Al diablo con echar culpas al diablo

Dicen que Dios es responsable de las cosas buenas que suceden en el universo. Y también dicen que el diablo, es el culpable de las malas. Esto se debe a que, supuestamente, Dios es bueno, y, el diablo, malo. ¿Será así la historia? ¿O será que ambos cohabitan dentro de todos nosotros, los seres humanos? ¿Quién no se ha enfrentado alguna vez ante la elección del camino correcto e incorrecto, titubeando en su decisión? Sería bueno pensarlo con un poco de sentido común que, declaran por ahí, es el más común de los sentidos. Y el más infrecuente, añadiría.


Si un inhumano comete el peor de los asesinatos, el más cruento genocidio de la historia, el más estúpido siniestro, una violación, un atentado, una masacre o la más simple de las idioteces que alguien ha de llevar a cabo en la historia de la inhumanidad, seguro que algunos dirán que el diablo, el demonio, el anticristo, Lucifer, Satanás o como diablos queramos denominarle, tiene la culpa de todo. 

Me pregunto por qué si las cosas nos salen mal, si nos expulsan de aquel sitio, si nuestro equipo perdió la Copa Mundial de Fútbol la vez pasada o el vecino está en obras desde tiempos inmemoriales y los albañiles comienzan a martillar la medianera de nuestra casa a las ocho de la mañana como tarde, la culpa, sin duda alguna, se la echamos a la cola del diablo.

Casi nunca lo adjudicamos a que nuestra mente se halla polarizada hacia el negativo, que nuestra conducta no fue la esperada, que el otro equipo jugó mejor que el nuestro, tuvo más suerte, o que el vecino alguna vez tenía que arreglar su casa, como nosotros arreglamos la nuestra.  

Y si nuestro amigo anda bien, si nuestro sitio fue ocupado por alguien que realmente lo merece, si otro equipo de otro país del mundo ganó la copa o el vecino ahorró durante largo tiempo y reunió el dinero que precisaba para comenzar los arreglos en su vivienda, hacemos responsable al omnipresente y todopoderoso Dios, en el que creo, no como un ser personificado que está por encima nuestro manipulándonos, sino más bien como si fuésemos una minúscula totalidad, sin dimensiones, de su totalidad. 

Debemos hacernos responsables absolutos de nuestras acciones, porque somos absolutamente responsables de cada uno de los eventos que acontecen en nuestras vidas. ¡Oh!, sí, lo somos. Aunque nos neguemos, pataleemos, lloremos, gritemos o insultemos en latín o en esperanto… ¡Al diablo con echar culpas al diablo!


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4 comentarios

  1. Holaaaaa Jorge. Felicitarte por tu reflexiva entrada.

    Me parece que el tema del "BIEN" y el "MAL", lo escuchamos en nuestros hogares desde que somos pequeños, casi es un tema de costumbres, como lo es ahora el tema de las "religiones".

    Pero muy aparte de todo ello, no hay nada mejor que concientizarnos como bien dices, en hacernos cada uno, responsables de nuestros actos, pues somos única y exclusivamente, los dueños de los bueno o malo que pueda suceder en nuestras vidas.

    Agraderte muchísimo también, tu comentario y visita en el día de mi cumple, me alegró mucho amigo y aunque no tenemos la oportunidad de conocernos, déjame decirte que es hermoso tener un buen amigo virtual, escritor y bloguero como tú.

    Abrazotes y cariños desde Perú.

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    1. Muchas gracias, Nuria. Dejame decirte que para mí también lo es y que me alegra poder haberte saludado en el día de tu cumpleaños y recibir tus visitas y tus comentarios en tantas de mis publicaciones, porque siempre son un aporte y un complemento valioso para mis escritos.

      Te mando un gran abrazo.

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  2. No suelo ser demasiado efusiva en mis comentarios Jorge. Estoy de acuerdo en que cada uno debe responsabilizarse de los pensamientos que nos llevan a actuar tanto para bien como para mal. En ocasiones un acto que considero solidario o bondadoso repercute negativamente en otro/as. Sé que no aporto nada nuevo. Añadir nada más que uno de los temas más frecuentes de mis escritos son los "demonios" que llevo dentro. Gracias por tu invitación. Un saludo.

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    1. Al contrario, Esperanza. A mí parece un buen aporte. Justamente, en parte me refiero a esos demonios que llevamos dentro, que no son responsabilidad de nadie más que de nosotros mismos, los cuáles debemos exorcizar para no lastimarnos ni dañar o perjudicar a los demás.

      Sin embargo, también coincido con vos en que a veces creemos que hacemos lo correcto y, sin embargo, resulta en todo lo contrario. Son esas contradicciones y paradojas que tiene la vida, que nos son difíciles de entender.

      Gracias por tu comentario. Me alegra haberlo recibido.

      Saludos.

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