Cuando nos obligan a leer


La lectura debe ser una de las formas de la felicidad, y no se puede obligar a nadie a ser feliz. (J.L.B.) 

Lamentablemente las instituciones educativas son las principales promotoras de la lectura obligada: un desquicio tan irracional como pretender que el sol no alumbre o que las aves no desplieguen sus alas para volar  en el firmamento o que el sistema solar gire alrededor de nuestro planeta. 

La lectura obligada es proporcional al extravío del placer por la misma. Cuando nos obligan a leer nos privan de nuestro derecho a elegir, a disponer de la inversión de nuestro tiempo en aquello que realmente nos interesa; nos privan de lo más preciado que puede gozar un ser humano: la libertad.

Por horror, al niño o al adolescente no sólo se le intenta imponer en vano el hábito de la lectura, sino que se le obliga a leer lo que el adulto cree pertinente. Entonces se opta por la senda de doblegar las voluntades de las criaturas en pos de brindarles una supuesta educación que en realidad se asemeja mucho más a una burda domesticación. 

Si la etimología de la palabra educación proviene del latín «sacar, extraer», ¿por qué las instituciones educativas procuran constantemente imponer el conocimiento, sin la menor intención de sacar o extraer lo que se halla en el alma humana? ¿Será que las instituciones educativas en realidad no nos preparan para ser seres libres, autónomos, sino entes sumisos que se sometan buenamente a autoridades gravámenes, en pos de aniquilar nuestro deseo de rebelarnos a lo que creemos que no tiene sentido? ¿Será que quieren que leamos solamente lo que les conviene que sepamos, privándonos de verdades ocultas en las páginas de los libros que nunca nos darían a leer o será que las personas que imparten la educación también son víctimas de un sistema que no les enseñó otra cosa que a obligar? Será que imponer es más fácil que enseñar. Será…

¿Tú que crees al respecto?