Una sociedad tapada por la suciedad

“La basura que se barre no deja de ser basura. Y aunque por el aire suba, basura será en el aire.” (Refrán)


Vivo en una sociedad que está cubierta por la suciedad, donde parece que lo que está bien está mal y lo que está mal está bien; donde la mentira es la verdad y la verdad una mentira más. Una sociedad que no pretende que seamos seres libres que piensen, razonen, sientan y amen lo que piensan y razonan y sienten y aman, sino lo que ella dispone, lo que a ella le conviene para su propio beneficio y absurda existencia.  

Cuando nací la sociedad estaba inventada y la suciedad ya la tapaba. Y, sin embargo, soy tan responsable como tú de barrerla y limpiarla para que vuelva a brillar. No es que crea que pueda o vaya a cambiar al mundo; creo que puedo encenderme para alumbrar, despertarme para despertar, ser para ser y no ser uno más. 

Estamos todos ocupados en aportar a una mentira que todo lo que nos reditúa es alejarnos cada vez un poco más de nuestra esencia y la verdad de la existencia. Esta sociedad no quiere personas, quiere robots. Y para fabricarlos utiliza materia prima de cuarta calidad: el miedo, la culpa, la falacia, la represión y un sinfín de chatarras más.  

Yo no quiero ser un robot. Yo no quiero ser moldeado ni manipulado. No quiero hacer lo que dicen que hay que hacer o ser, sólo porque dicen que hay que hacerlo y serlo. Quiero hacer y ser lo que dice mi corazón, mi intuición, mi mente, mi ser, porque quiero ser, porque yo soy. 

Pero la suciedad se empeña en empañar lo que somos y apañar la mentira porque lo contrario sería catastrófico para ella: significaría el fin de su presencia en la Tierra. Y te preguntarás: ¿a la sociedad no la hacemos nosotros? Sí. Nosotros o algunos de nosotros somos la suciedad de la sociedad. Y sobre todo quienes ocupan cargos relevantes, donde tienen el poder de dirigir a las personas y en cambio lo utilizan para mandarlas y adoctrinarlas. 

Si no nos limpiamos, si no nos reciclamos, si no empezamos a decir la verdad, a dejarnos y dejar ser, a lustrarnos para volver a brillar y refractar esa luz para alumbrar al prójimo, todo seguirá siendo una mugre. 

Vivimos en una mentira que creamos para creerla y acabamos desconfiando de todo y de todos los demás. Vivimos preguntándonos: ¿Vivimos? Y vivimos sobreviviendo. Y vivimos muriendo, con la esperanza de algún día renacer…



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