Reflexión sobre la disco que se incendió en Brasil

A continuación, la noticia de los hechos sobre los que baso mi reflexión del día de hoy, publicada por el diario Clarín:


Una disco se incendió por una bengala: 233 muertos

POR ELEONORA GOSMAN

Fue casi un calco de la tragedia de Cromañón. El disparo contra el techo de espuma inició el fuego cuando tocaba una banda. La única salida estaba cerrada. La mayoría murió por asfixia. Pesar de Dilma.


Rescate. Una de las víctimas del incendio es trasladada en la madrugada de ayer a un hospital en Santa María, 300 kilómetros al oeste de Porto Alegre, donde ocurrió la tragedia./AP

SAN PABLO. CORRESPONSAL - 28/01/13

Fue una cuestión de minutos, pero bastó para que el episodio se convirtiera en una de las peores tragedias de la historia de Brasil. “La banda que tocaba en el palco comenzó a tirar bengalas y de repente interrumpieron el show y apuntaron hacia arriba. Había fuego en el techo y en cuestión de segundos comenzaron a caer pedazos de goma en llamas”. Este fue el relato de uno de los jóvenes que sobrevivieron al pavoroso incendio que destruyó en el comienzo del domingo la discoteca Kiss, en la ciudad brasileña de Santa María, estado de Río Grande do Sul, a 300 kilómetros de Porto Alegre. El fuego y el humo tóxico dejaron 233 muertos y casi dos centenares de heridos, la mayoría víctimas de la asfixia y de los pisotones cuando se cayeron o fueron derribados en su desesperado intento de ganar la única salida, que estaba cerrada.

Todo ocurrió durante un festival que había sido organizado por estudiantes de la Universidad Federal de Santa María. Por una de esas ironías malditas del destino, la fiesta había sido denominada “Aglomeración”. La tragedia se inició cerca de las dos de la madrugada, hora local, cuando tocaba el grupo Gurizada Fandangueira. La causa y las circunstancias que rodearon al luctuoso hecho guardaron una gran similitud con el siniestro de 2004 en Buenos Aires, cuando 194 chicos perdieron la vida en Cromañón. A diferencia de la tragedia porteña, cuando ninguna autoridad nacional de alto nivel concurrió al lugar ni consoló de inmediato a los familiares de las víctimas, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, abandonó la cumbre del Mercosur y la Unión Europea que se desarrollaba en Chile y se apersonó en el lugar del hecho junto a cuatro de sus ministros.

Como en Once, un show pirotécnico, con disparos de fuegos artificiales, terminó por impactar en la estructura de la disco brasileña. El recubrimiento de las paredes con espuma de goma, usada como material aislante de los ruidos, hizo su parte: un humo extremadamente tóxico invadió el local y desmayó a los jóvenes. Pero otros elementos explican también el tamaño del desastre, el segundo más grave en su tipo en el país. Ocurre que los custodios del local, que no percibieron de inmediato el accidente, cerraron la única puerta de acceso para evitar “la salida sin pagar”.

Fueron minutos preciosos hasta que advirtieron el error. El relato del estudiante de medicina Murilo Tiecher, una de las 2.000 personas que –según estimaciones extraoficiales– estuvieron en el boliche, no deja dudas. “Los custodios trataron de impedir nuestra salida, y a eso se sumó que había unas barreras colocadas en la entrada del local para organizar el ingreso. Había que saltar por encima de ellas para ganar la calle”, dijo el joven de 26 años. Una vez sorteada esa traba, Tiecher y quienes pugnaban por escapar de las llamas y el humo, se topaban con los guardianes que “habrían los brazos para bloquear el paso. No se daban cuenta de la gravedad de la situación, no veían el incendio de adentro. Y recién reaccionaron cuando el humo llegó a la puerta”. Hasta ese momento, creían que la salida en estampida de la gente era a causa de una pelea entre grupos rivales. “No querían que nos fuéramos sin pagar”, narró Tiecher. “Si no hubieran trabado la salida, muchas vidas se habrían salvado”, agregó.

