«¿Cuál es el primer deber
del hombre?
La respuesta es
muy breve:
ser uno mismo».

Henrik Johan Ibsen

Mi otro alguno



Busqué mis manos en tu cuerpo,
las hallé perdidas,
las tomé con tus dedos en la noche sombría
de ese cuarto de ensueños,
cuyo peso superaba al de tres cuartos restantes,
y cual un reptil sobrevolé
por la profundidad de tu superficie
esbozando un cuadro en el atril
que se afirma en tus caderas.

Pero al cabo de las noches de mis días,
¿dónde iba a desplegar todo mi arte
si contigo te llevaste el bastidor?

El vacío aparcó en el cielo estrellado
que se posa en mis tres ojos de murciélago
cuando me encuentro recostado
y no te encuentro.

Entonces te dibujo con un trozo de penumbra,
con un hilo de luz del farol de la esquina
que como un ladrón
teje entrar por mi ventana,
y te engaño
con tu otra tú.
Y me engaño que me engañas
con mi otro alguno,
que me hace aparecer
como un fruto marginal
de su imaginación.