La nueva revolución

Reflexión Nº 12

El desorden surgió para ser ordenado, pero el orden también emergió para ser desordenado. Aunque nadie sabe realmente lo que es el orden o el desorden, pues lo que para mí puede estar ordenado, para otro puede ser un caos inadmisible.  

Cuando un orden establecido es desordenado desde todas sus perspectivas, el hombre lo denomina revolución. Todavía recuerdo las palabras de mi profesor de Ciencias Sociales cuando expresó que una revolución era un cambio profundo a todo nivel: social, religioso, político, económico, etc. pues sino no era una revolución. 

Al pensar en revolución, solemos asociarla con un cambio violento, repentino, como si se tratase de una guerra sangrienta. Ya el mundo ha sufrido muchas revoluciones por el estilo, no es novedad. Pero la nueva revolución nada tiene que ver con las anteriores, muchas de las cuales han sido un falaz engaño de la mente, para hacernos creer que si matamos al otro, si nos quedamos con sus pertenencias, seremos más grandes, más poderosos, más ricos. Pues no, seremos la pequeñez reencarnada, seremos pobres, rastreros. 

La nueva revolución es integralmente disímil a la violencia, pues de lo contrario, no sería revolución; sería más de lo mismo, más de la inercia, de la tendencia humana por abandonarse a sus instintos degradantes, en vez de conectar con su grandeza. Y no hablo de moral, hablo de conciencia, de lo que el hombre siente que es correcto porque lo dicta la voz del universo.

¿Cómo podemos denominar revolución a un exterminio, a la matanza de nuestros semejantes? ¿En verdad creemos que ese comportamiento es realmente revolucionario? ¿No será que la verdadera revolución es dominar nuestra agresión interna, inherente a ser humanos, controlar nuestra violencia, erradicar la discriminación, la xenofobia, el odio, los prejuicios, las culpas, el instinto asesino, el afán de poseer personas, los desechos que arrastramos por generaciones?

Los preludios de la nueva revolución nos presentan la oportunidad de una honda transformación de la conciencia, una visión amplificada, una unidad planetaria donde tenemos el poder de ver al otro como a nosotros mismos, como una extensión de nuestro ser en otro cuerpo. Pero esto no es posible sin un aparente desorden previo, sin un caos inexplicable, donde todo está en movimiento, donde el mundo conocido se transforma vertiginosamente. 

La nueva revolución nos propone un nuevo paradigma tan conocido como ignorado: ser humanos más allá de ser seres humanos.