La muerte no es la muerte

Reflexión Nº 14

Nacemos con una certeza, una única certeza: un día cualquiera, a cualquier hora, en cualquier sitio, ineluctablemente, moriremos. Pero, ¿moriremos?

¡Qué ironía!: «morirás» -indica la vida- como su única certeza. «Morirás, tarde o temprano morirás, como todos; como ninguno». Pero ¿morir será realmente morir? ¿No será eso que denominamos «muerte» el comienzo de una nueva vida?

La muerte es nuestro espejo: cada vez que nos miramos en ella, nos entrega un retrato irreparable e imborrable, sin posibilidad de retoques, de nuestro destino; nos muestra lo que no somos capaces de cambiar, por mucho que nos esmeremos, por mucho que la ciencia avance; porque aunque no queramos, aunque le temamos, aunque reneguemos y busquemos una u otra forma de trampearla, la muerte no acepta treguas: encuentra a quien sea donde quiera que se encuentre.

Aquí viene el fragmento interesante: sabemos que vamos a morir, pero no es esa sabiduría inmemorial, sino  nuestra visión sobre la misma la que puede modificar esencialmente nuestras vidas. Parece mordaz, que incluso en vida, la muerte tenga el poder de transformar nuestra existencia, pero si intuimos que la muerte no es la muerte, sino el comienzo de una nueva vida, comprenderemos.

Ser conscientes de la muerte es saber que, aunque logremos la inmortalidad, nuestro paso por la Tierra es efímero; es saber que en mucho o poco tiempo todo acabará como lo conocemos, y el sistema solar se trasladará hacia el choque con la galaxia de Andrómeda sin nuestra presencia.

Pero es precisamente la muerte la que le da valor a nuestra vida, como los polos de una misma cosa se otorgan mutuo sentido. Cuando recuerdas que morirás, que tarde o temprano te irás a otra parte o, según otras variables, a ningún espacio, a ninguna parte, la vida toma un enigmático sentido. De pronto sientes que el próximo puede ser el último instante de tu vida; que puede ser esa bocanada de aire lo que juzguen tu último respiro. Entonces empiezas a valorar la vida. Y vislumbras que la muerte no es la muerte, sino un recordatorio de la vida que señala: «un día cualquiera, a cualquier hora, en cualquier sitio, invariablemente, morirás». Y en un instante revelador comprendes que debes vivir la vida, porque nunca sabes cuándo caerá el telón del escenario, de tu última función.