Cuando el verso te esquive la mirada


I

Cuando el verso te esquive la mirada
celoso de contarte sus secretos
y la tinta te sepa avinagrada
aunque pruebes distintos alfabetos;

cuando las ninfas follen con la nada
dejando tus poemas incompletos
y te sean infieles con la espada
que erecta otro poeta en sus bocetos;

cuando el ritmo acentual del ave harpada
tropiece en los cuartetos y tercetos
y tu audición fenezca lesionada

por sus escopetazos indiscretos,
dedícate a cualquier otra pavada
y ni sueñes hacer buenos sonetos.

II

Cuando adornes estrofas con guirnaldas
que encubran en sus letras una treta
para hacerlas pasar por esmeraldas
sin que valgan la piedra más discreta;

cuando las musas vistan minifaldas
y enciendan una hoguera en tu bragueta
pero sólo te entreguen sus espaldas
excitando tus ansias de poeta;

cuando arranques más hojas que el otoño,
el fondo se diluya en descripciones,
el verso tenga el tinte del retoño

y no entienda ni Dios tus oraciones,
es hora de mandarlo todo al coño:
así será imposible que emociones.