Quien crea nuestra realidad

Suponemos que la realidad es una sola: inamovible, inalterable y que depende de un conjunto de circunstancias externas y ajenas a nuestra persona. ¿Qué pensaríamos si nos percatásemos de que nuestra realidad la creamos nosotros? ¿Cómo actuaríamos? ¿Podríamos quejarnos de las cosas negativas que suceden en nuestras vidas o nos haríamos totalmente responsables de ellas, por ser nuestra creación mental? Veamos… 


Cuando la ventura acaricia la puerta de una persona, en ocasiones lo adjudicamos a la buena suerte. Y si la adversidad derriba su puerta, su voluntad o su vida entera, a la mala suerte. ¿Será la buena suerte responsable de los hechos gloriosos que nos ocurren o será que nuestros pensamientos positivos van creando la realidad que nos circunda? ¿Será la mala suerte responsable de las cosas negativas o será que debemos invertir los polos magnéticos de nuestro ser para transformar nuestra realidad? 

Creemos que el diablo es culpable de nuestras desgracias y Dios el responsable supremo de nuestra bonanza, pero una vez más diré: ¡Al diablo con echar culpas al diablo!. Ni Dios ni el diablo ni zutano ni mengano ni fulano son responsables de los acontecimientos desencadenados en nuestras vidas: somos nosotros. No otros: nosotros y nadie ni nada más.

Nuestras decisiones

Como indiqué en el Desenlace de Exponer nuestra verdad no es lo mismo que imponerla, dependemos de nuestras decisiones. Y nuestras decisiones son las que conforman nuestra realidad. Nosotros decidimos venir al planeta, quedarnos, irnos, actuar o no actuar, como podríamos haber decidido no venir.

Una decisión tomada o no tomada induce a una acción o inacción, aunque la decisión sea no accionar. Incluso no decidir es tomar una decisión y no accionar es accionar. Y toda acción e inacción provoca una reacción.

Como en un juego de ajedrez, tenemos el poder de decidir y de accionar acorde a nuestra elección, pero la reacción siempre depende del otro jugador. Si ganamos, somos responsables. Si perdemos, también. Si echamos el tablero por la borda, perdemos la partida y la posibilidad de jugar y de aprender en y del juego.

Si no jugamos el juego de la vida, no aprenderemos. Si no aprendemos, volveremos. Si volvemos, tornaremos a pasar por las mismas cosas una y otra vez. Si repetimos las mismas cosas, no avanzaremos. Si no avanzamos, nos estancaremos...

La realidad la creamos nosotros, con nuestras decisiones, indecisiones, elecciones, acciones, inacciones, reacciones... Y podemos darle mil vueltas, que por más giros que le demos, estamos creando nuestra realidad en éste preciso momento.