La Navidad, un negocio rentable


Reflexión Nº 23

Desde que Jesús fue crucificado, se ha convertido en un negocio sin parangón. No bastó con que enfrentara a los mercaderes del templo. Apenas los comerciantes se percataron de que la imagen de Jesucristo podía ser un negocio sumamente rentable, olvidaron antiguos rencores, hicieron caso omiso de que se había manifestado en completo desacuerdo con las prácticas avaras del capitalismo imperante, tergiversaron la historia e hicieron de su mensaje de grandeza un elemento secundario, en pos de conquistar gruesos billetes.

Jesús, pronto se transformó en el estandarte de un importante número de iglesias, que también han hecho sus grandes negocios a través de la historia, con el retrato de la bondad, manipulándonos a través de culpas inexistentes, alegando que son causa de los grandes, los grandísimos pecados que cometemos.

Por otra parte, en nombre de Jesucristo, psicópatas fanáticos con odios acérrimos y ambiciones desmedidas de poder, acometieron venganzas, exterminios masivos, genocidios, atrocidades inexplicables… siempre persiguiendo mezquinos fines económicos, entre otros. Tantos son los negocios que se han abierto con la imagen de Jesús, que aburriría mencionarlos todos; pero aun me resta aludir a uno en especial, uno de los más rentables: la Navidad.

Se dice que la Navidad es la celebración del nacimiento de Jesús, pero lo cierto es que la conmemoración de la fecha se ha convertido nada más que en una excusa para promover los intereses de la sociedad de consumo.

Hemos convertido la Navidad en una de las hipocresías más grandes que jamás se inventaron. Si deseáramos festejar estas fechas por el mero placer de celebrar, me parecería estupendo, pero lamentablemente no es así. En nombre de Jesús nos empapamos en un festejo absurdo, donde los regalos, la comida y la bebida para reventar, son los principales protagonistas; donde muchos se reúnen tras un año de haberse ignorado por completo; donde muchos acaban hospitalizados por causa del mal uso de la pirotecnia (aunque creo que el uso de la pirotecnia siempre es un mal uso en sí mismo), de la balas perdidas, de los comas alcohólicos o aun peor, los accidentes de tránsito provocados por el consumo de alcohol, por parte de los automovilistas que aun no conciben que aquel que toma bebidas alcohólicas no debe conducir al volante. Y, a veces, estas celebraciones, por no decir siempre, acaban en desgracia para más de alguno.

¿A esto le llamamos festejar? En efecto, a esto le llamamos festejar; a esto le llamamos Navidad, pero no es más que un negocio rentable…