Aislamiento - Texto y audio por Jorge Ángel Aussel


Hace tiempo suicidé la persiana de mi habitación: tiré de la cuerda que sustentaba su existencia, la hice rodar hacia el vacío y oí el eco estruendoso que ocasionó al impactar con el marco inferior de la ventana. Me percaté de que aún no había muerto: el aire todavía soplaba por sus bocas, la luz se colaba sigilosa por sus ojos entreabiertos y una etérea algarabía silbaba en lontananza. No podía permitirlo. Jalé otra vez de la tira y la solté de un tirón, sin piedad ni tipo alguno de remordimiento. Esta vez el golpe fue seco y certero. La respiración cesó, la luz se ahogó, el ruido se extinguió. Inmediatamente la enterré detrás de la ventana. Y cubrí su cadáver con un par de cortinas que se abrazan en duelo, por las dudas que le diera por resucitar.

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