Siempre hay uno

Siempre hay uno que friega las letrinas
con el agua que escurre de su frente,
mientras todos lo dejan todo en ruinas
y se van a una fiesta diferente.

Siempre hay uno que amasa las harinas
que no quiere amasar ninguna gente:
un alguien que detrás de las cortinas
actúa su papel de transparente.

Y también siempre hay uno que lo observa,
con el mentón pegado sobre el hombro,
creyéndose heredero de Minerva.

Y a ese siempre hay uno que en su asombro
le dice: sólo es sabio quien conserva
la humildad de cargar con el escombro.