Cinco cosas que aman los lectores

Aunque los escritores también seamos lectores, a veces nos cuesta discernir cuáles son los elementos empleados en un texto que hacen que nos atrape, para emplear las mismas tácticas a la hora de escribir. En esta oportunidad presento cinco cosas que aman los lectores desde mi punto de vista y espero que las disfrutes tanto como me divertí al escribirlas. 


Entretenerse

A no ser por necesidad (de aprobar las materias del colegio o la universidad porque el hijo de su madre del profesor un poco más pela la escopeta de Terminator para obligarte), ninguna persona lee para aburrirse (aunque la teoría se derrumba en el instante en que me leen a mí y nadie le halla explicación). 

Cuando elegimos el material que vamos a leer, procuramos obtener algo a cambio: entretenimiento, conocimiento, discernimiento (seguro que ahora aparece algún curita sanador, exorcista, delirante hablando de los supuestos mensajes subliminales de Jorge Aussel porque todo lo que escribió en una oración acababa con miento). Si no lo adquirimos desde un principio (nos preguntamos retóricamente por qué no habrán quemado esa porquería de libro en El día después de mañana para que no llegara a las manos de nadie más), simplemente no lo leemos (a no ser que el profesor aparezca otra vez en la escena con sus gafas de sol, la chaqueta de cuero, la cara de asesino serial y la Ithaca 37 de un amigo policía). 

La ironía

Según el diccionario: 1. Burla fina (si la cortas por la mitad) y disimulada (si te haces el distraído, por no decir el pelotudo). 2. Tono burlón con que se dice (será burlón o lo que quiera la Academia, pero nadie negará que es verdadero). 3. Figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice (el diccionario se equivoca porque todo lo que exhibe coincide con lo que vengo escribiendo entre paréntesis desde el inicio del escrito y nunca en mi vida usaría la ironía para atraer más lectores). 

Ser sorprendidos

Los lectores aman sobre todas las cosas (acabo de plagiar parte de las palabras utilizadas en el primer mandamiento de los católicos) que los escritores los sorprendan (quedaba mejor que decir que los engañen), los agarren desprevenidos (elimina esos pensamientos sexuales y concupiscentes de tu mente) y los conduzcan hacia un sitio donde nunca se hubiesen imaginado que los iban a transportar (no es una metáfora de acabar en un albergue transitorio, aunque si fuese con una lectora interesante, por no decir que estuviese buena, por no decir que le daríamos… una cita). 

Sentir que ellos también podrían haberlo escrito

Todo lector en algún momento sueña, aunque sea fugazmente, con escribir (lamentablemente algunos terminan haciéndolo, cuando como escritores son buenos lectores, como podría ser mi caso y todavía no haberme enterado). El lector lee ese cúmulo de palabras plasmado por el escritor y piensa y cree y se convence de que él también podría haberlo escrito (y a veces no se equivoca, aunque para un escritor reconocerlo sea como que salte la térmica de la luz cuando se encuentra a seis segundos exactos de darle a guardar en el ordenador a la obra cumbre que le haría prestigioso, millonario o ambas cosas).

La brevedad

A gran parte de los lectores les gusta leer mucho (mirar tele, ver películas, comer palomitas de maíz y rascarse el higo), de a poco (claro, despacito, porque sino les duele… la cabeza). Si les das todo de una estocada (el texto, mentes retorcidas), terminan abrumados y es probable que lo abandonen antes de acabar (¡el texto!, ¡el texto!, ¿cuántas veces lo tengo que repetir? ¡El texto! Supongo que no entienden porque la palabra texto se parece a sexo).  He aquí la importancia de ser conciso al escribir (ya que estoy le hago promoción a otra de mis entradas aunque quede más desencajado que El Increíble Hulk cuando se enoja). 


¿Y tú qué cosas crees que aman los lectores además de entretenerse, la ironía, ser sorprendidos, sentir que ellos también podrían haberlo escrito, la brevedad y, por supuesto, a mí? (no te rías, hablo en serio)