Por qué los escritores necesitamos lectores

Los escritores necesitamos lectores por las mismas razones que los cantantes necesitan quienes los escuchen o los doctores a sus pacientes o los comerciantes vender productos o los pintores exponer sus representaciones pictóricas o los periodistas captar las noticias de actualidad: para subsistir en un mundo terrenal, para cumplir nuestra misión, para desarrollar nuestros dones en su máximo potencial (si eso fuese posible), para enseñar lo que sabemos y por sobre todas las cosas, para aprender. ¿Sino qué sentido tendría nuestra presencia en éste planeta? 

Muchos conjeturan, como expliqué en El supuesto narcisismo de los escritores, que el anhelo de tener cada vez más lectores, por parte de los escritores, se debe a una carencia, a una patología narcisista o quizá a una desmesurada ambición de presumir cuán populares se han vuelto a través de los tiempos.

Con todo el respeto que me merecen esas personas, les diré que, sin temor a equivocarme, creo que su visión dista mucho de la realidad. Tal vez no en todos los casos, pero la mayoría de los escritores escribimos porque es nuestra vocación, por una necesidad de comunicar, de plasmar nuestro mundo interior, en el anhelo de que, incluso tras fallecer, nuestros libros sean todavía leídos, y así trascender a nuestra época y, con nuestra literatura, contribuir a las generaciones por venir. 

Si los escritores no tuviésemos lectores, cada vez más lectores, no podríamos vender nuestros libros; si no vendiésemos nuestros libros, además de que nadie nos leería y no podríamos serle útiles a la sociedad, lo que dificultaría en gran medida la concreción de nuestras misiones, no conseguiríamos perdurar en la Tierra, donde para habitar un sitio digno, para arroparnos, para alimentarnos, necesitamos dinero; vil metal que, por poco que sea, los libros, en una de esas, podrían proveernos. Y si escribir no nos proveyera del capital necesario para vivir, tendríamos que buscar una tarea paralela que nos lo posibilite (algo que, por supuesto, no estaría mal). Y si tendríamos una tarea paralela, relegaríamos la escritura, pasando a ser una actividad secundaria en nuestras vidas, para realizarla sólo cuando tuviésemos el tiempo suficiente. Y si esto último ocurriese, quizá escribir quedaría como un pendiente para la próxima vida, si es que en verdad existe la transmigración de las almas, o más conocida como la reencarnación. 

En conclusión, los escritores necesitamos lectores para vivir, con todo lo que implica esa palabra que, demás está decir, no supone el único hecho de tener un ingreso de dinero (que a veces es inexistente), sino de realizar lo que nos hace felices, lo que venimos a hacer