El quinto elemento

El otoño se ha marchado en su eterna agonía. Comienza un nuevo día, que nos recibe con el característico frio invernal de la estación que transitamos, y de pronto alzo la mirada al cielo y observo con detenimiento los matices grises de las nubes, a punto de romper en llanto para bañar una vez más nuestra querida ciudad de Buenos Aires: quizá la tristeza melancólica que producen sus colores en las retinas abra nuevos espacios de meditación y apertura de conciencia. Lo cierto es que ver la mismísima poesía pintada en los cielos por La Mano Infinita enciende en mí la chispa de la inspiración, y emprendo una vez más la aventura de escribir algo que valga la pena. Al instante afloran incontables pensamientos, sentimientos, ideas y un recuerdo tácito del hallazgo del quinto elemento. Ya encendido el motor de la mente, en sintonía con el corazón, comienzo a escribir:

Hace tiempo estaba aburrido, y por señales de la vida me encontré con una explicación detallada sobre el aire, la tierra, el agua y el fuego. Fue en ese momento cuando saqué la conclusión de que había algo en el universo de la misma naturaleza que los cuatro elementos, y que no podíamos vivir sin él. La explicación detallaba que, si a cualquiera de los cuatro elementos lo dividiéramos en un número infinito de partículas, cada una de ellas conservaría en esencia los mismos componentes. El ejemplo más práctico para comprenderlo es pensar en el agua que, aunque la dividamos en cuántas gotas queramos, cada molécula, aun por separado, continuará siendo sólo agua.

Pasaron los meses, y una mañana me encontré con mi padre en la cocina haciéndome una de sus características preguntas:

-¿Sabes cuál es el quinto elemento?

Después de un breve silencio, que fructifiqué tratando de dar en la respuesta acertada, recordé que hacía tiempo me había hecho esa misma pregunta, y respondí con total convicción:

-El amor, el amor es el quinto elemento. Si éste pudiera fraccionarse, al igual que los otros cuatro elementos de la naturaleza seguiría siendo sólo eso: amor.

Continuamos con nuestro intercambio de opiniones y, una vez acabada la breve conversación, caminé hacia mi habitación cavilando la idea, hasta arribar en la conclusión de que al igual que la tierra, el aire, el agua y el fuego, el amor es imprescindible para que permanezca viva la llama de la humanidad en el planeta. Pues el amor es una concentración de los cuatro elementos de la naturaleza, que con su tierra nos da frutos, con su aire nos eleva, con su agua nos sacia, con su fuego nos da abrigo, y existiendo nos da vida.

Liberarán los libros de la Aduana

Así lo informó el diario Clarín en una nota publicada el día veintisiete de octubre. Aunque se especulaba con la probabilidad de que los volúmenes retenidos continuaran varados en la Aduana argentina por un período de tiempo indeterminado, según informó el artículo periodístico "todos están listos para firmar acuerdos y confían en que sacarán los libros bloqueados en la Aduana". No obstante "dicen los editores, desde el martes circularán los libros. Lo que también dicen, pero dicen menos, [...] es que esperan un encarecimiento significativo de los libros de texto".

A raíz de este problema, la semana pasada me puse en contacto con el Sitio Opcionales La Nación. En el correo electrónico preguntaba si saldrían a la venta los números faltantes de la colección “Borges Obras Completas”. Bianchi Maria Cecilia (Fascículos y Opcionales) me contestó: “Esas ediciones todavía no circularon. Por problemas operativos tuvimos que adelantar la edición N°20 pero las próximas semanas circularán las restantes.” Publico el contenido expreso del mensaje enviado por la editora para proporcionar serenidad a aquellos que compraron la colección desde sus inicios: tarde o temprano tendremos los libros.

