21/12/2012: La necesidad de que se acabe el mundo


Desde hace años, muchos presuponen que el viernes 21 de diciembre de 2012 acabará el mundo. Y a pesar de que la NASA lo desmienta en sus comunicados oficiales y los científicos aseguren que mucho de lo que se dice es una patraña extraída de libros y/o películas de ciencia ficción, un grupito selecto de obsesivos compulsivos, medio psicopatitas, que no quisiera tener cerca ni por todo el oro del mundo, se niega a creerlo. Aluden a las teorías de conspiración, a que se nos está ocultando información (es probable, pero en menos de una semana ¿qué me dirán si el mundo no ha acabado?), y a un montón de tonterías especulativas que lo único que demuestran es que, además de la estupidez, la imaginación humana es infinita. 

¿Tan miserables se sienten que tienen la imperiosa necesidad de que se acabe el mundo? ¿O es que son tan miserables que han creado esa necesidad para vendérsela a aquellos que creen precisarla? ¿Qué será?

Nótese hasta dónde llega el egoísmo humano, que algunos están deseando locamente que el próximo viernes todo acabe, porque no tienen el valor de cambiarse a sí mismos y, de ese modo, transformar su realidad. Prefieren depositar sus expectativas en un evento externo, del que ellos no podrían disponer ni hacer o deshacer nada: similar a esas personas que idolatran a otras, se fanatizan tras sus pasos, las siguen hasta la muerte o, incluso, después de ésta, ocupándose más de la vida de los demás que de las propias. 

Señoras y señores que profetizan el fin del mundo antes que acabe la semana, no les digo que se compren una vida porque aun no están en venta, pero... ¡constrúyanse una y déjense de joder, que hay gente que les cree y se suicida!