Anoche, la administración de la discoteca Kiss lamentó la tragedia y sostuvo en una nota que sus trabajadores “están debidamente entrenados y preparados para cualquier situación de contingencia”. Asimismo, dijo que la prioridad de la empresa era asistir a los sobrevivientes y las familias de las víctimas, para lo que ofreció un “equipo multidisciplinar” con psicólogos y médicos.

Otro testigo relató que los bomberos entraron muy rápido en acción y que muchos de quienes se habían salvado intentaron regresar al interior del local en llamas para rescatar víctimas. “Pero el humo ya no permitía ver lo que ocurría adentro.

Sólo se escuchaban gritos desgarradores. Llegamos a rescatar algunas personas agarrándolas de los cabellos. Muchos salían en calzoncillos y en bombacha: usaron las camisetas para protegerse del humo”, dijo un sobreviviente.

Cuando llegaron los bomberos, tuvieron que derribar una pared de la disco para usar las mangueras de agua. “Vi muchos chicos con paros cardíacos”, relató un rescatista. Muchos de los estudiantes se equivocaron y entraron a los baños, cuyas puertas estaban junto a la salida. “Encontramos decenas de cadáveres apilados contra las paredes”, comentó un policía a la TV brasileña. Hasta anoche no se sabía exactamente el número de personas que estaban en el local, cuyo permiso de funcionamiento había vencido en agosto último. Pero la disco estaba a full en el momento en que estalló el incendio. Uno de los seis músicos de la banda figura entre los muertos.

Esta es la segunda gran tragedia brasileña. La primera ocurrió en 1961 cuando se quemó el Circo Americano y dejó 503 víctimas en Niteroi. Anoche, Dilma dispuso tres días de luto nacional.

Enlace a la noticia original


Mi reflexión

Lo que ocurrió en la discoteca de Brasil es una consecuencia directa de la negligencia, la codicia y la avaricia humana, potenciadas por la suma de los factores.

Políticos corruptos que no hacen adecuadamente su trabajo, inspectores que aceptan coimas, dueños de locales que pretenden ganar más dinero a costa de la seguridad de centenares de personas, bandas de música que no tienen conciencia de su responsabilidad como referentes de las masas y que encima las asesinan. Masas que están compuestas por personas como ellos, como vos y como yo...

Quienes responsabilicen a las víctimas, alegando que los padres tienen que saber dónde van sus hijos, que recuerden el accidente del tren de TBA que colisionó en la estación de Once, ocurrido un año atrás en Buenos Aires, Argentina. Todos sabíamos dónde iban esas personas, pero no sabíamos que el tren en el que iban y todo el sistema ferroviario no tenían el mantenimiento adecuado para transportar a millones de usuarios sin matar a ninguno. A pesar de que el sistema era deplorable, porque yo mismo utilizaba y utilizo la línea frecuentemente; línea que desde hace un tiempo están mejorando, pero todavía falta mucho para que podamos decir que tenemos un buen servicio.

No transfiramos el problema a las víctimas, al inocente usuario de tren que, como yo, no entiende nada de mecánica ferroviaria. No culpemos a un padre que tiene que dejar que sus hijos salgan a la calle o a un joven que no tiene la menor idea que la disco a la que asiste no posee las salidas de emergencia que debería tener por ley o el material ignífugo necesario para que no ocurra lo que ocurrió.

Un mínimo de sentido común, por favor. Un mínimo de respeto hacia la gente que está sufriendo.

Para que estas cosas no pasen más, necesitamos tomar conciencia entre todos. Y no podemos tomar conciencia si no hacemos foco en los verdaderos responsables, en las cosas que se hicieron mal y en las cosas como deberían hacerse. Porque sino cualquier otro comerciante se va a sentir en el derecho de coimear a un inspector, con tal de conseguir la habilitación, y éste en el de recibir la coima y hacer como que no pasa nada. Porque sino otro político se llenará los bolsillos con las mismas coimas que reciben los inspectores, pensando que nunca lo van a descubrir. Porque sino otra banda, cuando todo el sistema haya fallado, va a seguir usando o dejando que usen bengalas en lugares cerrados, porque total hasta entonces vinieron zafando de morir todos intoxicados o carbonizados.

