Las incomodidades de la comodidad

Estamos en la era de la tecnología. Una época donde con apretar unos cuantos botones obtenemos más de una de las cosas que creemos necesarias, como si nuestra meta fuese alcanzar el confort absoluto, hasta el punto que no debamos movernos siquiera para preparar una taza de café.


Las consecuencias del exceso de comodidades son devastadoras para nuestros organismos. Por una parte, nuestros cerebros se van acostumbrando a hacer casi todo apretando un botón, y para cuando algo presenta mayores dificultades, nuestra voluntad ha diezmado y no somos capaces de afrontarlo sin un arraigado sentimiento de tedio; por otra, la reducción del movimiento hace que nuestros metabolismos se enlentezcan y consuman menor cantidad de calorías, cuando las que ingerimos, muchas veces por aburrimiento, son bastante superiores, lo que se transforma en adiposidad. El resultado final es volvernos más lentos en todo el sentido de la palabra.

No es casual que el ser humano precise dormir una cantidad aproximada de ocho horas diarias, mientras permanece el doble de ellas despierto. Eso nos habla de que necesitamos mayor movimiento y menos reposo. Y cuando hablo de movimiento no sólo me refiero al físico, sino también al mental. Así como nuestro cuerpo se atrofia cuando no lo usamos, también la mente lo hace.  

Hace poco vi un video de una señora de más de ochenta años que bailaba como una de veinte. Tal vez mejor que una veinteañera. Era increíble. Al leer su historia, me enteré que lo había hecho durante toda la vida. ¿Cómo creen que llegaremos a esa edad si no usamos nuestro cuerpo para algo más que apretar botoncitos de colores? Lo más probable es que debamos apoyarnos en un bastón para caminar y que nuestros pasos sean más lentos que los de un caracol.

Caminar al menos una hora diaria o hacer algo de ejercicio no ha matado a nadie; elegir las escaleras en vez del ascensor de vez en cuando, tampoco. Si todavía no lo hacen y se deciden a probarlo, verán como su visión de la vida muta paulatinamente, su capacidad de resistencia aumenta y su espíritu se fortalece. Porque el deporte no sólo nos ayuda a mantener nuestros cuerpos saludables, sino también nuestras mentes activas. Porque nos guste o nos disguste, quien no se mueve, muere.