Yo necesito creer

I

Yo necesito creer
que el mundo va hacia algún lado
aunque su chasis quebrado
ha comenzado a ceder.
Yo necesito beber
de la copa de este sueño
aunque sea tan pequeño
que sobre en el infinito...
Y si soñar es delito,
la culpa ya tiene dueño.

II

Yo necesito creer
pero la guerra se acerca
y no habrá vuelta de tuerca
que la pueda detener.
Muchos van a perecer
en la batalla final,
y aunque pases de canal
también arderá tu casa:
el fuego con todo arrasa
y el hombre con su arsenal.

III

Yo necesito creer
que habrá un mañana tranquilo
pero ya estamos al filo
y a tres pasos de caer.
No es que quiera estremecer
a todas esas personas
que cuando las amontonas
no las distingues de nadie,
pero irradie lo que irradie
caeremos si no reaccionas.

IV

Yo necesito creer
que al terminar el partido
no estará todo perdido
y aún podemos vencer.
Pero vamos a perder
porque no somos un grupo
y el humano nunca supo
jugar dándose una mano:
si se lesiona su hermano,
él dice: yo no me ocupo.

V

Yo necesito creer
pero me gana la angustia
porque la Tierra está mustia
y no alcanza a florecer.
Es que en su suelo ha de haber
un animal soberano,
semejante a un gusano
que no deja de arrastrarse,
y debiera reprocharse
hacerse llamar humano.

VI

Yo necesito creer
que en esta reencarnación
será verdad la ilusión
de ese nuevo amanecer.
Necesito suponer
que un día la humanidad
se ensamblará de verdad
para formar una sola,
pero en el odio tremola
y esa es la realidad.

VII

Yo necesito creer,
necesito ser creyente,
necesito solamente
una esperanza tener.
No me podré sostener
el día en que nada crea,
la noche en que sólo vea
que nada tiene sentido.
¿De qué valdrá lo vivido
si mi esencia se estropea?

VIII

Yo necesito creer
que el amor todo lo puede
y que el odio retrocede
cuando lo ve renacer.
Pero he de padecer
los caprichos de la vida,
de nuestro instinto suicida,
del tiempo, que todo mata,
y de alguna que otra rata
que persigue ser temida.

IX

Yo necesito creer,
necesito ser consciente,
necesito de repente
morir, nacer y crecer.
Y antes de fenecer
quisiera ser ese niño
que en el pestañar de un guiño
tomaba el aprendizaje
que enseña cada paisaje,
con un inmenso cariño.