La mía es una opinión personal y, como todas las opiniones personales, muy subjetiva y refutable. Cualquiera puede disentir conmigo. Pero eso no tiene importancia. Acá lo único que importa es la realidad. Y la realidad nos dice que una vez más, otros centenares de personas han muerto a manos de seres humanos corruptos, en un incidente que podría haberse evitado.

Yo no pretendo que cada uno se queje conmigo del sistema corrupto que tenemos, sino que cada uno, al leer estas líneas, piense en sí mismo y en que tenemos que hacer bien nuestros trabajos, cualesquiera que sean, porque sino las consecuencias serán tan negativas como las que ahora tenemos que lamentar de nuestro país hermano.

Errar es humano, disculparse divino

Tuve un mes complicado. Me peleé con medio mundo. Discutí con medio mundo. Me exasperé por cosas que no debería haberme exasperado. Me enfermé. Emití un insulto en mis redes sociales que no debería haber emitido y luego lo eliminé por su evidente carga violenta.

Las redes tienen esa espontaneidad que puede ser tan beneficiosa como perjudicial. Por una parte, uno se puede comunicar en un instante con el resto de las personas interesadas en lo que dice, sin ningún intermediario. Por otra, en un arrebato se puede llegar a decir lo primero que pasa por la mente y originar un escándalo. Es lo que, salvando las distancias abismales, sucede a menudo con las celebridades, que comentan algo desafortunado en Twitter y se arma un revuelo mundial. Por fortuna, los líos que yo pudiera haber ocasionado, fueron en miniatura, por el  limitado poder de alcance de mis opiniones. 

El estado del insulto al que hago referencia, fue el más visto del mes en mis redes sociales y el que más clics de apoyo cosechó. Hasta esa mala suerte tuve. ¿Será que en el fondo muchas personas estaban tan enojadas como yo y de ese modo descargaron también su frustración? No sé, es una posibilidad. 

Por eso se debe tener mucho cuidado con lo que se hace, se dice o se escribe, porque la violencia está en el aire y en cuanto alguien enciende la menor chispa, explota todo. 

Quiero pedir disculpas por mis reacciones desafortunadas. De aquí en adelante, espero poder meditar con más calma aquellas cosas que por alguna razón me molesten o incomoden, para no cometer los mismos errores. 

Cómo dejar de querer tener razón y empezar a tener paz

"Cómo dejar de querer tener razón y empezar a tener paz", es el eslogan del libro del periodista radial Ari Paluch, El combustible espiritual


El lo presenta a modo de respuesta, pero yo le pondría un par de signos de interrogación: ¿Cómo dejar de querer tener razón y empezar a tener paz? ¿Cómo? Creo no tener esa respuesta. Yo siempre quiero tener la razón, como les debe pasar a muchos de ustedes. Y, efectivamente, no tengo paz. Algo de razón debe haber en eso de dejar de querer tener razón y...

Ahora que lo pienso, existe una forma de dejar de querer tener razón y empezar a tener paz: con humildad. No falsa modestia, sino tomar las opiniones ajenas como lo que son, sin disminuirlas ni exacerbarlas, sabiendo que la persona que las emite tiene sus razones para decir lo que dice, y que cree estar en lo correcto, al igual que nosotros. 

Yo no tengo ni la menor idea de cómo recibir una crítica de esa forma. A mí las críticas me afectan excesivamente, porque, y ahora me doy cuenta, siempre quiero tener razón. Alguien que siempre quiere tener razón, no puede aceptar una crítica sin explotar o implotar, y, mal que me pese, tampoco la sabe integrar con humildad. No hay humildad en ponerse a discutir. Hay unas ansías desmedidas de imponerse ante la/s otra/s parte/s.

Yo no quiero equivocarme nunca, quiero que todo me salga perfecto. Eso es imposible cuando alguien está aprendiendo. 

¿Y por qué me afecta tanto la crítica? Porque íntimamente soy el primero de todos mis críticos y en la crítica reconozco una parte de mí que abomino.

