«¿Cuál es el primer deber
del hombre?
La respuesta es
muy breve:
ser uno mismo».

Henrik Johan Ibsen

Reflexión sobre la disco que se incendió en Brasil

A continuación, la noticia de los hechos sobre los que baso mi reflexión del día de hoy, publicada por el diario Clarín:


Una disco se incendió por una bengala: 233 muertos

POR ELEONORA GOSMAN

Fue casi un calco de la tragedia de Cromañón. El disparo contra el techo de espuma inició el fuego cuando tocaba una banda. La única salida estaba cerrada. La mayoría murió por asfixia. Pesar de Dilma.


Rescate. Una de las víctimas del incendio es trasladada en la madrugada de ayer a un hospital en Santa María, 300 kilómetros al oeste de Porto Alegre, donde ocurrió la tragedia./AP

SAN PABLO. CORRESPONSAL - 28/01/13

Fue una cuestión de minutos, pero bastó para que el episodio se convirtiera en una de las peores tragedias de la historia de Brasil. “La banda que tocaba en el palco comenzó a tirar bengalas y de repente interrumpieron el show y apuntaron hacia arriba. Había fuego en el techo y en cuestión de segundos comenzaron a caer pedazos de goma en llamas”. Este fue el relato de uno de los jóvenes que sobrevivieron al pavoroso incendio que destruyó en el comienzo del domingo la discoteca Kiss, en la ciudad brasileña de Santa María, estado de Río Grande do Sul, a 300 kilómetros de Porto Alegre. El fuego y el humo tóxico dejaron 233 muertos y casi dos centenares de heridos, la mayoría víctimas de la asfixia y de los pisotones cuando se cayeron o fueron derribados en su desesperado intento de ganar la única salida, que estaba cerrada.

Todo ocurrió durante un festival que había sido organizado por estudiantes de la Universidad Federal de Santa María. Por una de esas ironías malditas del destino, la fiesta había sido denominada “Aglomeración”. La tragedia se inició cerca de las dos de la madrugada, hora local, cuando tocaba el grupo Gurizada Fandangueira. La causa y las circunstancias que rodearon al luctuoso hecho guardaron una gran similitud con el siniestro de 2004 en Buenos Aires, cuando 194 chicos perdieron la vida en Cromañón. A diferencia de la tragedia porteña, cuando ninguna autoridad nacional de alto nivel concurrió al lugar ni consoló de inmediato a los familiares de las víctimas, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, abandonó la cumbre del Mercosur y la Unión Europea que se desarrollaba en Chile y se apersonó en el lugar del hecho junto a cuatro de sus ministros.

Como en Once, un show pirotécnico, con disparos de fuegos artificiales, terminó por impactar en la estructura de la disco brasileña. El recubrimiento de las paredes con espuma de goma, usada como material aislante de los ruidos, hizo su parte: un humo extremadamente tóxico invadió el local y desmayó a los jóvenes. Pero otros elementos explican también el tamaño del desastre, el segundo más grave en su tipo en el país. Ocurre que los custodios del local, que no percibieron de inmediato el accidente, cerraron la única puerta de acceso para evitar “la salida sin pagar”.

Fueron minutos preciosos hasta que advirtieron el error. El relato del estudiante de medicina Murilo Tiecher, una de las 2.000 personas que –según estimaciones extraoficiales– estuvieron en el boliche, no deja dudas. “Los custodios trataron de impedir nuestra salida, y a eso se sumó que había unas barreras colocadas en la entrada del local para organizar el ingreso. Había que saltar por encima de ellas para ganar la calle”, dijo el joven de 26 años. Una vez sorteada esa traba, Tiecher y quienes pugnaban por escapar de las llamas y el humo, se topaban con los guardianes que “habrían los brazos para bloquear el paso. No se daban cuenta de la gravedad de la situación, no veían el incendio de adentro. Y recién reaccionaron cuando el humo llegó a la puerta”. Hasta ese momento, creían que la salida en estampida de la gente era a causa de una pelea entre grupos rivales. “No querían que nos fuéramos sin pagar”, narró Tiecher. “Si no hubieran trabado la salida, muchas vidas se habrían salvado”, agregó.

Anoche, la administración de la discoteca Kiss lamentó la tragedia y sostuvo en una nota que sus trabajadores “están debidamente entrenados y preparados para cualquier situación de contingencia”. Asimismo, dijo que la prioridad de la empresa era asistir a los sobrevivientes y las familias de las víctimas, para lo que ofreció un “equipo multidisciplinar” con psicólogos y médicos.

