, pues nada tiene que ver una cosa con la otra. Mientras que el ser creído sobrestima sus dotes, tiene escasa autoestima, cree que vale más por lo que dice que por lo que realmente es, y suele menospreciar a los demás, quien cree en si mismo sabe quién es, sabe que vale, conoce sus limitaciones, pues ha descubierto el infinito poder que el universo le ha conferido para trascenderlas, y ha aprendido a escuchar la opinión ajena sin que ésta modifique la visión que tiene de sí mismo, ni mucho menos la cambie.

Sin embargo, no es preciso intentar explicar quiénes somos, ni reducirlo a unas cuantas palabras que jamás estarán a la altura de lo que verdaderamente somos en esencia. Cuando creemos en nosotros mismos, aunque sea inconscientemente, sabemos quiénes somos, sabemos que el poder creador está dentro nuestro y somos conscientes de nuestras capacidades, pues no sólo nos creemos capaces, sino que nos sabemos capaces.

Pero en ciertos momentos, por circunstancias innumerables, nos importa en demasía aquello que cavilen las personas de nosotros. Incluso, lo que expresen del individuo que somos, puede modificar de forma radical nuestra estabilidad emocional, pues estribamos de una opinión ajena para accionar en cuestiones meramente personales. Conferimos a terceros privilegios inauditos, por el hecho de amainar en nuestra autoestima: aquello que actúa cual el sostén que el jardinero entierra junto al tallo de la planta, para que ésta prospere en el camino adecuado, y las enérgicas corrientes no la doblen ni la quiebren.

He aquí la importancia de creer en uno mismo, más allá de lo que crean los demás seres humanos de nosotros. Es del único modo que conseguiremos vivir a la altura de nuestro espíritu, sin daños o perjuicios externos, que después de todo no son más que meros inventos de la mente (aunque nuestra mente no quiera admitirlo).

Creer en uno mismo es la primera clave del bienestar; de lo contrario, de forma invariable, nuestra felicidad siempre obedecerá a cuestiones externas de lo que exprese nuestro ser más profundo. Por la perennidad estaremos otorgando a seres críticos el derecho a decidir por nuestra felicidad, por no creer en nuestras fuerzas internas.

Y ante todo debemos saber que todo aquello que soñamos es posible de alcanzar, siempre que creamos en nosotros mismos.