Siempre que me critican, automáticamente busco una lista de argumentos en los que creo fehacientemente, para refutar los argumentos del otro. Pero el otro sigue pensando lo que pensaba antes de que le diera mis argumentos y yo sigo pensando lo mismo que pensaba antes de recibir la crítica. Entonces ¿cuál es el sentido? Herir e, hiriendo, herirse, esa es la respuesta. Esa es la deplorable respuesta. 


PD: Nunca terminé de leer El combustible espiritual (aunque lo voy a hacer), no recuerdo bien lo que leí y cualquier semejanza con el libro, si la hubiera, sinceramente, es pura coincidencia. 

Descargo sobre las críticas del mes de enero

En los últimos veinte días recibí más críticas negativas que en los últimos quince meses. Para variar, vi que una persona, con la cual habíamos mantenido una conversación en buenos términos semanas atrás, aunque por momentos se mostrara un tanto agresiva, esta semana directamente me bloqueó en Facebook y nunca sabré por qué. Otra persona, como comenté en la entrada anterior, me eliminó.

Cuando publiqué "Entre la realidad y la utopía: Discusión con Morgana de Palacios" a principios de enero, Morgana saltó diciendo que de técnica poética no tenía la menor idea, que los sonetos no sabía ni con qué se comían, que en prosa me hacía entender, pero hasta ahí nomás y que debía darme una vuelta por su foro literario para dejar de ser un ignorante. 

Hace unos días, Eva, conocida de Morgana, me insinuó que era un parásito, tras leer "Diálogos con mi padre: ¿Qué pensás hacer de tu vida?" y "Discusiones con el mundo: ¿No te gustaría terminar la secundaria?". Y expuso que un verdadero escritor es Camilo Blajaquis, del que podría tomar algún ejemplo para yo también serlo alguna vez. 

Yo sabía de la existencia de Camilo gracias a un video que vi en el blog de Gabriel, amigo de Morgana y Eva, a quien conocí primero que a todos, por una crítica desfavorable que realizó en uno de mis escritos el año pasado.

En resumidas cuentas, César Gonzáles, quien utiliza el pseudónimo de Camilo Blajaquis, es un poeta argentino, nacido el mismo año que yo (1989), que desde los 16 años pasó por todos los institutos de menores y en enero de 2010 recuperó su libertad por buena conducta. 

Gracias a un hombre que dictaba talleres en la cárcel, César se aferró a la literatura. A la fecha ha publicado dos libros de poesía: La venganza del cordero atado (2010) y Crónica de una libertad condicional (2011).

Segunda parte

Cuando escuché hablar a ese pibe, no pude sentir más que admiración. Cómo de ser un pibe chorro, gracias a su voluntad y al amor de una persona que lo acercó a la literatura, torció totalmente su destino. Un destino marcado e impuesto por la sociedad decadente en la que vivimos. 

Ahora, compararme con César es descabellado, cuando a ambos nos tocaron vidas diferentes. 

César nació en una clase baja y yo, en una clase media, vapuleada por las políticas de Menem y aniquilada por la inacción de De la Rúa, en la que siempre costaba llegar a fin de mes, pero llegábamos; en la que nunca tuve vacaciones, pero salvo raras excepciones, tampoco nunca me faltó un plato de comida;  en la que fui a un colegio pago, que debía ser uno de los más baratos de todos los colegios pagos, pero se decía que tenía buen nivel académico (cosa que comprobé cuando pasé a una escuela del estado). Lo que sucede es que, y pido perdón si ofendo a alguien con lo que voy a decir, la enseñanza dejaba mucho que desear en ambas instituciones, y esa es la causa de mi rebeldía hacia el sistema educativo, que para ser sincero, me parece una reverenda mierda.

Tuve algunas posibilidades que César, lamentablemente, no tuvo, pero no por eso mis escritos, o lo que haga, es o será menos meritorio. Una cosa es que yo escriba que en una discusión mi padre me dijo que me pasé los últimos ocho años de mi vida encerrado escribiendo, y otra es la realidad. Además, mi padre siempre se llena la boca hablando bien de mí, y eso lo sabe cualquier allegado, aunque en la intimidad me critique y trate siempre de marcarme el camino recto. 

