«¿Cuál es el primer deber
del hombre?
La respuesta es
muy breve:
ser uno mismo».

Henrik Johan Ibsen

El mundo necesita gente que ame lo que hace

Cuando amamos lo que hacemos, nos esmeramos por hacerlo bien. Por eso el mundo necesita gente que ame lo que hace. Porque si todos amásemos lo que hacemos, el número de negligencias e incidentes se reduciría al mínimo e inevitable error humano. Porque si todos hiciésemos lo que amamos, la felicidad no sería ese objetivo inalcanzable sino una constante intermitente, pero nunca inexistente, en nuestras vidas.


Sin ser afecto a las instituciones educativas, que más que educar al ser humano en ocasiones intentan domesticarlo, pretendiendo programarlo como si se tratase de una máquina sin poder de decisión, raciocinio ni alma ni sentimientos, o arrearlo junto al rebaño de ovejas que deben ir hacia el mismo sitio para no ser tachadas como descarriadas, rebeldes, inconformistas e insurrectas (entre otros adjetivos calificativos para nada estimables por la sociedad), las palabras expresadas en el video institucional que lanzó la UDLA (Universidad de las Américas) el pasado año, me parecen excepcionales: 

El mundo necesita gente que deje de dormir por cumplir sus sueños. Gente que con su vida haga historia, que cuestione lo establecido, que piense que nada está escrito. Gente obsesiva, apasionada, arriesgada. Gente que no espera a ser grande para hacer lo que quiere sino que haciendo lo que quiere llega a ser grande. El mundo necesita gente que ame lo que hace.

Cuando vi el video no pude evitar sentirme identificado con el mensaje. ¿Cuántas noches sin dormir por cumplir mi sueño de ser escritor? ¿Cuántas veces cuestionando lo establecido, tratando de ver el mundo desde mi óptica y no a través de los ojos de aquellos que lo vieron antes, sólo por una cuestión de comodidad? ¿Cuántos momentos intentando reescribir la realidad para descubrir el mundo paralelo que pocos se animan a vislumbrar? ¿Cuántas veces obsesionado, apasionado por brindar lo mejor de mí, arriesgándome a quedar expuesto por mi, a veces, peculiar forma de pensar? ¿Cuántas noches, días, meses, años soñando con ser un gran escritor que un día llegue a ser leído por miles y millones de personas de países de todo el mundo, sin necesidad de dilapidar mi propio estilo? Incontables, esa es la respuesta. 

Soñemos, soñemos siempre y no dejemos de soñar, que si trabajamos por nuestros sueños con constancia, perseverancia y un profundo amor por lo que hacemos, un día, al despertar, veremos nuestros sueños, alguna vez ilusorios, hechos totalmente realidad.


El mundo necesita gente que ame lo que hace (UDLA)