A su vez, quienes están adquiriendo la colección de la biblioteca Julio Cortázar (Alfaguara), que nada tiene que ver con los opcionales de La Nación, saben que también hubo problemas con tres o cuatro ejemplares del cronograma de las entregas, que nunca salieron a la venta; los cuales, se supone, continúan retenidos en la Aduana, tras el inconveniente de las importaciones de libros. Pero un comentarista del blog, en una de las entradas referidas al tema en cuestión, me acercó un dato curioso, al cual haré referencia para renovar las esperanzas de que, si efectivamente el día martes liberan los cargamentos bloqueados en la Aduana de nuestro país, tendremos en nuestras bibliotecas aquellos libros que no pudieron salir. Resulta que en el sub código de la calcomanía adherida al film que envuelve el tercer ejemplar lanzado figura el número 10003; sin embargo, en la contratapa del libro aparece la numeración 10007, lo que indica que corresponde a la séptima entrega de la colección, y hace suponer que los faltantes saldrán a la venta en cualquier momento.

Mientras tanto, cruzaremos los dedos para que los ejemplares de la biblioteca Julio Cortázar no aumenten el precio convenido hasta entonces ($39.90), pues de lo contrario, para muchos será imposible comprarlos.
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Qué es un aforismo

Para quienes aun no conocen el significado de la palabra, según la propia definición de la prestigiosa Real Academia Española, un aforismo es una “sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte”. A su vez, La enciclopedia libre, Wikipedia, nos dice que un “aforismo es una declaración u oración concisa, que pretende expresar un principio de una manera concisa, coherente y en apariencia cerrada.”

La etimología de la palabra deviene del término utilizado por primera vez por el médico Hipócrates de Cos (más conocido como Hipócrates), nacido en la Antigua Grecia cuatrocientos sesenta años antes de Cristo, a quien muchos consideran o mencionan (todavía en la actualidad) como el “padre de la medicina” occidental. Es quien, a su vez, habría redactado el reconocido “Juramento Hipocrático” que prometen los médicos hasta estos días antes de poder ejercer su profesión, casi siempre adaptado a los conceptos éticos de cada una de las distintas sociedades de una época. Pero aunque el término “aforismo” haya sido citado por vez inicial por el médico griego, algunos se refieren al aforismo como el modo de arte literario existente más pretérito.

El aforismo está considerado un tipo de paremia al igual que el axioma. Pero no debemos entremezclar o confundir ambos términos: mientras el aforismo es el resultado de la experiencia humana, que puede o no coincidir con la verdad, o ser una media verdad o verdad y media, el axioma está considerado una premisa evidente, una verdad innegable.

Aunque las divergencias del léxico imposibiliten una clara e inamovible definición para las distintas palabras, el adagio, el apotegma, la máxima, el proverbio, el refrán o la sentencia podrían catalogarse como subgéneros del género aforístico.

Si bien el aforismo ha sido cultivado sin interrupción desde la antigüedad hasta los tiempos que corren, uno de los datos más curiosos que podemos mencionar es que, debido a la creciente popularidad de las redes sociales que restringen la extensión de los textos enviados en sus espacios para comentarios, el aforismo está experimentando en el presente una renovada notoriedad.

El aforista (término que hace referencia al escritor de aforismos, aun no oficializado por las Academias) requiere de un poder de síntesis abrumador; de una claridad digna de un estado de iluminación. Si tuviera que explicar qué es un aforismo, diría que es como un cuento en el cual se difuminan la introducción, el nudo, el desenlace, de modo casi imperceptible, donde los tres momentos son parte de un mismo instante. El aforismo es la pregunta, la respuesta, contenidas en una única sentencia; es el planteamiento de la solución expuesta expresamente por el problema; es una historia igual de infinita que de breve, con final abierto, que sin embargo goza de un remate contundente que deleita; es la dicción que emprende amistad con la contradicción; es la sed saciada con agua salina o el hambre engañado por una migaja de pan. El aforismo es una puerta que se abre para cerrarse y permitirnos ver por su mirilla. Aforismo, más que un término, es un inicio.