Nadie tiene derecho a opinar cualquier barrabasada sobre mi vida, por haber leído un diálogo que publiqué en mi blog personal, porque la verdad es que nadie sabe nada más que lo que a mí se me da la gana contar de mí.

Tercera parte

La gente habla mucho de salir a la vida, de conocer la realidad, pero no tiene ni puta idea de lo que es la vida y desconoce totalmente la realidad. Y ni siquiera sabe, recuerda o tiene consciencia que esta no es la única vida que vivimos; que venimos de muchas otras vidas y algunos incluso las recordamos. La mayoría ignora que no nacemos como envases vacíos, que somos seres evolucionados, que hemos nacido, muerto y vuelto a nacer otras cientos, miles o millones de veces.

¿Piensan que un niño de cinco años no vive? ¡No sean ignorantes, por favor! ¡Un niño de cinco años puede estar más vivo que todos nosotros! Una persona que se internó en las montañas hace décadas, puede saber más de la vida que todos los que salen cada día a vivir la pseudovida que les propone la sociedad. ¿Piensan que todo esto es real? Todo esto es un invento barato. Y es tan barato que las personas como César raramente tienen una posibilidad, siendo personas tan inteligentes como él lo demuestra de sobra.

Mientras sigamos acribillándonos con las comparaciones, compitiendo unos contra otros, ¿a dónde vamos a llegar? ¿Vamos a seguir por siempre con la historia esa de “Juanito se porta mejor que usted”? ¡Y a mí qué carajo me importa cómo se porta Juanito, si yo soy Jorge! 

Un miembro de mi página de Facebook me elimina porque busca "literatura"


Intercambio de opiniones en el estado de Facebook referente a la entrada del blog “Diálogos con mi padre: ¿Qué pensás hacer de tu vida?”, hace unas semanas:


Lucas Tissera Yo creo que tendrías que hacerle caso a tu viejo, formarte mas, sobre todo leer mas y mejor, deberías saber que el arte(literatura) no es decir quiero ser artista y se es, por arte de magia, esa gente que decís que vivía encerrada en su habitación, no elijo ser genio o creador, sangraban sus creaciones, se dieron cuenta de que lo eran,(la mayoria sufria por ello) tu caso es muy común hoy en día, creemos que estamos capacitados para todo, es un principio de la democracia, pero la maldita realidad dice otra cosa, sobre todo cuando entra la inteligencia la imaginación, el análisis, la palabra...no somos todos iguales jorge, es una gran mentira, ni tenemos todos las mismas posibilidades, yo no te conozco no dudo de tus facultades pero te digo todo esto por que leo lo que escribís en mi facebook, le pones muchas ganas, es admirable como dice tu viejo, pero la poesía no se fuerza, te recomiendo leer "Los antiguos y la inspiracion poetica" de Luis Gil, para que comprendas lo que te digo, yo creo que si dejas de tomarte tan en serio la convicción de ser un "escritor" ( hay que tener huevos para decir "quiero ser un escritor!!") tus resultados pueden mejorar.
3 de enero a la(s) 8:18

Jorge Aussel - Oficial En primer lugar, ¿qué sería 'leer más y mejor'? Y en segundo, ¿qué querés decir con que 'la poesía no se fuerza', Lucas?
3 de enero a la(s) 12:13

Lucas Tissera la segunda pregunta la podes responder con el libro que te mencione, la primera, es una exegesis a partir de tus comentarios, tan candidos algunos, sobre ciertas cuestiones existenciales... ojo esto es solo una opinión personal
3 de enero a la(s) 12:35

Jorge Aussel - Oficial Toda opinión personal es respetable. Aunque no la comparta. No creo que nuestros comentarios estén o tengan que estar estrechamente emparentados con lo que leemos. Alguien que no leyó nada (no es mi caso) puede saber más de la vida (y con esto no quiero decir que sepa mucho) que alguien que se leyó todo: bueno, malo y/o regular, para catalogarlo de algún modo, según el crítico de turno. La existencia es una, pero cada uno de nosotros la percibe de manera diferente. La misma cuestión puede verse y tratarse desde un lado y desde el otro. Está el lado 'cándido' del asunto, y el lado crudo. ¿Y quién dice que uno es mejor que el otro? Sin el uno, al otro le resta un fragmento de la realidad, y viceversa.
4 de enero a la(s) 5:06


