La importancia de ser conciso al escribir


Con frecuencia, al escribir cometemos el error de divagar de un argumento a otro sin centrarnos en el tema principal ni seguir un hilo conductor. Y quien se desvía de la trama de su historia, invariablemente acaba por aburrir al receptor, quien se extravía en un lago de palabras inconexas. 

Cualquier aparente desapego de la trama debe estar premeditado. Si contamos la historia de Juan Pérez cuando fue a nadar al río con sus amigos, no es propicio saltar de repente a relatar toda la vida de Juan hasta el momento en que brincó del muelle para hundirse en las turbias aguas, si toda esa vida no tiene nada que ver con el presente de Juan a punto de meterse al río. 

Lo que mantiene atrapado al lector es la tensión que produce la acción que narra el escritor. Un escritor debe minar sus textos de interrogantes, de suspenso, sin apartarse de la trama principal, siquiera en las sub-tramas, de igual modo que los personajes secundarios enfatizan la existencia de los primarios, enalteciéndolos. 

El escritor debe ser el conductor que haga llegar a destino al lector, sin mencionarle hacia dónde pretende llevarlo, sino a través de pistas imperceptibles que hacia el desenlace se convertirán en la clave que hará que todos los engranajes de la narración hermanen perfectamente.   

Un escritor tiene dos tareas fundamentales en su haber: la primera, como es de suponerse, se trata de escribir todo lo que le sea posible, para no perder la práctica; la segunda, sin embargo, se trata de eliminar mucho de lo que escribe; se trata de desechar, de borrar párrafos completos en pos de presentar textos dignos, que valgan la pena ser leídos; textos que además de enseñar, entretengan.