Supuestas fallas en la edición de "Final del juego"


Hubo quienes comentaron sobre fallas en la edición del libro “Final del juego” de la biblioteca Julio Cortázar, lanzado el sábado 22 de octubre (2011). Al respecto puedo decir que el título que poseo de la tercer entrega de la colección, se encuentra en perfectas condiciones editoriales; incluso creo que la calidad del papel empleado en las hojas es superior al que fue utilizado en "Bestiario" y "Rayuela" (primeras dos entregas de la colección). Si bien he leído que algunos hacen referencia a la dudosa adherencia de la laca sectorizada en la tapa de la cubierta del libro, el detalle puede haber sido adrede.

Además, debiéramos tener en cuenta que, muchas veces, los malos tratos de los libros no provienen de las editoriales, sino como resultado de la pésima manipulación de los ejemplares, en los pasamanos que tienen hasta arribar a sus focos de venta. Por supuesto, no quiere decir que éste sea el caso.

Cuando compré “Bestiario”, un lunes por la tarde, el libro se hallaba herméticamente cerrado, pero el plástico que lo ceñía se apreciaba embarrado, a causa de la tormenta que se había precipitado tan sólo dos días atrás. Como las salpicaduras de barro no permitían ver la tapa ni la contratapa en todo su esplendor, no me percaté de que la cubierta poseía una hendidura, producto del descuido. Y sin ahondar en pormenores, el señor kiosquero (si es que se puede llamar señor) me cobró cinco pesos demás, tras manifestar que la adquisición del libro requería del cupón correspondiente al diario La Nación del día sábado, cuando el volumen era una edición independiente de cualquier periódico. Por eso sostengo que, a menudo, las falencias de los ejemplares son inducidas por los kiosqueros. Debemos prestar atención al kiosco en el que compramos las ediciones, pues con frecuencia, de ello dependerá la calidad del trato de nuestros libros.

De ser posible, una excelente opción para resguardar los libros de la colección que compraremos y evitar que continúen siendo manoseados, es dejarlos reservados a un kiosquero de confianza, en caso de no poder retirarlos el día exacto de su salida.
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Dándome de alta en directorios

En los últimos días estuve dándome de alta en distintos directorios de blogs. Si bien algunos bloggers sostienen que el proceso de darse de alta en directorios o buscadores no sirve de mucho, otros sustentan exactamente lo opuesto. En lo personal, me hallo entre quienes sospechan que dar de alta un blog en la superior cantidad de directorios viables aumenta la visibilidad del sitio, como incrementa la atención que le prestan los buscadores. Es por ello que, a través de las semanas, iré dándome de alta en todos los directorios que encuentre, para regar esta semilla que hace escasas semanas enterré, y anhela ver la luz de muchos ojos lectores.

Si bien he leído algunos artículos en relación al tema que me concierne, los administradores que los redactan disienten unos de otros, se contradicen, o no logran ponerse de acuerdo. Mi experiencia en administración de páginas de Internet me indica que para generar visitas y/o comentarios en un blog (a no ser que uno sea una celebridad), lo más relevante que puede alguien hacer es conectarse; contactarse con los posibles lectores. Leer, comentar, participar en los artículos que otros usuarios escriben, genera un importante lazo que perdura a través del tiempo. Pues, si las visitas no vienen a uno, uno va a las visitas. Y las visitas vienen. Y las visitas se reproducen.

Darme de alta en directorios es sólo un pequeño paso en este sendero de inagotables sucesos. Después de todo, mi sueño es editar un libro; es por mi sueño que he creado mi blog personal y me esfuerzo por mantenerlo, porque creo en la concreción de mis sueños. No sé cómo ni cuándo, pero en alguna línea temporal puedo ver mi libro concluido, editado, en manos de mis lectores. Y esta historia recién comienza…  

Salió el tercer libro de la biblioteca Julio Cortázar


Como comenté en la entrada anterior, el sábado 23 de octubre (ayer), alrededor de las nueve horas de la mañana fui en busca del tercer libro de la biblioteca Julio Cortázar. La ingrata noticia es que torné sin novedad a actualizar el blog, tras que varios kiosqueros expusieran no haberlo recibido; la grata, que gracias a mi publicación, un lector, un poco disgustado, expresó que había leído en un foro que había salido el tercer ejemplar, pero que los títulos pendientes habían sido salteados. Horas más tarde, después de una espera inacabable, en uno de los kioscos más grandes de Liniers, adquirí “Final del juego”, tercer libro lanzado de la colección.

