«¿Cuál es el primer deber
del hombre?
La respuesta es
muy breve:
ser uno mismo».

Henrik Johan Ibsen

Diálogos con mi padre: ¿Qué pensás hacer de tu vida?


–¿Qué pensás hacer de tu vida? –me pregunta mi padre.

–Escribir –respondo–. Ser escritor... 

–Bueno. Pero eso no es redituable.

–Hay un montón de escritores que viven de escribir.

–Son muy pocos.

–Yo puedo ser uno de esos.

–Hace ocho años que estás ahí, encerrado en tu pieza. Y, ¿qué hiciste?

–Hice muchas cosas, lo que pasa es que no se ven.

-¿Y cómo es que no publicás un libro?

–No es tan fácil.

–Con todo lo que decís que escribís, tenés que tener como para editar cinco libros.

–Cinco no, pero tengo mucho material. Esto no se trata de escribir y editar al otro día. Hay que perfeccionarse. Si hubiera editado en dos mil siete, cuando nació mi sueño de publicar un libro, me hubiera arrepentido para siempre.

–Hoy lo que funciona es contar una buena historia de vida. A la gente le gusta saber sobre la vida de las personas y más cuando es una historia interesante. ¡Con todo lo que yo te hablo no sé cómo todavía no escribís una novela! En la novela vos podés agregar, sacar cosas… No tiene por qué ser tal cual como fue la realidad. La que vivimos con mi viejo es una historia como la de Rocky. ¡Esa historia tenés que contar!

–Ya sé, pero yo todavía no escribí ninguna novela. Y sé que la poesía y el cuento no venden tanto, pero es lo que más escribo.  

–Si no escribís algo que pegue te vas a cagar de hambre. Yo siempre quise escribir un libro. Un día le conté a Horacio, tu padrino, y me dijo: “Si no sos conocido, ¿a quién se lo vas a vender?”.

–El autor más vendido de la república argentina escribía aforismos, como escribo yo.

–¿Narosky? 

–Sí, Narosky.

–Pero Narosky estaba en la radio y la televisión, por eso vendió tanto. 

–Pero todos empezaron siendo desconocidos alguna vez. Hasta a los más grandes escritores no los conocía ni la madre en sus comienzos. Borges en un año vendió solamente treinta y tres copias de uno de sus libros. ¡Y es Borges!

–Ya sé. Todo es así. Yo siempre digo que para ir a Luján se empieza con el primer paso. Pero si seguís ahí encerrado, ¡no sé a quién le vas a vender un libro! Tenés que salir al mundo, enfrentarlo y pelearle a la vida. 

–¿Querés que salga con un cartel que diga “soy escritor”? No funciona así. Hoy en día la computadora es una herramienta indispensable para darse difusión. Todos los escritores escriben “encerrados”. ¿Querés que ande escribiendo por la calle? Necesito concentrarme. Además, ¿salir al mundo? ¿Qué mundo? Ese mundo del que hablás es la sociedad y a mí me importa un carajo salir a ese mundo. Al mundo salí el día que nací y para estar vivo no hace falta ir a ningún lado; lo único que se necesita es ser consciente. ¿O me vas a decir que cuando la gente de mi edad sale a chuparse y drogarse por ahí, vive? No creo que estén muy conscientes drogados y mamados, ¡eh!

–¿Sabés cuánto te falta a vos? Ves todo muy fácil. Los pibes de ahora se creen que con la computadora van a arreglar el mundo. 

–Yo no veo todo tan fácil, pero tampoco lo veo tan difícil. Fácil o difícil lo hacemos nosotros.

–Algo tenés que hacer, no podés seguir ahí encerrado sin hacer nada.

–“Nada” no es precisamente lo que hago: escribo. Y además, me estoy entrenando. 

–Pero con la energía que vos tenés podrías hacer mucho más. Y todo lo que te digo, te lo digo por tu bien. Yo no quiero nada para mí. Si harías otras cosas te sentirías mejor. 

–El otro día veía un documental de grandes genios de la historia que se la pasaban encerrados haciendo descubrimientos que después sirvieron a millones.  

–¿Pensás “descubrir” algo? 

–No sé. ¿Quién sabe? Cuando escribo descubro muchas cosas. 

