Por qué los noticieros nos venden el mundo dado vuelta

Cuando vemos, escuchamos o leemos las noticias, nos terminan por convencer de que el mundo está dado vuelta. ¿Será realmente así o será que es lo que a algunos les conviene que creamos? Veamos...

Autor de la imagen: Renzo Luongo

Casi nadie ignora que el mundo se halla dando vueltas en éste preciso instante. Pero los noticieros, desde su concepción, quisieron añadir un nuevo movimiento al de rotación, traslación, precesión y nutación de nuestro planeta e inventaron el mundo dado vuelta: un sitio donde suceden dos billones de hechos negativos contra la mitad de la mitad de un cuarto de acontecimientos positivos: suceso que, por lo general, se debe a que ha ganado el equipo favorito de tal, que el bebé que vivía en el noveno piso del edificio de la calle más transitada de la ciudad se ha salvado por milagro de una caída mortal, que la celebridad del momento se casará, que el grupo musical que se había separado hacía más de quince, veinte o treinta años se reunirá a tocar nuevamente o que el próximo jueves se estrenará la supuesta película esperada por grandes y chicos (como ellos la llaman), de la que ni grandes ni chicos ni ancianos ni vivos ni muertos ni zombies tenían la menor idea. Me pregunto cómo alguien puede esperar algo de lo que no tiene remoto conocimiento… 

Nos enfrentamos a dos realidades paralelas que nos agobian la existencia: el mundo dando vueltas y el mundo dado vuelta. El mundo dando vueltas no precisa del mundo dado vuelta para existir. No obstante, el mundo dado vuelta no podría subsistir sin el mundo dando vueltas. Entonces, ¿cuál es más importante, el inventado por el ser humano o el que existe hace millones de millones de años? 

Todo lo que sucede, ocurre en el mundo dando vueltas, por un hecho puntual que al momento de acontecer no podemos, no sabemos o no queremos dilucidar. Yo me inclinaría por un "no podemos porque queremos pero no sabemos". 

Los noticieros venden el mundo dado vuelta por una simple razón: nosotros lo compramos. Arraigados en sus noticias obtenemos el material necesario para alimentar nuestros egos; nos quejamos años enteros, perdieron tiempo valioso de nuestras vidas con el que podríamos crear dentro del mundo dando vueltas en vez de consumir el mundo dado vuelta que nos consume, nos amarga, nos debilita y nos genera un cáncer mental y espiritual de insondable magnitud, cuando la cura se halla en la aceptación, la cual no debe confundirse con el conformismo: aceptar que mientras el mundo dé vueltas sucederá algo que juzguemos positivo, neutro o negativo dentro y fuera de él.

No cabe sospecha alguna que está en nosotros el poder de decidir si nuestro propio mundo girará en el mundo dando vueltas o en el mundo dado vuelta, que el consumismo al que nos condujo inexorablemente el capitalismo inconsciente, precisa vendernos para volvérnoslo a vender al otro día, un día más.