«¿Cuál es el primer deber
del hombre?
La respuesta es
muy breve:
ser uno mismo».

Henrik Johan Ibsen

La sociedad de los poetas muertos: "Entender la poesía", por J. Evans Pritchard, doctor en filosofía

A continuación leerán la transcripción que hice de un fragmento memorable de la película «La sociedad de los poetas muertos» (título orginal: Dead Poets Society). Porque la poesía no es rima ni métrica ni palabras bonitas: es pasión.


—Señores, abran el libro por la página 21 de la introducción. 
»Señor Perry, ¿quiere leer el párrafo inicial del prólogo, titulado “Entender la poesía”?

—“Entender la poesía”, por J. Evans Pritchard, doctor en filosofía. “Para entender a fondo la poesía debemos antes familiarizarnos con su métrica, rima y figuras retóricas, y luego hacernos dos preguntas: una, ¿con cuánto talento se ha conseguido el objetivo del poema?, y dos, ¿qué importancia tiene dicho objetivo?
»La pregunta uno mide la perfección del poema, la pregunta 2 su importancia, y una vez estas preguntas están contestadas, determinar la grandeza resulta una tarea relativamente fácil. Si la medida de perfección del poema se coloca en la horizontal de una gráfica, y su importancia se marca en la vertical, entonces calculando el área total del poema tendremos la medida de su grandeza.
»Un soneto de Byron puede puntuar mucho en la vertical, pero sólo lo normal en la horizontal. Un soneto de Shakespeare, por otra parte, medirá mucho horizontal y verticalmente, dando un área masiva total que nos revelará que el poema es verdaderamente grande. Al ir viendo los poemas de este libro, practiquen este método de medición, al aumentar su habilidad para evaluar los poemas de esta manera, también aumentará su disfrute y comprensión de la poesía”.

—Un excremento: eso me parece el señor Evans Pritchard. No se trata de tuberías, hablamos de poesía. ¿Cómo se puede describir a la poesía como el concurso de Miss América? “Si, me gusta Byron, le doy 42 puntos pero le fallan las piernas”. 
»Quiero que todos arranquen esa página. Adelante, arranquen la página entera. Ya me han oído, arránquenla. ¡Arránquenla! ¡Vamos, arránquenla! 
»Gracias, señor Dalton. 
»Señores, hagan el favor de arrancar esa página. Arranquen la introducción entera. Quiero que desaparezca, fuera, que no quede nada. ¡Arránquenla, vamos! ¡Hasta nunca J. Evans Pritchard, doctor en Filosofía! ¡Arranquen, rompan, hagan trizas, arránquenla! Sólo quiero oír cómo arrancan al señor Pritchard. Haremos un rollo y lo pondremos en el váter. 
»No es la Biblia, no irán al infierno por eso. 
»En trocitos pequeños, que no quede nada.
»¡Arránquenla! ¡Rómpanla! 
»¡Sigan rompiendo, señores! Esto es una batalla, ¡una guerra! Las víctimas podrían ser sus corazones o almas. 
»Gracias señor Dalton. 
»¿Ejércitos de estudiantes que avanzan midiendo la poesía? ¡No! ¡Aquí no los tendremos! Se acabó el señor Evans Pritchard.
»Ahora, querida clase, aprenderán a pensar otra vez por sí mismos. Aprenderán a saborear las palabras y el lenguaje. A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo.
»Veo que el señor Pitts piensa: “La literatura del XIX no tiene nada que ver con la escuela de comercio o la facultad de medicina”. ¿Verdad? Es posible. 
»El señor Hopkins quizá también piense: “Sí, deberíamos limitarnos a estudiar al señor Pritchard, aprender la rima y métrica y olvidarnos de intentar alcanzar otras ambiciones”.
»Les contaré un secreto. Acérquense. ¡Acérquense! No leemos y escribimos poesía porque es bonita, leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana, y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos. 
»Citando a Whitman: ¡Oh, mi yo!, ¡oh, vida!, de sus preguntas que vuelven, del desfile interminable de los desleales, de las ciudades llenas de necios. ¿Qué de bueno hay en estas cosas, oh, mi yo, mi vida? Respuesta: Que tú estás aquí, que existe la vida y la identidad, que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso. Que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso…
»¿Cuál cederá su verso?


La sociedad de los poetas muertos: Entender la poesía, por J. Evans Pritchard, doctor en filosofía