Las dudas y la certeza de un escritor novel


Debo confesar que no es la primera vez que desperdicio horas completas de mi vida explorando si el buscador líder de Internet contiene las esperadas respuestas a algunas de mis dudas existenciales, que probablemente sean idénticas a las de otros tantos escritores nóveles de nuestra época: ¿Cómo puedo publicar mi primer libro? ¿Se puede vivir de escribir literatura? ¿Cómo escritor novel, me conviene más esperar por tiempo indefinido a que una editorial acepte mi original, tratar de contactar con un agente literario, pagar por la edición de mi libro con una tirada mínima de ejemplares u optar por la publicación digital que, queramos o no, se perfila como el futuro del libro? 

Lamentablemente, tampoco es la primera vez que ésta búsqueda de respuestas me abandona a mitad de camino, más confundido después que antes de iniciarla. 

A pesar de todo, cualquiera que emprenda la equivalente búsqueda podrá deducir una particularidad como conclusión determinante, contundente; quizá la única certeza con la que un hombre de letras tropiece entre un ramillete de dudas: ningún escritor o aspirante a serlo, tiene un porvenir sencillo, al menos en lo que respecta a sus comienzos. Y si además de escritor se pretende ser un buen escritor, las cosas se complican aún más, en tiempos donde las obras literarias se enfrentan en una competencia desleal contra libros que nada tienen que ver con la literatura, sino más bien con alguna que otra moda pasajera, efímera. 

Pero a pesar de tantas dudas, y a sabiendas de que éste no es un sendero llano, fácil de andar, sino más bien una pendiente repleta de cantos rodados que en cualquier momento me pueden hacer rodar, una certeza por encima de toda duda me mantiene en el camino: amo escribir. Intento a cada instante superarme como escritor. Escribo hasta cuando no escribo, pues la escritura circunda mi existencia y ha hecho un nido permanente en mi mente aguardando esos momentos extraordinarios en que extiende las alas para volar sobre la página y brindarme ésa sensación única e incomparable de libertad absoluta, donde puedo crear o recrear un mundo, y hacer o deshacer a mi entera voluntad.