Uno de los detalles a tener en cuenta en la penúltima hoja de la edición, es que el ejemplar lanzado en el día de la fecha, fue editado en Ramos Mejía, Buenos Aires, Argentina, en el mes de octubre; mientras que los otros se editaron en Colonia Suiza, Uruguay, en el mes de julio. Quizá por este motivo el tercer libro de la biblioteca Julio Cortázar disimule algunas discrepancias, casi imperceptibles, con los dos primeros lanzamientos. Es factible que los ejemplares que iban a salir a la venta en semanas preliminares, como “Las armas secretas”, “Historias de cronopios y de famas”, “Todos los fuegos el fuego” y “Salvo el crepúsculo”, continúen retenidos en la Aduana, o que por algún inconveniente de distribución, que los usuarios desconocemos, el cronograma de salida haya sido ligeramente modificado. Es probable que esos cuatro ejemplares de la colección hayan sido editados en Uruguay, a priori del inconveniente de las importaciones de libros, y que la empresa a cargo de las ediciones decidiera imprimir en Buenos Aires e ir lanzando los libros que prosiguen, a partir de los acuerdos con el gobierno perpetrados la semana pasada, como lo comentaba en otra publicación.

Lo asombroso de la historia es que, luego de tantos accidentes, pusieron a la venta los únicos tres libros que poseía de Julio Cortázar, desde antes que existiese esta colección: “Bestiario”, “Rayuela” y “Final del Juego”. Exactamente en el sentido inverso al que llegaron a mi vida. Y volví a comprar los tres libros para “no cortar la colección”. Pero a pesar de los inconvenientes, todos esperamos que los bretes acaben de una buena vez, para que los consumidores y/o lectores obtengamos la biblioteca Julio Cortázar completa, sin ningún faltante (puesto que lo contrario sería una falta de respeto inadmisible), y que la progresiva inflación que continúa su escala ascendente en la República Argentina, no modifique el precio de los ejemplares venideros, ahora que abordaron las ediciones en nuestro país.
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Sin novedades de la biblioteca Julio Cortázar


En una entrada previa, publicada el 20 de octubre, comentaba sobre la biblioteca Julio Cortázar (Alfaguara) que fue lanzada a principios de septiembre de dos mil once.

Esta mañana fui en busca del tercer ejemplar de la colección, que está pendiente de salida desde el inconveniente de las retenciones de libros en la Aduana. El conflicto lleva más de un mes, pero según informó el diario de economía de Clarín, el trece de octubre del presente, ya “hubo acuerdo para destrabar las importaciones de libros”. No obstante, al día de la fecha (sábado 22 de octubre), quienes compramos los dos primeros libros de la colección, Bestiario y Rayuela, seguimos sin novedades de la biblioteca Julio Cortázar.

Como dato anexo, he leído los últimos comentarios realizados en la entrada de un foro que aparece en el primer puesto de los resultados de búsquedas de Google, respecto al tema en cuestión, y por lo que he logrado discernir, ningún diariero ha recibido el tercer ejemplar de ésta colección que continua extraviada en la oscuridad de su embalaje.

Mientras tanto, los lectores ansiamos que de una vez por todas las sombrías cajas den a luz a los libros de Cortázar, para que su literatura, conducida por nuestra lectura, continúe iluminándonos.
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Penúltima entrega de Borges Obras Completas


Hoy saldrá a la venta la penúltima entrega de las Obras Completas de Jorge Luis Borges, opcional con el diario La Nación, como figura en el sitio web de Opcionales La Nación.

