Cuando el camino se hace cuesta arriba


Cuando el camino se hace cuesta arriba nos exige superiores esfuerzos para continuar en ascenso, que suelen hacerse más amenos si tenemos un motivo que nos impulse hacia la meta, y demasiado agotadores si nos hallamos desanimados.

Un motivo suele actuar como una suerte de madero enterrado contiguo al tallo de la planta, para que las inclemencias del tiempo no la doblen ni la desbaraten. Pero cuando ese motivo no existe o se desvanece como una ilusión en el desierto, las plantas de nuestros pies espirituales no hallan un sentido para transitar la carretera de la vida y sienten el peso de la gravedad del asunto, que las imposibilita de andar libremente, como flotando en el éter. 

Aunque en ocasiones, aun asumiendo un sueño que nos motive a continuar andando, las energías parecen agotarse porque el universo parece inclinar el suelo. De pronto el camino se hace cuesta arriba y caminar se hace una tarea sobrenatural. 

Cuando el camino se hace cuesta arriba, lo único que podemos hacer es redoblar la voluntad. No debemos ver el hecho como un empeño de la creación por tirarnos hacia atrás o hacia abajo, sino como una posibilidad de crecimiento para superarnos. En principio será duro, pero con el tiempo, las piernas de nuestro espíritu ganarán masa muscular y lo que antes pareció ser un camino cuesta arriba, será una vez más caminar en la planicie.