Un abismo


Pasé del verano al invierno a través de un otoño infinito. De vez en cuando me asomaba a las puertas del balcón, que daba a la calle principal, y observaba a unos pocos transeúntes yendo a prisa por la vereda de enfrente, como si los vidrios de las puertas fuesen los de un televisor que transmitía en vivo una imagen de otra Tierra. Ahora esa calle ensombrecida por las copas de los árboles que atajaban la luz del sol, me era tan ajena como la vida y se advertía tan distante como el bienestar. Dos puertas y un abismo me separaban del afuera. Y ese abismo parecía imposible de cruzar. 

A punto de terminar mi primer libro


¿Por qué una fotografía de Rocky saltando en el Museo de Arte Contemporáneo de Filadelfia? Saquen sus propias conclusiones. 

Desde dos mil siete sueño con escribir y publicar mi primer libro. Hoy, a punto de terminarlo, me pregunto cómo haré para publicarlo: es tema conocido que para un escritor novel es prácticamente imposible hacerlo con una editorial reconocida sin tener un agente literario de por medio. Por lo general, la mayoría corre con los gastos de edición de su primer libro. 

Para autopublicarse existen diferentes medios. Uno de ellos es pagarse la edición, con una tirada que nunca va más allá de los mil ejemplares; lo más común es que sean muchos menos: entre doscientos y quinientos. Y, por lo que sé, muchos terminan repartiéndolos gratuitamente entre familiares y amigos. Los problemas que se me presentan son los siguientes: no tengo una familia numerosa, mi círculo de amigos es bastante reducido y no voy conformarme con esa miseria. Mientras otros trabajaban en las fábricas, oficinas, colegios, etc. y eran remunerados económicamente por las labores que cumplían, yo lo hacía frente al ordenador sin cobrar un centavo. Ahora que terminé mi libro, no quiero regalarlo. Siempre he regalado mi trabajo, porque mi paga era el placer que sentía realizándolo, pero esta vez no es igual. Siento el mismo placer, pero para seguir escribiendo, para poder dedicarme a la literatura, necesito vender mis libros, por más difícil o imposible que parezca. Existen infinidad de escritores que viven de su trabajo, aunque haya otra infinidad que no lo haga. Lo sé. Pero todo el mundo empezó alguna vez y estuvo en la misma situación en la que estoy ahora y de mí depende el lado en que me encuentre en un futuro.

La pregunta del millón es: ¿cómo vender esos libros que uno autoedita? Bueno, conozco algunos escritores que lo hacen a través de Internet y distribuyen sus libros de diferentes formas. Algunos anuncian que van a estar tal día a tal hora en tal lugar por si alguien les quiere comprar un libro. Otros lo envían autografiado por correo a cualquier parte del mundo, aunque por supuesto, los gastos de envío aumentan el precio del libro. Y les puedo asegurar que los venden, por más increíble que parezca. 

Otra de las opciones que tenemos hoy día los escritores es publicar en la tienda online de Amazon, donde los lectores compran un ejemplar electrónico en formatos como el PDF, a un precio irrisorio, que en ocasiones no supera el euro. Esta es una buena opción que me planteo desde hace mucho tiempo, aunque no termina de convencerme, porque yo mismo me encuentro entre esa gente que no le gusta leer libros en pantalla. Para mí, y llámenme anticuado si quieren, no hay como tener un libro entre las manos.

Así que hoy día me debato entre las muchas opciones y pienso estrategias para vender mi libro. 

Me gustaría que ustedes, mis lectores, las personas que me acompañan desde hace tiempo, me den su opinión y aporten sus ideas al respecto de la manera más conveniente para la publicación de mi primer libro. ¡Anímense! Todos los comentarios serán bienvenidos; incluso los de aquellos que desde el realismo podrían intentar hacerme desistir. Sepan que eso es imposible: estoy muy convencido de lo que quiero. Y lo haré. No tengan dudas que lo haré.  

Dudar es pensar

"La duda es uno de los nombres de la inteligencia." (Jorge Luis Borges)


El manual del mandato social nos plantea directa o indirectamente que la duda es mala; sobre todo quienes se proclaman religiosos. Pero ¿acaso los hombres de fe no dudan? Claro que sí. Un hombre que cree sin dudar es un fanático y nada más distanciado de la fe. 

En algunos pasajes de la vida, cuando alcanzamos una cierta madurez, que no depende en absoluto de la edad cronológica, debemos empezar a poner a prueba nuestras creencias, desconfiar de ellas, e incluso plantearnos la posibilidad de que podemos estar equivocados y haber creído desde tiempos inmemoriales en más de una falacia. 

Dudar no es un delito, es una herramienta que tenemos que aprender a usar. 

No puedo aseverar que a través de la duda alcancemos la verdad, pero no dudar jamás, simboliza aceptar lo que podría ser una mentira atroz, y todo por la tranquilidad que confiere el hecho de no tener que movernos de lo que hemos establecido como real. Porque dudar es pensar. Y el cerebro es un órgano que muchos se niegan a usar... 

Los lectores no llegan por arte de magia


Hace años tuve una página bastante popular con la que aprendí algo fundamental: los lectores no llegan por arte de magia: hay que buscarlos, contactarlos, conversar con ellos; hay que ser y, si no se es, hacerse todo un relacionista público. Por lo menos al principio.

No eres nadie para ellos, no te conoce nadie y no tienen forma de saber de ti si no te das a conocer, por más bueno o superdotado que seas. Y por más malo y mediocre también. 