Se inició con un lanzamiento de dos libros tapa dura al precio de uno, allá por mediados del mes de junio de dos mil once. Desde que tuve noticias del comercial supe que esa colección sería mía. Había podido adquirir algunos libros de Borges como El libro de arena, Historia universal de la infamia, El Aleph o Ficciones, pero esta colección de excelente calidad, con sus obras completas, no tenía ni tiene parangón.

A principios de Junio pregunté en una librería por el precio de las Obras Completas de Jorge Luis Borges. Las pretendía desde que había leído Ficciones, adquirido por mera curiosidad en una de las sucursales de la librería Cúspide, tras que el psicólogo al que asistía en aquel año me lo prestara, sin que nunca terminara de leerlo, por tildar el libro de “aburrido”. Lo cierto es que todavía no estaba preparado para entenderlo. Me costaba mantenerme concentrado en la lectura de su literatura por más de unos cuantos minutos. Pero para un escritor, guste o no, la de Jorge Luis Borges es casi una lectura imprescindible.

Fue tal mi decepción cuando me indicaron el precio de las Obras Completas en la misma librería en la que un día consiguiera Ficciones, que pensé que no podría comprarlas en cuantiosísimo tiempo. Pero como dice Paulo Coelho en El Alquimista, “cuando quieres algo, todo el universo conspira para que realices tu deseo.” Y la conspiración universal quiso que la Obra llegara a mis manos, de una forma u otra, porque “uno propone y Dios dispone”. 

Biblioteca Julio Cortázar (Alfaguara)


A principios del mes de septiembre (2011) aparece en la televisión una publicidad sobre el lanzamiento de la biblioteca Julio Cortázar que, según expone, salió a la venta en los kioscos de diarios y revistas de Argentina. La información brindada por el comercial es escueta e insuficiente, lo que mantiene a sus posibles compradores en la incertidumbre sobre los días que se entregarán las ediciones. Todos se preguntan si tendrá una frecuencia semanal, quincenal o mensual.

Una persona allegada me comenta sobre el spot publicitario. Sabe que podría interesarme, puesto que desde el mes de Junio, a razón del veinticinco aniversario del fallecimiento de Jorge Luis Borges, La Nación lanzó una colección en formato tapa dura de gran calidad, con sus obras completas editadas por editorial Sudamericana, y desde entonces, cada viernes adquiero un nuevo tomo hasta que llegue al último de los veinte que comprenden la colección completa.

El año pasado me regalaron Rayuela y Final del juego de Julio Cortázar. El viernes ocho de abril compré Bestiario del mismo autor (lo recuerdo con exactitud porque ese día busqué El Profeta de Khalil Gibrán, para regalarle a un amigo, por motivo de su cumpleaños). Intuí que pronto saldría a la venta alguna colección de Cortázar, similar a la de Borges. Pero no me importó. ¿Quién sabía cuánto tiempo tendría que esperar?

El primer libro lo consigo un lunes, a dos días de su salida, en un kiosco cercano. El kiosquero alega que el libro viene con el cupón del diario La Nación del día sábado que, por supuesto, sabe que no compré. Si quiero el libro tendré que pagar por un diario que no llevaré. Como la oferta lanzamiento es de tan solo diecinueve pesos con noventa centavos, y el diario cuesta alrededor de cinco pesos, no me preocupo demasiado. Después de todo, el mismo libro, en la librería cuesta el doble del precio, sin ser una elegante edición en tapa dura como se puede apreciar en esta edición de lujo.

Pasan dos semanas. Finalmente se sabe que las primeras entregas serán quincenales. Sale a la venta Rayuela, segundo libro de la biblioteca Julio Cortázar, al doble del precio de la oferta lanzamiento. Ya forma parte de mi biblioteca, pero de todos modos lo compro, pues no quiero cortar la colección. La semana pasada encontré un foro donde explicaban todos los detalles de la biblioteca Julio Cortázar. Parece que estaban en lo cierto.

Quince días después no sale ningún libro. Tres semanas después, tampoco. Pasan cuatro semanas, nadie sabe nada. Pregunto en kioscos de diferentes zonas y, tras mirarme como si estuviese loco, todos responden lo mismo, semana tras semana: "no salió nada, las entregas están demoradas".

