Cuando se trata de un blog, menos es más


Comencé el año dos mil doce dispuesto a renovar el diseño de mi blog, con una propuesta minimalista. La premisa era eliminar cualquier elemento redundante, en pos de rescatar la esencia; obtener un diseño limpio, que cargara rápidamente.

Si bien el boceto que realicé en mi blog de pruebas me tomó escasos minutos hasta finalizarlo, el original me llevó horas. Pero finalmente logré centrar el foco de atención en las publicaciones, pues siempre supe que todos los elementos de un blog deben ser un soporte del contenido, y no al revés.

¿Cuántas veces nos topamos con un blog desorganizado, que demora eternidades en cargar, donde encontrar lo que buscamos  es un dilema cósmico, por hallarse extraviado en la espantosa decoración de un diseño poco decoroso? Lamentablemente, más de las que nos gustaría. Y la realidad es que nadie tiene ganas de perder su tiempo en la página de un desconocido, cuando existen millones de sitios para visitar.

Cuando somos conscientes de que el diseño de nuestro blog puede ser la única chance que tendremos para captar la atención de un nuevo visitante o un futuro asiduo lector, le prestamos la atención que requiere, pues merece la pena intentarlo.

La primera impresión visual que causa cualquier blog en cualquier visitante es tan importante como su contenido. Si en un primer vistazo la persona no logra localizar todo lo que desea, es probable que se aburra rápidamente y desista de volver a ingresar. Es por ello que, al menos cuando se trata de un blog, menos es más.