«¿Cuál es el primer deber
del hombre?
La respuesta es
muy breve:
ser uno mismo».

Henrik Johan Ibsen

Errar es humano, disculparse divino

Tuve un mes complicado. Me peleé con medio mundo. Discutí con medio mundo. Me exasperé por cosas que no debería haberme exasperado. Me enfermé. Emití un insulto en mis redes sociales que no debería haber emitido y luego lo eliminé por su evidente carga violenta.

Las redes tienen esa espontaneidad que puede ser tan beneficiosa como perjudicial. Por una parte, uno se puede comunicar en un instante con el resto de las personas interesadas en lo que dice, sin ningún intermediario. Por otra, en un arrebato se puede llegar a decir lo primero que pasa por la mente y originar un escándalo. Es lo que, salvando las distancias abismales, sucede a menudo con las celebridades, que comentan algo desafortunado en Twitter y se arma un revuelo mundial. Por fortuna, los líos que yo pudiera haber ocasionado, fueron en miniatura, por el  limitado poder de alcance de mis opiniones. 

El estado del insulto al que hago referencia, fue el más visto del mes en mis redes sociales y el que más clics de apoyo cosechó. Hasta esa mala suerte tuve. ¿Será que en el fondo muchas personas estaban tan enojadas como yo y de ese modo descargaron también su frustración? No sé, es una posibilidad. 

Por eso se debe tener mucho cuidado con lo que se hace, se dice o se escribe, porque la violencia está en el aire y en cuanto alguien enciende la menor chispa, explota todo. 

Quiero pedir disculpas por mis reacciones desafortunadas. De aquí en adelante, espero poder meditar con más calma aquellas cosas que por alguna razón me molesten o incomoden, para no cometer los mismos errores.