Pasó tanto tiempo que quiero saber por qué las entregas están demoradas. Me siento estafado e idiota por haber comprado dos libros de una colección que parece que no continuará; dos libros que tenía y compré por la estética de las ediciones. La respuesta la encuentro entre las réplicas del mismo foro donde semanas atrás hice averiguaciones sobre los detalles de la colección. El comentario expone una noticia publicada en un diario. El título de la nota lo dice todo “Hubo acuerdo para destrabar las importaciones de libros”.

Parece que desde hace más de un mes los libros están frenados en la Aduana. Quizá éste fin de semana o el próximo salga a la venta el tercer ejemplar, tan esperado por los que compramos los dos primeros libros de la colección que consta de veintisiete entregas. Por el momento, habrá que esperar…

Ver todos los títulos de la biblioteca Julio Cortázar
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Sobre la tolerancia

El universo nos toma examen cada día para probar hasta dónde resistimos el peso de nuestras propias creencias. Sin embargo, el ítem más valioso del examen trata sobre la tolerancia al punto de vista ajeno.

La esencia del blog

Como lo señalaba en escribir es terapéutico, los que en el pasado fueran nombrados como diarios personales, han transmutado a ser los actuales blogs. Es por ello que mi blog, conforme transcurren los días, se transforma en algo similar a un diario personal.

Fue por tal motivo que me dispuse a investigar sobre los weblogs, pues suelo discurrir en pos de esclarecer algunas de las innúmeras incertidumbres que asechan mi existencia habitualmente. Y en ese merodear continuo di con la información. Supe que la palabra weblog deriva de la unión de otras dos: web y log (que significa diario en ingles). No obstante, en español, los weblogs son denominados como bitácoras: nombre que hace referencia a los cuadernos de bitácora, que eran utilizados en las embarcaciones para narrar el desarrollo de sus travesías. Cuadernos que, antiguamente, cuando las naves carecían de puente de mando cubierto, solían alojarse en la bitácora del barco, para preservarlos de las inclemencias del tiempo.

Según Wikipedia, el término bitácora “se utiliza preferentemente cuando el autor escribe sobre su vida propia como si fuese un diario, pero publicado en la web”. Luego de leer el fragmento de la enciclopedia libre puse en duda que “weblog oficial del escritor” fuera la consigna más adecuada para mi espacio. Quizá “bitácora oficial del escritor” fuera lo más aproximado a la realidad. Pero como lo mencionaba en una entrada preliminar, eso de “weblog oficial del escritor” no es más que una frase de enganche. La verdad de la existencia de cualquier cosa se halla en su esencia. Por ende, sólo a través de la lectura de las entradas de un blog puede captarse algo, por mínimo que sea, de su naturaleza.

Ser escritor, una consecuencia de escribir


Desde que lo escribí, supe que eso de «Bitácora oficial del escritor» no es más que un atractivo, una etiqueta protocolar, una referencia; no es otra cosa que la inexistente línea punteada del mapa para delimitar el tema principal del blog, para saciar de inmediato la inagotable sed de quienes ingresan al sitio preguntándose dónde están (casi todos, por lo general).

No es que pretenda ser más importante por auto-titularme como «escritor». No me atañe el hecho de ser escritor, sino el acto mismo de escribir, la acción. Escribir es lo que amo, lo que colma mi espíritu de dicha, de satisfacción; lo que hace que me sienta realizado. Para mí, ser escritor es una consecuencia de escribir, no al revés.

Lo que venimos a hacer

Nada ni nadie se halla aquí por obra de la casualidad. Nacemos encomendados con una misión trascendental que debemos cumplir en el breve período que dure nuestra encarnación en la Tierra.

Somos como pilotos en busca del vehículo con el cual conduciremos nuestra vida por la carretera que nos de acceso a nuestra misión. Y para cumplir dicha tarea precisamos descubrir el instrumento con el cual nos desempeñaremos.

