Tras una breve ausencia


A menudo, cada vez que un autor retorna a publicar contenido en su blog tras una breve ausencia, no se le ocurre mejor idea para comenzar un nuevo texto que hacer alusión a ese nimio hecho del que todos los visitantes del sitio poseen plena conciencia, como si no lo supieran: que vuelve a publicar después de un tiempo. 

Rehusándome a acometer el susodicho procedimiento, me abstendré de expresar la idéntica imbecilidad que tantos otros han señalado a lo largo de la historia de los blogs, tras sus breves o extensos espacios de lontananza, aún cuando quisiera vociferar desaforadamente que no he tornado, que no pude haberlo hecho, puesto que nunca he partido: siempre estuve aquí, de una u otra forma, incluso cuando alguna persona especulara lo contrario, pues siempre estaré en cada uno de mis textos, tratando de acercar al lector aunque sea un puñado de mi esencia, de mis dudas o certezas; pensamientos, sentimientos, experiencias o la propia existencia. 

Algunos planteamientos y replanteamientos

El comienzo de un año nuevo suele acarrear algunos planteamientos o replanteamientos, sobre todo para los que no nos tomamos vacaciones. Desde el comienzo de dos mil doce, uno de estos planteamientos giró en torno a la función que cumple en mi oficio de escritor mi blog personal, en el cual he publicado escritos de los más variados temas, pero escasamente logré o quise o supe o me atreví a plasmar lo que acontecía o acontece en mi interior: aquello por lo que un día resolví tener presencia en la red con mi propio nombre, para lograr un  día un nombre propio.

La cuestión es que, probablemente, esté buscando una respuesta. Mi vida y mi porvenir, por estos momentos, son un magnánimo signo de interrogación, un acertijo que me cuesta descifrar; son como un laberinto con disímiles salidas que conducen hacia rumbos absolutamente opuestos. Me enfrento cada día a la decisión de perseguir mi sueño de dedicarme a la escritura o abandonar las letras por cualquier otro medio de vida que me provea de esa quimérica seguridad que a menudo nos plantea el mandato social. 

Me veo en la obligación personal de poner manos a la obra. Y es que creo, ha llegado el momento de realizar el máximo esfuerzo, aún contra todo pronóstico o la exigua contingencia de triunfar. Es por ello que de ahora en más redoblaré mis energías en pos de que mi obra y mis obras arriben a ojos lectores. 

A través de éste espacio intentaré comunicar mi continuo aprendizaje sobre el mundo literario, mis dichas o desdichas, sin ningún temor a las repercusiones. Pues sé que a medida que aumentan los seguidores, los lectores, también lo hacen los detractores.