Entre tus piernas

Si tengo que morir arrodillado
yo prefiero que sea entre tus piernas
con la lengua a la luz de sus cavernas,
sobre el monte de Venus reposado.

Y estar entrambos muslos esposado
de cara hacia tus dos caras internas.
Y leer lo que en ellas encuadernas
como el último afán de un condenado.

Pero no esperes nunca que me rinda
pues siempre persevero en lo que quiero,
y en caso de poder, mato primero.

Aunque al fin pedirás a gritos, linda,
que acabe de una vez con la tortura,
hasta beberme a sorbos tu cordura.