«¿Cuál es el primer deber
del hombre?
La respuesta es
muy breve:
ser uno mismo».

Henrik Johan Ibsen

En el día de mi cumpleaños número veintitrés


Siempre quise publicar una nota en mi blog un dieciocho de abril (uno suele querer alguna que otra simpleza o en otras palabras, dicho en criollo, pelotudez). El problema fue que en los años transcurridos hasta aquí, nunca tuve un blog para llevar a cabo dicho cometido (lo cuento como si no lo supieran). 

En el día de mi cumpleaños número veintitrés (sí, tengo esa manía obsesiva compulsiva de escritor, al reverendo cuete, que nadie sabe por qué corno lo hacemos, de escribir los números con letras), quiero redactar una nota para darme ese gusto del que no pude gozar con anterioridad, porque dieciocho de abril sólo es una vez al año (por suerte). 

Para aquellos que prejuzguen (me gusta abrir el paraguas antes que llueva) que el hecho de hacer pública la fecha de mi cumpleaños puede deberse al oculto o subconsciente anhelo de que amigos, lectores, visitantes, seres intraterrenos, extraterrenos o quienes fueren que transiten por estos lares me saluden, deseen felicidades o lo que quieran (espero que no sea la muerte), les diré que… tal vez tengan razón. Aunque en una de esas no…

Una fecha especial

El día de nuestro cumpleaños es una fecha especial (únicamente para nosotros). A veces es tan, pero tan especial que deseamos que nunca llegue (el llamado de esa persona insoportable a la que sólo le importamos treinta o cuarenta o cincuenta segundos de un día al año que, por supuesto, nunca llega al minuto de duración). 

Pero cuando cavilamos que si no cumpliésemos más años sería por motivo de haber abandonado el orbe de los vivos, nos percatamos de que tal vez esto de cumplir años no sea tan malo (apuesto que ahora aparece un suicida  a comentar la entrada, sólo para llevarme la contra y romper las… Normas de Convivencia de un Blog Civilizado). 

Los mejores obsequios

En la mañana recibí uno de los mejores obsequios (los escritores no dicen "regalos", a menos que precisen un sinónimo) que alguien pueda recibir (no, no era un billete para ir al espacio a bordo de una de las naves de la compañía Virgin Galactic en el año dos mil trece).

Mi hermana, que no suele ser abiertamente dada a mostrar sus sentimientos más íntimos, me escribió un breve mensaje público en su muro de Facebook, acompañado por una fotografía que nos tomamos el fin de semana pasado, que realmente me conmovió y quisiera compartir aquí para perpetuarlo y no perderlo de vista entre otros tantísimos mensajes: 


A esa persona increíble que me hace reír hasta llorar, que me acompaña, que me ayuda, que me guía, que siempre está ahí, más allá de todo. A ese hermano, que más que hermano es un amigo. A ese ser lleno de luz, lleno de amor. Felices veintitrés años, Jorge Ángel Aussel. Te amo con el corazón, gracias infinitas por ser el gran ser humano que sos, mi hermano, el mejor que me podría haber dado la vida, mi amigo.

Por otra parte, mi madre me ha saludado telefónicamente porque recién nos veremos en la noche y mi padre me ha dado los buenos días deseándome un feliz cumpleaños con un abrazo y un beso e invitándome a desayunar y conversar un rato en un bar cercano.

No contaré nada  respecto a los regalos materiales que, por cierto, también los hubo, porque no me place hacerlo. Los obsequios quedarán en mi memoria, más por el grato gesto que tuvieron hacia mi persona que por el valor económico de los objetos, ya que serán esos gestos los que permanecerán en mi ser por la eternidad y no las pertenencias (porque nada ni nadie nos "pertenece" en verdad). 

Mis tres deseos

De los tres deseos que se piden comúnmente para el cumpleaños, dos me los guardaré (porque no tengo la más remota idea de cuáles serán), pero uno de ellos es evidente e inevitable de contar: lograr publicar mi primer libro antes de los veinticuatro años. No existe otra cosa que anhele más en el presente.


Hace siete años que escribo casi a diario, siempre con el sueño de publicar mi primer libro, pero ahora me siento preparado para hacerlo. 

Dios (o como quieran llamarle, sea lo que sea en lo que crean) quiera que el año entrante pueda citar esta nota y decir: "He cumplido el deseo que pedí para mi cumpleaños número veintitrés" (aunque en realidad depende de mí más que de nadie en el mundo).

Pero si eso no llegase a suceder (cosa que creo poco probable), tengan por seguro que seguiré luchando por hacer realidad mis sueños, como debiéramos hacerlo todos, sin permitir que nadie interfiera en ellos, porque son nuestros. 

Para finalizar

Nunca fui muy dado a los cumpleaños: ni míos ni ajenos. Los cumpleaños me inflan mucho los globos (no me digan que la oración no quedó justa para la ocasión). Detesto en gran medida las reuniones multitudinarias (ni que alguna vez me hubiesen convocado a presenciar la entrega de los Premios Oscar) y ser invitado y posteriormente sentirme obligado a ir a una fiesta (aunque sea la celebración del cumpleaños de Dios).  

No obstante, no puedo ni debo ni quiero dejar de agradecerles a todas esas personas que me saludaron este dieciocho de abril, principalmente a través de Facebook: a aquellas que no me conocen demasiado, a aquellas que me siguen a través de mis escritos, a las que conozco más en profundidad y a las que todavía me saludarán a lo largo de éste día. Gracias a todas, de todo corazón. 

Posdata

Pido disculpas por la extensión de la entrada, pero la ocasión lo ameritaba. Espero que haber subtitulado la nota haya hecho más sencilla y llevadera su lectura. 

Gracias por todo.