Exponer nuestra verdad no es lo mismo que imponerla

¡No te  asustes por la extensión del texto! Está dividido en introducción, nudo y desenlace, y, aunque no cumpla con los porcentajes de tamaño que algunos señalan que deberían respetarse sin excepción en cada parte, creo que realmente vale la pena leerlo. Quizá disientas conmigo, pero probablemente te hará reflexionar y puedas sacarle provecho a las palabras que lo conforman. 


Introducción

En una entrada previa hice referencia a que nadie puede cambiar a nadie, excepto a sí mismo. Como la experiencia en la creación de entradas del blog me obliga a ser escueto, y poseo conciencia sobre la importancia de ser conciso al escribir, en ocasiones me veo obligado a poner el foco de atención exclusivamente en el tema que me concierne, ateniéndome al título con el cual decidí nombrarla, sin desviarme hacia sus ramificaciones. 

A menudo, al seleccionar la información que entregaré al lector debo suprimir grandes cantidades de texto para que prime lo que a mi modo de entender podría ser más relevante. Y esa puede ser la diferencia trascendental entre ganar un asiduo lector o un permanente desertor.

Por los motivos antedichos, cuando escribí sobre que nadie puede cambiar a nadie, algunos detalles que podrían considerarse destacados, tuvieron que ser relegados para otro momento, y en esta oportunidad otorgan  vía libre al texto que nos atañe. 

Nudo

Quería escribir una entrada que expusiera el tema en cuestión, pero todavía no sabía cómo iba a encararla. En el ínterin, un miembro de uno de los grupos de Facebook al cual estoy adherido, hizo un comentario en el enlace que compartí sobre la entrada «Nadie puede cambiar a nadie», al respecto de las preguntas que había formulado a modo de preámbulo de las palabras que la sucederían:

¿Puede alguien cambiar a una persona que no pretende cambiar? ¿Puede alguien imponer su voluntad por sobre la de otros, de manera duradera y permanente? ¿Es correcto creernos amos de la verdad absoluta que debe ser creída, aceptada y profesada por todos los demás

Renata Isadora: es dificil dar opinion,, cuando hasta decir y hacer esas preguntas,, ya intentamos cambiar a los demas,, detras de esa protesta hay una dictadura,, pero es verdad,, nadie puede cambiar a nadie,,

Jorge Ángel Aussel: Exponer no es imponer, Renata. Saludos.

Renata Isadora: en una manera si,, tratamos de dar nuestro punto de vista,,para que? para que otros sepan como pensamos,, o dime tu,,, es como las preguntas que planteas,,,, a veces todo tiene su doble intencion

Jorge Ángel Aussel: Tratamos de dar nuestro punto de vista para que otros lo tomen o lo dejen. Porque creemos que nuestros puntos de vista son importantes y otros podrían beneficiarse de ellos. La dictadura sería obligarte de alguna forma a creer en lo que expongo, entonces estaría imponiéndotelo. Así sólo lo estoy exponiendo y vos tenés total autonomía de creerlo, dejarlo, olvidarlo o sacarle provecho a lo que te parezca que es correcto y aplicarlo, y lo que no, descartarlo. Nadie te está privando de tu libertad de pensamiento, por eso no existe dictadura alguna.

Pido disculpas por la redacción defectuosa, pero no quise modificar los comentarios; los publiqué tal y como fueron enviados. Es sabido que en el intercambio de opiniones no prestamos la misma atención a la ortografía, etc. que cuando damos vida a uno de nuestros textos literarios.

Desenlace

A veces confundimos la exposición de una verdad con la imposición de la misma, pero no existe otra forma de imponer una idea que no sea a través de cualquier tipo de violencia. La amenaza, persecución, represión, extorsión, etc. son los modos preferidos por los seres que implantan las dictaduras.

En un mundo de libertad, todos conservamos nuestras ideas, exponiéndolas, para abrir nuestro corazón a los demás y no pecar del egoísmo de ocultar lo que sabemos. Porque cuando enseñamos, aprendemos. Porque enseñar es mostrar, es exponer, es brindar nuestra experiencia y conocimiento en pos de que evolucionemos en conjunto. Porque cuando nuestro semejante progresa, también lo hacemos nosotros; y cuando tropieza, tambaleamos.

Cuando una persona mata a otra, ¿por qué a muchos nos produce un dolor inexplicable? Existen incontables respuestas y quizá todas o ninguna sea cierta, pero desde el rincón que habito en el cosmos, creo que el otro no es el otro, sino una parte de nosotros, aunque estemos experimentando el universo desde la individualidad. Y en esa acción aberrante matamos y morimos al mismo tiempo, porque un ser humano, un semejante, un igual a nosotros cometió homicidio y otro igual a nosotros pasó de plano.

Podemos tomar, aplicar, descartar o prescindir de cualquier supuesta verdad, pero no podemos aprobar ni permitirnos utilizar la violencia para forzar a nadie a ser como deseamos que sea. Ni tampoco podemos permitirle a nadie que intente hacerlo con nosotros, aunque se proclame Dios en la Tierra.

Tú eres libre, autónomo, y tienes el poder de decidir toda tu vida, incluso cuando intentan esclavizarte. Si te dejas esclavizar, es tu decisión. Si amenazan con matarte si no haces lo que quieren y te sometes, también es tu decisión. Algunos prefieren vivir dominados y otros morir libres y dignos. Es una cuestión de decisión, y cada acto de nuestras vidas se compone de una serie de elecciones que denotan nuestra esencia.

Exponer no es imponer. Si ahora me estás leyendo, es porque tú lo decidiste; si crees, dudas o pones a prueba mis palabras, también.

Hacernos responsables de nuestras elecciones es el exponente ineludible de nuestra incipiente madurez. Saber que todo lo que ocurre en nuestras vidas, tanto lo deseable como lo indeseable, nosotros lo hemos convocado. Ser conscientes que, como expresó el filósofo Jean Paul Sartre, el hombre nace libre, responsable y sin excusas.