Líbrate del qué dirán





Tú no le tienes que demostrar nada a nadie; en todo caso, te lo tienes que demostrar a ti mismo. Tienes que hacer lo que has venido a hacer, lo que presienta tu corazón, aún cuando el eco de las voces huracanadas del qué dirán te ensordezca o te perturbe. Que todas esas voces no cesen de ser un eco misterioso, incomprensible; que nunca se conviertan en palabras tangibles; que nunca te conduzcan a la renuncia anticipada de hacer aquello que deseas. Si resuelves desistir, que sea tu propia voz la que dicte la sentencia de la oportuna retirada, no la del qué dirán. 

Si persigues un sueño, si tienes la certeza de andar por el sendero adecuado, el que has elegido o el que te ha sido encomendado por el universo, el qué dirán debe importarte el equivalente a la nada misma. Los ecos de las voces que atormentan tu existencia, que amenazan tus anhelos, son una prueba decisiva que tienes que atravesar para  descubrirte, para demostrarte que crees en ti mismo, que puedes. 

La gente siempre hablará por hablar; sus comentarios se contradecirán los unos a los otros, pero tú tienes que estar seguro de quién eres, de lo que quieres, hacia dónde te diriges... 

Nunca le concedas autoridad al qué dirán, pues no la tiene. Tienes el poder absoluto de tomar tus propias decisiones, aún cuando no las tomes. Tienes el deber, la obligación moral, el derecho cósmico, trascendental, de seguir tu propia voz, de ser feliz...

¡Líbrate del qué dirán! Amén.