–¿Sabés cuántos escritores murieron en la miseria? Hay que tratar de no ser uno de esos. Lo único que vale la pena en la vida es ser feliz y sin guita no hay felicidad posible. Te lo dice alguien que no es materialista. Sino te tenés que ir a vivir a la montaña o a un monasterio. Ahí se hacen todo: comen lo que cultivan, están en silencio... ¿No te gustaría hacer una Meditación Vipassana? 

–¡Dale con la Vipassana! Cuando escribo soy feliz...

–¿Y qué te dice la gente cuando le decís que escribís? Si le decís a una mina que no hacés nada, ya arrancás mal. 

–¿Qué es lo que no se entiende de “escribo”? No hago “nada”, no. Escribo. ¡Es-cri-bo! Y me chupa un huevo lo que diga el mundo porque escribir es lo que hago y lo que amo. 

–Parece que a vos todo te chupa un huevo… Pero cuando viene la cuenta de la luz, el gas, esto y lo otro, no puedo ir y decirle a Edenor: “Espéreme, señor, que estoy escribiendo. Cuando venda un libro le pago”. 

–Ya sé…

–¡Tenés que conectarte con el mundo! ¡Salir a la vida! En vos hay un artista inconmensurable. Tenés un potencial enorme que si no lo sacás se te va a volver en contra y te va a explotar adentro. Yo sé lo que te digo. Dame bola.    

–Eso está bien. Pero el escritor generalmente no conoce a todos sus lectores. En el blog me leen personas que yo no tengo ni la más puta idea...

–¿Cuántos seguidores tenés? El otro día estaba escuchando que no sé quién tiene cuatro millones...

–No tengo tantos. Estoy arrancando. Para tener cuatro millones de seguidores tenés que ser famoso. 

–Liliana dice que a vos te lee mucha gente. Siempre te halaga por cómo escribís.

–Sí, me lee bastante gente. Pero recién empiezo… 

–Ya sé que no me vas a dar bola, pero ¿vos sabés lo que tenés que hacer? ¡Teatro! Ahí te vas a sacar toda la timidez. ¡Explotá las condiciones que tenés! Si yo hubiera tenido tus ojos, no sé… ¡Me hubiera cogido hasta a Dios y María Santísima! Igual con estos ojitos marrones no me fue tan mal… ¡Mira que me cogí minas, eh! No me cogí a mi abuela porque ya estaba muerta. 

–Lo más cerca que puedo estar del teatro es escribiendo una obra. 

–¿Ves que no me das bola? Te digo que vayas a hacer artes marciales, no querés; te digo que vayas a hacer teatro, tampoco; te digo que vayas al psicólogo o psicóloga, hay que ver con quién te sentirías mejor, porque te va a hacer bien, y me decís que no; te digo que te metas en una editorial a hacer esos dibujitos que vos hacías… ¡Como dibujás vos! ¡Si yo dibujara como vos ya estaría pintando minas en bolas! Hace cinco, siete años, no sé… ¿cuándo fue?, hiciste el atril y ahí quedó. ¿Cuándo vas a pintar algo? Hace un año ibas a hacer el curso de chef, me dijiste que las inscripciones empezaban en... ¿marzo?, ¿febrero? Y al final eso quedó en nada. 

–Porque yo no quiero ser chef, ¡quiero ser escritor! Quiero “cocinar” libros. Siempre fue igual, como cocinaba bien, decían que tenía que ser chef; como dibujaba bien, tenía que ser pintor; como nadaba bien, tenía que ir a las olimpiadas de Pekín dos mil ocho; como era bueno con las manualidades y el uso de las herramientas, me metieron a esa porquería de industrial que después lo detestaba, y así sucesivamente. Pero no. Yo siempre dije que iba a terminar haciendo algo que nadie se imaginaba. Y sé que nadie pensaba que iba a ser escritor, porque desde los cinco años detestaba los libros, escribir y mi letra era un espanto. ¡Como si fuera poco, entre otras cosas, repetí octavo año por sintaxis y poesía! 

–Bueno, ¿vos estás muy convencido de lo que querés? Lo único que te digo es que para lograr cualquier cosa en la vida hace falta sacrificio. Los que piensan que sin esfuerzo van a llegar a algo, están muy equivocados. Elegiste un camino duro, jodido. Yo lo único que te deseo es que el mundo sea tuyo. Capacidad te sobra. Hay que ver qué hacés vos con todo lo que tenés.