La cobardía detrás de la agresión gratuita

La vida se encuentra atestada de agresores. Y el mundo virtual, que en la actualidad es parte de nuestra vida cotidiana, no se halla exento de esos peculiares entes que pareciera que no tienen nada mejor que hacer que molestar a quienes intentan realizar su trabajo de manera positiva y productiva. Los indeseables de siempre volvieron a atacar, con la soberbia que los caracteriza. Y una vez más permitieron entrever la cobardía detrás de la agresión gratuita. 


Acometer contra todo aquel que sin perjudicar a nadie vuelca los pilares esenciales de su pensamiento en palabras que ocasionalmente alcanzan a un público masivo, es una suerte de moneda corriente en la red. Y los más perjudicados solemos ser los que exponemos nuestras ideas, por quedar igualmente expuestos a través de la transmisión de las mismas: bloggers, foristas, formadores de opinión en todas las ramas, administradores de distintos sitios web, etc.

La entrada «Quien crea la realidad» del «momento de reflexión» originó algunas repercusiones positivas y otras negativas, aunque debo reconocer que las adversas simbolizaron un porcentaje muchísimo menor al de las favorables, como suele suceder. Principalmente en Facebook, donde unos pusieron que les gustaba o dieron su punto de vista al respecto y otros, que se notaba que no comprendieron ni media palabra de todas las que escribí, salieron con los tapones de punta a fracturarme.

De dos de esas personas, si así las puedo denominar, pues ambas desposeían una imagen de perfil que expusiera sus caras, quiero compartir los comentarios que realizaron y las réplicas que efectué. Ofrezco unas sinceras disculpas por la pésima ortografía (sobre todo de los indeseables) pero no he querido alterar siquiera un acento de los mensajes originales, a excepción de sus nombres:  

Conversación con Anónimo I

Anónimo I: de cual fumas compa debes de dejar el idelismi eso hace daño 

Jorge Ángel Aussel: Ya decía Einstein que había dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana y que del Universo no estaba seguro... 

Anónimo I: compa dijo el universo es finito y como filosofo se moria de hambre igual que tu 

Jorge Ángel Aussel: Yo no soy filósofo, soy escritor. Y puede que me muera de hambre como filósofo, pero vos como crítico dejas bastante que desear. Siquiera tenés otro argumento que preguntarle al otro de cuál fuma. Hacete cargo de tus problemas que yo me hago cargo de los míos. Y fumar no es uno de ellos.

Conversación con Anónimo II

Anónimo II: pensé que ibas a hablar de literatura y terminaste hablando como mi abuela. "si no tenés plata te jorobas, vos te la buscaste"
Anónimo II: ‎"Nosotros decidimos venir al planeta, quedarnos, irnos, actuar o no actuar, como podríamos haber decidido no venir." después de tirar ese "párrafo" seguís con absoluta impunidad.

Jorge Ángel Aussel: ¿Cuál es tu problema?

Anónimo II: ‎"Una decisión tomada o no tomada induce a una acción o inacción, aunque la decisión sea no accionar. Incluso no decidir es tomar una decisión y no accionar es accionar. " y acá te imagino apoyandote en el respaldo de la silla giratoria y haciendo una expresión como: "OOOH, soy Sartre, papá"
Anónimo II: ‎"Como en un juego de ajedrez, tenemos el poder de decidir y de accionar acorde a nuestra elección, pero la reacción siempre depende del otro jugador. Si ganamos, somos responsables. Si perdemos, también. Si echamos el tablero por la borda, perdemos la partida y la posibilidad de jugar y de aprender en y del juego. " ahora, pasame esta metafora a un hecho concreto de la vida. por favor. ejercicio de taller, chiquilín.

Jorge Ángel Aussel: Los problemas con tu abuela deberías resolverlos con ella; no puedo hacerme responsable de tus inconvenientes personales. Lamentablemente no podemos intercambiar opiniones como dos personas civilizadas porque tu actitud sólo demuestra una magnánima soberbia y un escasísimo interés por conocer cuál es realmente mi sentir o mi pensar con respecto a lo que expones. Sólo anhelas tener la razón, por el sólo hecho de tenerla. Nada más que esa nimiedad, tan absurda como tu agresión gratuita. Querés elevarte por encima de mí y del resto de los integrantes del grupo por medio de la crítica malintencionada y utilizando epítetos que están totalmente fuera de término. No soy menor de edad y, aunque lo fuera, no soy tu hijo ni tu pariente ni tu amigo, por lo mismo te pido, asumas una actitud de respeto y tengas la gentileza de desistir al inadmisible impulso de adjudicarme sobrenombres ofensivos. Y, por cierto, no tengo silla giratoria. Y te diré que, en caso de que aún no la poseas, te vendría bien adquirir una, que sea ejecutiva, robusta, acolchada, por supuesto, así podés canalizar tus ínfulas de gerente de banco, oficinista, o pelele detrás de un escritorio que se cree superior a todos los demás seres humanos del planeta por instaurar una barrera entre las partes. Y si ya tenés tu silla giratoria, no me queda más que hacerte arribar mis felicitaciones por haber hallado una herramienta para cumplir tu misión y objetivo vital en esta vida: molestar a las personas que intentan hacer algo productivo.

A los indeseables

Gracias. Han sido fuente de inspiración para alimentar mi blog una vez más. Molesten, que así como se puede convertir la energía positiva en negativa, cosa que ustedes saben hacer bien, del mismo modo se puede transmutar el brío negativo en positivo.

Preguntas abiertas

¿Existirá alguna forma de librarnos de los indeseables de siempre, que no sea utilizando sus mismas estrategias? ¿Por qué estas personas parecen empeñadas en molestar a las demás? ¿Será que por no tener una vida propia se ocupan en demasía de las de los otros seres? ¿Será envidia, odio, bronca, resentimiento, desamor? ¿Para qué lo harán? ¿Tú lo sabes? Yo no lo sé. Y a no ser que seas uno/a de los/as susodichos/as, me encantaría conocer tu parecer. 

Te invito a que te expreses libremente dejándome tu comentario, que trataré de responder en breve.