De los sucesivos instantes que se compone la vida de un ser humano existe uno en particular, en el que localiza la herramienta con la cual desarrollará la misión que le ha sido conferida por el universo: un relámpago imprevisto que ilumina el lóbrego sendero de la mente para revelarnos lo que venimos a hacer, para ser...

El poeta y el resto de los mortales

El poeta sosegó su andar por las calles de la ciudad y permaneció observándola hasta que feneció el crepúsculo. Alzó la mirada, radiante como el sol asoma por el horizonte en las mañanas, tomó del morral un pequeño anotador, quitó con presura el bolígrafo sujeto al espiral del bloque, y plasmó estas palabras: 

La urbe se encuentra atestada de montañas de hormigón que germinan de la tierra, para fundirse solemnes en el vasto firmamento. Y, cual árboles voraces, degluten la luz solar; encumbradas por el hombre en la quimérica proeza de alcanzar un día las solitarias constelaciones que encienden el universo. Y por las noches, son sus luces, cual minúsculos cúmulos de estrellas, quienes transforman la quimera en realidad.  

Días después, en un paseo matinal, añadió en la hoja contigua:

En los últimos días he preguntado a las personas que transitaban por ésta plazoleta, qué observaban cuando mi dedo señalaba las montañas de hormigón que germinan de la tierra, para fundirse solemnes en el vasto firmamento… por supuesto, sin mencionar mi descripción. El que no echó un vistazo con recelo miró con desconcierto o pasó de largo como si mi boca pronunciara una absurda algarabía. No los culpo, pues quizá habría hecho lo mismo si algún otro loco me hubiese formulado esa pregunta. Un muchacho adolescente expresó con insolencia que si no veía que eran astronautas. Otro, en cambio, me envió a un sitio lejano e irreproducible. De los pocos que me contestaron, la respuesta (que más se asemejaba a una pregunta) fue unánime: edificios; para todos eran simples edificios... 

Y en las últimas dos líneas de la hoja concluyó: 

Ni superior ni inferior, he aquí la substancial divergencia entre el poeta y el resto de los mortales.

Escribir es terapéutico

Desde hace algún tiempo renunció a ser una mera sentencia de algunos escritores, para convertirse en tema de estudio dentro de la comunidad científica. Es así como anclaron en la conclusión de que, al igual que cuando escuchamos música o realizamos ejercicio físico, al escribir liberamos dopamina: un neurotransmisor asociado, por ejemplo, con la euforia o la felicidad.

Quienes tenemos por costumbre navegar por la red para revelar ante nuestros ojos nuevos sitios de interés, a menudo descubrimos personas habituadas a publicar en sus bitácoras información relacionada con sus vidas diarias, y otras tantas que lo hacen sobre algún que otro echo traumático en sus vidas, con intención de subsanarlos. Y es que, en la actualidad, el novelesco suceso de escribir por largas horas en diarios personales de un centenar de hojas sobre lo que acontece en nuestras vidas, se ha dado por aludido y ha sido suplantado por una renovada forma de expresión, no menos curiosa que moderna, y mucho menos solitaria. 

Por estos días muchos son los que se aventuran a describir en sus blogs, con ostentación de detalles, sus estados anímicos para compartirlos con el mundo entero. Esto puede resultar particularmente sanador si no se tiene a quién hacer partícipe de estas experiencias que sólo conviven en nuestra mente y pueden tornarse negativas si no logran expresarse a tiempo. Muchos sabemos que a la hora de escribir en solitario se potencian en magnitud insondable nuestros sentimientos más arraigados, y este simple hecho puede auxiliarnos a comprender en niveles superiores situaciones que nos afectan. 

Si uno quiere escribir sus experiencias en una bitácora personal deberá desplegar su pluma narradora más allá de los prejuicios instaurados en la sociedad en torno a éste tema y plasmar aquello que se encuentre en lo profundo del lago de sangre que late en su pecho, para compartirlo con un abanico incognoscible de lectores dispuestos a nutrirse de lo que uno tiene para decir, e incluso aportar información valiosa a sus vidas.