Sernos sinceros


Reflexión Nº 28

Mucho hablamos de la sinceridad, pero poco decimos sobre la misma. Y cuando decimos algo, casi en la totalidad de las ocasiones, se refiere a ser sinceros con los demás. 

Pero la sinceridad no se reduce a segundas o terceras personas solamente, sino que también abarca primeras personas. En simples palabras, para estar en paz con nuestra conciencia, no sólo debemos ser sinceros con los demás, sino también con nosotros.

Con las dificultades que acarrea, nos es mucho más sencillo detectar la mentira ajena que la propia. Y en ocasiones, compramos con plena conciencia dichas mentiras, para sentirnos aliviados, aunque la mentira sea como la aspirina, que alivia, enmascarando el dolor, pero no lo cura.

Para mantener una buena relación con nosotros mismos, que somos el único ser que nos acompañará el resto de nuestra existencia, debemos empezar por sernos sinceros. De lo contrario, comenzarán los malestares, las contiendas internas que nos conducirán por un camino empinado, complicado de transitar, donde podemos tropezar reiteradas veces, hasta que la cuesta arriba se haga insoportable.   

Sernos sinceros requiere de asumir responsabilidades, de hacernos cargo de lo que decimos, de lo que hacemos, de lo que somos. Sernos sinceros, quizá sea el paso elemental hacia la madurez.