«¿Cuál es el primer deber
del hombre?
La respuesta es
muy breve:
ser uno mismo».

Henrik Johan Ibsen

Qué pasaría si dijeras que puedes hacer llover

La siguiente conversación está basada en un chat real y ha sido ligeramente modificada para mayor comprensión lectora. Cualquier similitud con la fantasía es mera coincidencia. 


Yo: ¿Te conté que una vez hice llover?
Ella: ¿Qué querés decir?
Yo: Que una vez hice llover.
Ella: Me estás jodiendo, ¿no?
Yo: No.
Ella: ¿Cómo hiciste llover?
Yo: Queriendo que pasara.
Ella: ¿Es joda?
Yo: Ponele que es joda...
Ella: ¡Mirá si vas hacer llover! Puede ser casualidad.
Yo: ¡Si! ¡Mirá si voy a hacer llover! (?)
Ella: Y, obvio que no.
Yo: ¿Quién se va a creer ésa? ¿La gente que lo vio, capaz? (?)
Ella: No es algo para creer o no creer.
Yo: Ponele que no hice llover. Pero se puede hacer llover.
Ella: Es algo imposible.
Yo: No es imposible.
Ella: Bue... Ya hablás pavadas.
Yo: “Como no sabían que era imposible, lo hicieron”, dice una frase.
Ella: Mirá, no voy a discutir. Si querés creer que hiciste llover y te hace feliz, seguí siendo feliz.
Yo: No quiero discutir. ¿Por qué te calentás? Estoy en son de paz.
Ella: No me caliento. Pero ya que pienses que hiciste llover, Jorge… No sé, voy a pensar que te falla... Lamento decírtelo así. No medís lo que estás diciendo. Qué, ¿manejás el clima? No. Y no me salgas con que lo imposible es… Porque creo que…Y, bla, bla, bla.
Yo: Me hacés reír. Me hacés reír porque te calentás y no sé por qué.
Ella: No me caliento. Me asustás.
Yo: Por eso te ponés así, porque te asustás... 
Ella: Me asustás porque si pensás eso estás mal, Jorge.
Yo: ¿Vos pensás que todo lo que pasa en las películas es ciencia ficción? Qué ilusa que sos, ¡eh! 
Ella: No (?).
Yo: Yo no pienso que hago llover. Yo no hago llover. Pero se puede hacer llover, aunque vos creas que es una locura.
Ella: Bueno.
Yo: ¿Creés que se puedan mover cosas con la mente?
Un rato después…
Yo: ¿No me vas a hablar más?
Ella: No.
Yo: ¿Por qué? ¿Te enojaste? No entiendo... Es una boludez enojarse por esto.
Ella: No estoy enojada.
Yo: Pero te molestás.
Ella: Tampoco.
Yo: Bueno, algo te pasa…
Ella: Me parece una boludez lo que decís.
Yo: ¿Por qué te parece una boludez?
Ella: Y, una cosa es tener sueños, tener esperanzas… Pero tampoco vas a creer cualquier cosa.
Yo: Creo cosas que vi. Si me lo contaran hoy, capaz no lo creería...
Ella: Bueno, Jorge, mejor no hablemos más. Vos seguí tu vida, yo la mía…
Yo: Qué feo que me discrimines así por creer en algo que vos no creés.
Ella: Bueno, como digas. Si pensás eso… 
Yo: No se puede hablar con vos, ¡eh! ¿Al menos sabés que se puede hacer llover bombardeando las nubes?
Ella: Suerte.
Yo: ¿Me podés hablar bien? Ya está, no hagas caso a lo que dije, no tiene importancia.
Ella: Dejalo ahí, Jorge.
Yo: Sí, lo dejamos ahí, pero hablame por lo menos.
Ella: Prefiero que no hablemos más. Ya fue.
Yo: ¿Por qué?
Ella: Porque te vas al extremo. Vos seguí tu vida y yo la mía, como siempre.
Yo: ¿Qué es el extremo?
Ella: ¡Ah! ¡Ya está! ¿Sí? Basta.
Yo: Mucha gente que conocés cree que Jesús resucitó y hablás con esa gente. Eso también es técnicamente imposible. Pero como está aceptado socialmente, no pensás que les falla algo.
Ella: ¿Y vos qué sabés?
Yo: Lo sé porque la mayoría de los habitantes argentinos son católicos y en tu vida te debés haber cruzado con muchos… Hasta es probable que hayas ido a un colegio católico.
Ella: ¿Vos qué sabés si yo no pienso que les falla?
Yo: Si pensás que les falla, les hablás igual, porque total le falla a todo el mundo y no es una locura "personal".
Ella: Sí, porque no me cuestionan por no creer como ellos.
Yo: ¡Yo no te cuestioné nada! Vos me estás cuestionando a mí. Me parece que no soy yo al que le falla algo, ¡eh!
Ella: Bueno, Jorge, sí, seguí en tu papel de siempre.
Un rato después...
Ella: La verdad, para mí, ya está. Chau.

Fin