«¿Cuál es el primer deber
del hombre?
La respuesta es
muy breve:
ser uno mismo».

Henrik Johan Ibsen

Escribir es un trabajo

Reflexión Nº 4

¿A qué te dedicas?
Me dedico a escribir.
Mira qué bueno… ¿Y de qué trabajas? traducción: ¿en serio, gordo, escribir es un trabajo?
De escritor.
Sí, pero… ¿de qué trabajas? traducción: nada, tipo como que no habrá entendido bien la pregunta anterior...  Por las dudas le repito de nuevo, nada, viste.
Trabajo de escritor, ¿acaso escribir no es un trabajo? –traducción: ¿vos sos inútil, te sale natural, fuiste a aprender o con esto pretendes postularte al Premio a la Tarada del Año?
¿Escribís nada más? traducción: ¿no haces nada de tu vida? ¡Qué horror, gordi! Tipo como que no da, viste.
Sí, escribo nada más para no mandarla a la p… punta de la montaña a ver si el frio le refresca un poco las neuronas.  
¿Y de qué vivís? traducción: ¡Oh my god!
Del aire que respiro —cuando en realidad querías decirle que se fuera bien a la re purísima madre que la re parió. 
Ah traducción: no sé que más decir gordi, esto me supera, sorry.
Silencio.

Ésta bien podría ser la conversación de cualquier escritor principiante con una persona conocida que no veía hacía mucho tiempo, con una persona recién conocida, o con la amiga de la amiga de un amigo, que es amiga de un primo, que también es amigo de la amiga de la amiga de ese amigo. Da igual, cualquiera, el que sea.

Te quedas indignado. Fingiste que las palabras resbalaban en tu mente como se desliza un niño por un tobogán, e iban a parar al olvido, allá muy lejos donde nada las iba a ir a buscar. No es cierto. Te has quedado pensando en ese espejo de tu vida. Ese espejo que insinuaba que eras un pobre escritor, un inútil inservible para nada y para la sociedad. Ese espejo que habrá leído un libro por última vez en la secundaria, o los grandes libros que dan en las universidades, escritos por verdaderos profesionales, por gente idónea, que no se dedica al arte sino a algo… serio.

A veces pasas horas frente al ordenador tratando de terminar una historia, una poesía truncada, una reflexión, un cuento o cualquier otra cosa de esas porquerías que escribes. A veces pasas días, semanas, meses enteros. Sales poco, porque cuando no escribes lees, y cuando no lees haces un poco de ejercicio para mantenerte en forma, porque lo que más ejercitas cuando escribes son los dedos y la mente, pero no es suficiente. Sabes hacer mucho más que escribir, pero escribir es lo que llena tu alma. Sin embargo alguien acaba de decir subliminalmente, hace apenas unas horas (después de unas horas todavía piensas en ello, después de unos días…) que no haces nada de tu vida. ¡Qué indignación! Irías a buscarla para contarle todo el tiempo que te lleva escribir, para contarle todo lo que sabes hacer, pero… no lo harías (porque apenas recuerdas su nombre, claro). Eres sincero contigo mismo, sabes que no lo harías por la sencilla razón de que esa persona no te importa… tanto. Pero un poco te importa, aunque simularás el resto de tu vida que esa conversación ha resbalado al baúl de los recuerdos indeseados. Y lo peor de todo es que lo aparentarás ante ti, para creerlo tú mismo.

Terminas diciéndote que esa persona no sabe nada de tu vida, no sabe nada sobre pasar cientos o miles de horas escribiendo como un loco inconformista, en busca de la perfección, que aun no obtiene el texto deseado. Ese texto que siempre desearás escribir y siempre tomará el rumbo que se le dé la redoblada gana.

Te acuerdas que no le has preguntado de qué trabajaba ella. Te lamentas un instante, hasta que ves el poder que existe en ello, lo magnífico de no haberle preguntado. No sabes de qué trabajaba, entonces puedes suponerlo (qué mejor que no saberlo y conjeturar lo que se te venga a la mente sin el límite del conocimiento adquirido).

Tu conclusión: otro manso ente de la masa sumisa que hace todo lo que dicen que hagamos, lo que está bien, lo correcto (escribir no es correcto, los escritores son todos alcohólicos, ¡pero si yo soy escritor y yo no tomo!). Otra oveja guiada dócilmente por el gran pastor de la sociedad (robots, todos robots). Otro u otra más, uno o una más que no entiende nada…