Dar el primer paso


Reflexión Nº 20

Luego de superar el miedo a la exposición, llegó el instante crucial de dar el primer paso como escritor. Ese paso inicial que no cuesta porque sí,  sino, en parte, por la sobrecarga de emociones, de pensamientos entrecruzados que exhiben incógnitas de las que sólo se emerge indemne con una profunda fe en uno mismo y en su anhelo; con un hondo sentido que nos brinde la certeza de estar en la senda correcta. Porque cuando uno tiene un sueño, el mundo puede expresar lo que se le dé la redoblada gana, que uno seguirá su instinto y su intuición hasta las últimas consecuencias.

Previo a dar el primer paso, me atormentaba con lo mucho que restaba para alcanzar algo que, en mi reducida visión del momento, pudiera llamarse digno de ser; es decir: un cierto número de lectores, una cierta cantidad de seguidores, suscriptores, comentarios y personas pendientes de mi trabajo (narcisismo de escritor). Pero luego de mucho cavilarlo, aunque parezca inverosímil haber discurrido sobre el tema (aunque nunca improbable), anclé en la conclusión de que, alguna vez, todos los que habían llegado a tener aquello que pretendía obtener como por arte de hechicería, habían carecido de todo, al igual que carecía. «Todos, alguna vez, tuvieron que dar el primer paso», pensé.

Dar el primer paso requiere de impulso, pero un impulso promovido por un motivo; no por la antípoda. Si no existe un motivo contundente, no hallamos la fuerza de voluntad para dar el necesario primer paso que nos permita ascender al inicial escalón de una escalera infinita.

El primer paso se debe dar con firmeza; requiere de seguridad, de arrojo; se debe dar convencido de que el horizonte nos depara un porvenir positivo, que construiremos con el presente del presente.

Una vez que emprendí mi blog (mi primer paso), comenzando a publicar mis escritos, me curé del mal. Los seguidores, los comentarios o las visitas, eran importantes para mí (lo siguen siendo), pero no eran lo más importante y trascendental. Lo más significativo era disfrutar de escribir, de publicar, de compartir. Y comprendí que si trabajaba, si me esforzaba, si mantenía el estilo, la coherencia, todo lo demás vendría por añadidura.

Antes de dar el primer paso me planteé si era mejor algo de todo, o todo de nada. Y no tuve que superar grandes dificultades antes de dar con la respuesta indicada.