Los lectores no llegan por arte de magia


Hace años tuve una página bastante popular con la que aprendí algo fundamental: los lectores no llegan por arte de magia: hay que buscarlos, contactarlos, conversar con ellos; hay que ser y, si no se es, hacerse todo un relacionista público. Por lo menos al principio.

No eres nadie para ellos, no te conoce nadie y no tienen forma de saber de ti si no te das a conocer, por más bueno o superdotado que seas. Y por más malo y mediocre también. 

Para revertir la situación deberás tenerlo claro. Bien claro. 

Pero una cosa es que no seas nadie para ellos, que no te conozca nadie y que no tengan forma de saber de ti si no te das a conocer, y otra que creas que no eres nadie, que no te conozcas a ti mismo ni siquiera un poco y que no encuentres la forma de darte a conocer o aún peor, que no te animes a hacerlo. Si es así, ni lo intentes: ya has fracasado. Dedícate a seguir a otros el resto de tu vida, como lo has hecho hasta ahora, y conténtate con ello, porque no sirves para esto. Si crees que lo lograrás, quizá lo logres; pero si no lo crees, tienes la certeza de que no lo harás. Así que, ¿para qué perder tu tiempo y hacérselo perder a los demás? 

Quienes alcanzan los estamentos más altos en cualquier rubro, no lo hacen por tener habilidades extrasensoriales como la de levitar, sino por asumir el valor de subir la escalera peldaño a peldaño, con inteligencia, amor y voluntad en acción. Lo hacen porque saben que nada que valga realmente la pena, se consigue sin esfuerzo. 

La magia de la vida radica en estar vivos. Y con vida, todo lo que nos proponemos lo podemos lograr. Es necesario que no aguardes por lo que quieres; debes ir a buscarlo. Debes atraerlo hacia ti. El día perfecto es hoy. El momento indicado, ahora. No esperes más. Así como todo en la vida, los lectores no llegan por arte de magia.