Unida en la partida - Soneto


No me abato, mi amor, porque es sabido
que en la hora vespertina el sol se oculta,
y aunque esa oscuridad su luz sepulta
permanece en el cosmos, encendido.

De modo que una vez que hayas partido
sabré que, aunque la ausencia nos resulta
como una maldición, como una multa,
sin estar, estaré a tu esencia unido.

Si todo es parte de una misma parte,
en vano es conceptuar que estarás lejos
si tengo un corazón que sabe amarte.

Si el amor floreció en nuestros espejos,
te amaré, así no pueda acariciarte,
pues veré en tus dos ojos mis reflejos.

JorgeAussel.com cumple un año


Un año atrás
puse un pie en el camino
a una ilusión:
ayer soñaba un sueño...
hoy sueño despertar.

Cuentan que un libro - Tanka


Cuentan que un libro
murió en la biblioteca,
lo abandonaron,
y el tiempo le echó tierra 
y no pudo enterrarlo. 

Todos somos cometas - Tanka


Si todos somos
cometas, ¿por qué algunos
pasan fugaces,
sin vestigios de gloria,
y otros marcan estelas?

El jardín de otoños exhumados - Tanka

El tanka es un tipo de poesía tradicional japonesa que consta de cinco versos de 5-7-5-7-7 sílabas.


Pinta el jardín 
de otoños exhumados, 
primaverales 
veranos consumidos...
inviernos por venir.

El eco de tu amor - Soneto con eco

"El soneto con eco es una sofisticada variante del soneto que fue utilizada durante el barroco, por autores como Lope de Vega y Francisco de Quevedo, entre otros. Se caracteriza porque la última palabra de cada verso es la repetición (eco) del final de la palabra inmediatamente anterior." — Wikipedia


Quisiera que este amor prosiga; siga
fugaz, cual estrella iluminando. Ando
por los campos caminando, minando
de albor, tu amor, que no desliga liga.

Cuando esta soledad mendiga diga
que corra tras de ti, sumando mando
a tu imperio alborotando, rotando
marcharé, sin tragar su amiga miga.

Con un lápiz confirmando, firmando
que tu ser, cuando desabriga, abriga,
estaré aislado admirando, mirando 

que esta unión se desperdiga. Perdiga 
la pena, el adiós aguardando, dando
el eco de tu amor que enviga viga.

Por cobardía


Tus problemas te perseguían como un asesino a sueldo con el poder de acabar con una vida que pudiera denominarse como tal, como un perro rabioso que cuanto más corrías, más se empecinaba en atraparte e hincar su dentadura en tu cerebro hasta hacerlo reventar. 

Pero el verdadero problema era que a medida que escapabas de todos ellos, no obtenías percatarte que las soluciones venían detrás, justo al lado de tus problemas. 

Si hubieses tenido el valor de detenerte por un momento para enfrentarlos como el sol se enfrenta a la noche en cada amanecer, hubieses sido feliz. Pero no quisiste hacerlo, optaste por huir como las aves cuando se avecina una tormenta, aunque arrastrándote por el suelo. Mas nunca fue por no enfrentar tus problemas. Más bien fue por no enfrentar tus miedos... 

Entre cuatro paredes


Cuando nos acercamos, nuestros corazones pulsan como dos bombas de tiempo a un minuto exacto de estallar. Un par de explosivos que destrozan los prejuicios impuestos por unas ciertas normas que gobiernan voluntades a través de un millar de culpas fabricadas. Y al detonar, denotan la agitada adrenalina que corre, cual un maratonista, por las pistas de las venas que recorren los atlas de nuestras entidades orgánicas. 

De un momento a otro el tiempo se acelera hasta disiparse; parece detenerse como las llantas de un automóvil en continuo movimiento. Y en un soplido que asesina las horas, la tenue luz que viola nuestra intimidad, que se introduce sin permiso por la pequeña ventana del pequeño dormitorio, nos habla del amanecer.   

Es entonces cuando pienso que contigo, cuatro paredes simbolizan libertad y la ciudad completa, una prisión: un ingente calabozo donde todo ese gentío significa el carcelero que esposa y que condena los deseos de ser, aunque sea por un instante, uno los dos, como si fuésemos ambos las únicas piezas de un rompecabezas imantado que se atrae y que se hermana para complementarse. Porque tengo la certeza de que sólo somos libres cuando actuamos sin las máscaras que nos ponemos para aparentar cordura frente a la locura de nuestra sociedad. 

El tirano


En nuestro cuarto oscuro votaremos a favor de la libertad de expresión de nuestras almas, que darán testimonio a través de nuestros cuerpos, por los candidatos del recuerdo o del olvido. 

El voto será secreto entre los dos. Si gana el olvido, reinará la anarquía. Si el recuerdo es reelecto, gobernará en nuestras mentes, y, como algunos políticos corruptos, nos robará el sueño por las noches. 

Lo tenebroso es que el amor dé un golpe de estado en pos de obtener el poder absoluto de nuestra existencia, porque así como vendrá con renovadas esperanzas, puede llegar a quitarnos hasta las ganas de soñar. 

Besarte en la penumbra


Para abrir una puerta entre nosotros, cerré la de la habitación. Gatillé el interruptor de la pared, disparé contra la luz que alumbraba tus temores y la hice desaparecer como un ilusionista en un truco de magia. 

Entre penumbras nadé por el seco mar del suelo y bordeé la fría orilla de la cama para atracar como un barco en el puerto de tu presencia, que simulaba ligera ausencia y me llamaba entre suspiros de silencio. 

Te volteaste hacia un lado y los ojos de mis brazos caminaron por tu cuello con atrevida prudencia, en el anhelo de observar el contorno de tus labios entreabiertos. Fue cuando empapé mi dedo índice con tinta transparente del tintero de tu boca y escribí sobre sus márgenes con trazo tembloroso y decidido un breve poema que reflejaba invisibles palabras de deseo y pasión.

A causa de la ceguera transitoria, acerqué mi rostro al tuyo como un explorador desorientado, que sin embargo inquiere porque sabe lo que quiere, mientras mis manos me guiaban por las colinas de tu cuerpo como un lazarillo a un invidente.

Un segundo después, en un instante intemporal, hurté el cofre del tesoro buscado, lo abrí con la llave bermellón que modula mi voz y naufragué tiernamente en las profundidades de sus cálidas aguas, sin reparo alguno de ahogarme en ellas para siempre. Pero pronto descubrí que tu boca era cual un mar del que a medida que bebía, más quería beber. Entonces comprendí que aunque lo ansiara, en tu boca jamás podría saciar mi sed.