Otro testigo relató que los bomberos entraron muy rápido en acción y que muchos de quienes se habían salvado intentaron regresar al interior del local en llamas para rescatar víctimas. “Pero el humo ya no permitía ver lo que ocurría adentro.

Sólo se escuchaban gritos desgarradores. Llegamos a rescatar algunas personas agarrándolas de los cabellos. Muchos salían en calzoncillos y en bombacha: usaron las camisetas para protegerse del humo”, dijo un sobreviviente.

Cuando llegaron los bomberos, tuvieron que derribar una pared de la disco para usar las mangueras de agua. “Vi muchos chicos con paros cardíacos”, relató un rescatista. Muchos de los estudiantes se equivocaron y entraron a los baños, cuyas puertas estaban junto a la salida. “Encontramos decenas de cadáveres apilados contra las paredes”, comentó un policía a la TV brasileña. Hasta anoche no se sabía exactamente el número de personas que estaban en el local, cuyo permiso de funcionamiento había vencido en agosto último. Pero la disco estaba a full en el momento en que estalló el incendio. Uno de los seis músicos de la banda figura entre los muertos.

Esta es la segunda gran tragedia brasileña. La primera ocurrió en 1961 cuando se quemó el Circo Americano y dejó 503 víctimas en Niteroi. Anoche, Dilma dispuso tres días de luto nacional.

Enlace a la noticia original


Mi reflexión

Lo que ocurrió en la discoteca de Brasil es una consecuencia directa de la negligencia, la codicia y la avaricia humana, potenciadas por la suma de los factores.

Políticos corruptos que no hacen adecuadamente su trabajo, inspectores que aceptan coimas, dueños de locales que pretenden ganar más dinero a costa de la seguridad de centenares de personas, bandas de música que no tienen conciencia de su responsabilidad como referentes de las masas y que encima las asesinan. Masas que están compuestas por personas como ellos, como vos y como yo...

Quienes responsabilicen a las víctimas, alegando que los padres tienen que saber dónde van sus hijos, que recuerden el accidente del tren de TBA que colisionó en la estación de Once, ocurrido un año atrás en Buenos Aires, Argentina. Todos sabíamos dónde iban esas personas, pero no sabíamos que el tren en el que iban y todo el sistema ferroviario no tenían el mantenimiento adecuado para transportar a millones de usuarios sin matar a ninguno. A pesar de que el sistema era deplorable, porque yo mismo utilizaba y utilizo la línea frecuentemente; línea que desde hace un tiempo están mejorando, pero todavía falta mucho para que podamos decir que tenemos un buen servicio.

No transfiramos el problema a las víctimas, al inocente usuario de tren que, como yo, no entiende nada de mecánica ferroviaria. No culpemos a un padre que tiene que dejar que sus hijos salgan a la calle o a un joven que no tiene la menor idea que la disco a la que asiste no posee las salidas de emergencia que debería tener por ley o el material ignífugo necesario para que no ocurra lo que ocurrió.

Un mínimo de sentido común, por favor. Un mínimo de respeto hacia la gente que está sufriendo.

Para que estas cosas no pasen más, necesitamos tomar conciencia entre todos. Y no podemos tomar conciencia si no hacemos foco en los verdaderos responsables, en las cosas que se hicieron mal y en las cosas como deberían hacerse. Porque sino cualquier otro comerciante se va a sentir en el derecho de coimear a un inspector, con tal de conseguir la habilitación, y éste en el de recibir la coima y hacer como que no pasa nada. Porque sino otro político se llenará los bolsillos con las mismas coimas que reciben los inspectores, pensando que nunca lo van a descubrir. Porque sino otra banda, cuando todo el sistema haya fallado, va a seguir usando o dejando que usen bengalas en lugares cerrados, porque total hasta entonces vinieron zafando de morir todos intoxicados o carbonizados.

La mía es una opinión personal y, como todas las opiniones personales, muy subjetiva y refutable. Cualquiera puede disentir conmigo. Pero eso no tiene importancia. Acá lo único que importa es la realidad. Y la realidad nos dice que una vez más, otros centenares de personas han muerto a manos de seres humanos corruptos, en un incidente que podría haberse evitado.

Yo no pretendo que cada uno se queje conmigo del sistema corrupto que tenemos, sino que cada uno, al leer estas líneas, piense en sí mismo y en que tenemos que hacer bien nuestros trabajos, cualesquiera que sean, porque sino las consecuencias serán tan negativas como las que ahora tenemos que lamentar de nuestro país hermano.