Para revertir la situación deberás tenerlo claro. Bien claro. 

Pero una cosa es que no seas nadie para ellos, que no te conozca nadie y que no tengan forma de saber de ti si no te das a conocer, y otra que creas que no eres nadie, que no te conozcas a ti mismo ni siquiera un poco y que no encuentres la forma de darte a conocer o aún peor, que no te animes a hacerlo. Si es así, ni lo intentes: ya has fracasado. Dedícate a seguir a otros el resto de tu vida, como lo has hecho hasta ahora, y conténtate con ello, porque no sirves para esto. Si crees que lo lograrás, quizá lo logres; pero si no lo crees, tienes la certeza de que no lo harás. Así que, ¿para qué perder tu tiempo y hacérselo perder a los demás? 

Quienes alcanzan los estamentos más altos en cualquier rubro, no lo hacen por tener habilidades extrasensoriales como la de levitar, sino por asumir el valor de subir la escalera peldaño a peldaño, con inteligencia, amor y voluntad en acción. Lo hacen porque saben que nada que valga realmente la pena, se consigue sin esfuerzo. 

La magia de la vida radica en estar vivos. Y con vida, todo lo que nos proponemos lo podemos lograr. Es necesario que no aguardes por lo que quieres; debes ir a buscarlo. Debes atraerlo hacia ti. El día perfecto es hoy. El momento indicado, ahora. No esperes más. Así como todo en la vida, los lectores no llegan por arte de magia. 

«Mientras escribo» de Stephen King


Ayer por la mañana, Paula, una de mis “seguidoras” de Facebook, me recomendó echarle un vistazo al libro «Mientras escribo» de Stephen King, de la página 67 en adelante, aludiendo que «es bastante bueno». Y además me compartió un enlace directo hacia el libro en español, que enseguida abrí para ver de qué se trataba.    

A los pocos minutos de empezar a leer recordé que dos años atrás, el psicólogo al que iba por entonces me recomendó el mismo libro, tras que le comentara con fascinación que días antes había leído «Carrie», la primera novela publicada por King.

«Mientras escribo» es un libro sin desperdicio donde Stephen King narra sus experiencias como escritor y/o lector a lo largo de toda su vida, al mismo tiempo que sirve de referencia para jóvenes escritores como yo, o para cualquiera que quiera aprender más sobre el oficio de escribir. Quizá sea una observación apresurada, pero a un día de haberlo leído ya se encuentra entre mis libros de cabecera, por ser uno de esos particularísimos textos que uno volvería a leer en cualquier momento, con el mismo entusiasmo que la primera vez. 

Una de las tantas páginas del libro, con la que me identifico:

Crepúsculo: una película infumable


Había escuchado hablar tantas veces de la película Crepúsculo que, aún con la sospecha de perder otras dos horas de mi vida con una absurda y trillada historia de vampiros, la descargué en español latino y la vi  hoy por la tarde, a cuatro años y tres días de su estreno oficial en Estados Unidos. Debo confesar que me equivoqué: a la película no le caben los adjetivos calificativos con que la prejuzgué por tratarse de otra historia de esas criaturas chupasangre; es peor que eso; es infumable. 

La película Crepúsculo, como casi todos saben, está basada en la primera de una serie de cuatro novelas escritas por Stephenie Meyer, y lleva por defecto el mismo nombre. Como no leí el libro no puedo referirme al mismo con objetividad, pero conjeturo que adolece de la misma falta de argumento e imaginación que la película, a excepción de algunos rasgos peculiares de sus vampiros, que aun me mantienen en la disyuntiva de establecer si son dignos de halago o reprobación. 

En cuanto a tecnicidades, no sé nada de actuación, pero si a los protagonistas les hubiesen sacado una fotografía y las hubiesen pegado en sus caras, no habría habido discrepancia. Intento expresar que no transmiten lo suficiente en cada escena; se quedan en la superficialidad del personaje, y eso demuestra un claro error de dirección. La cara que pone la actriz que interpreta a Isabella, a lo largo de toda la película me da la sensación que más que enamorada está todo el tiempo excitada, con un indómito deseo de tener sexo desenfrenado con Edward; mientras que éste parece solamente preocupado en alardear por la suerte que tuvo con que le dieran el papel del galán. 

Siento ser duro, pero estoy harto de las películas que sólo persiguen un fin económico, de los vampiros que más que la sangre nos chupan la energía y de los autores que no dejan nada y publican en papel sus borradores, sin una pizca de innovación.

Prometo, y que me abduzca un extraterrestre depredador de humanos si rompo el juramento, que jamás escribiré una historia parecida. Si quieren dilapidar su tiempo vean Crepúsculo. No se decepcionarán.

Después de más de un mes


Sé que no es conveniente hacerlo y quizá tampoco mencionarlo, pues de no hacer alusión al hecho, el mismo podría pasar desapercibido para unos cuantos en poco tiempo, pero ha transcurrido más de un mes desde que publiqué la última entrada del blog y es en vano cualquier tentativa por ocultarlo. 

Quienes me siguen en las redes sociales, especialmente a través de Facebook y Twitter, sabrán que no estuve totalmente ausente: publiqué casi a diario y, en ocasiones, dos, tres y hasta cuatro estados.

De a poco iré retomando el hilo y les contaré sobre mis planes y las muchas cosas que estuve pensando y haciendo últimamente. Pronto terminaré mi libro y me lanzaré a la odisea de publicarlo: no hay nada que yo más quiera desde hace años.