Morí otra vez,
producto de las bombas
surgidas de fisuras de una cara.
Con la mano invisible recogí mis pedazos,
conviví con la muerte hasta el fin de los días
en que muerto vivía por temor a morir,
y broté como flores que se nutren de cuerpos
y del agua del llanto y de luces prestadas,
como lunas que importan su blancura del sol.
Con el filo de una lengua hoy saco punta al corazón
o me opero de arrogancia o de soberbia
o de mentira…





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