El tema que nos concierne

Hoy, 20 de enero de 2013, me desayuné con el siguiente mensaje, enviado al interno de Jorge Aussel - Oficial:
Lucas Ticera Estimado me borro de su pagina, con todo el amor del mundo le deseo suerte, en esta especie de inconformismo juvenil existencial y supersticioso que mantiene con sus lectores, ni usted podrá tomar nada de mi ni yo de usted (busco literatura), suerte en su empresa.
Lucas se borra de mí página porque busca “literatura”. Se olvidó que estaba leyendo un blog... Y, de paso, al decir eso, me tira un palazo que si no lo esquivo me arranca la cabeza. Pero, ojo, me lo tira “con todo el amor del mundo” y hasta me avisa que se va a borrar. Tanta cínica amabilidad no cabe en mi corazón. 

Pasa que Lucas se la da de intelectual, le gusta leer libros de filosofía a los que llama “literatura”, sale hablando de democracia cuando nadie habló de política, mis pareceres le parecen “cándidos” y se horrorizó al leer el escrito que publiqué ayer en mi blog, Yo puedo saber lo que estás pensando, que es la causa de que mencione la palabra “supersticioso”. Y ni siquiera se tomó el trabajo de leer las etiquetas de la entrada, que daban cuentas de que eso no era otra cosa que un relato y cualquier semejanza con la realidad era pura coincidencia; sino lo hubiera etiquetado en “Diario de un escritor”, que es donde archivo mis escritos más personales.

Qué le vamos a hacer... 

Yo puedo saber lo que estás pensando

No sé si será un don, una maldición o una ilusión, pero muchas veces intuyo lo que la gente pensó, piensa o va a pensar. Por tanto, sé lo que va a decir. 

No sólo me sucede cuando estoy cara a cara con otra persona; también cuando hablo por teléfono o chateo o, incluso, cuando no tengo ningún tipo de contacto. 

Algunas personas no lo entienden. Me preguntan cómo es que lo hago y, cuando les contesto, no les satisface mi respuesta. Y es que no es una facultad consciente que yo pueda manejar y de la cual disponga a mi antojo. Cuando sucede, sucede. Y punto. No hay más explicación. 

Aun así, esas personas creen que les oculto información. Piensan que poseo una bola de cristal, un amuleto o alguna técnica secreta... Pero otra es la realidad.

También me cruzo con quienes dicen que nunca se han cruzado con alguien como yo. Pero no siempre lo dicen con admiración. Algunas veces lo enuncian con extrañeza, como quien se pregunta al mismo tiempo: “¿De dónde habrá salido éste?".

Esas personas suelen buscarle algún nombre específico a mi habilidad, como para encajarla en el mundo terrenal: empatía, conexión, casualidad, inteligencia. Sí, algunos piensan que es una cuestión de inteligencia; suponen que me adelanto a lo que van a decirme, porque leo como pocos las señales de lo que han dicho previamente. 

No tengo pruebas para refutar sus teorías, pero están equivocados. 

Como sea, seas quien seas, puedo saber lo que estás pensando ahora, a pesar de que pienses que eso es imposible porque no sé quién de todos eres... Yo puedo saberlo. No dudes de ello.

Sobre las personas que buscan nuestras debilidades

¿Qué pretende una persona cuando todo el tiempo busca nuestras debilidades? La primera respuesta que se me viene a la mente es: “destruirnos”; la segunda, “manipularnos”; la tercera, “humillarnos para enaltecerse”. Y así podríamos continuar...

Pero ¿acaso nadie busca nuestras debilidades con castas-sanas-puras intenciones? Probablemente... no. Un psicólogo, en cierto modo, ansía detectarlas y marcárnoslas, para asistirnos en el proceso de superar las trabas que nos impiden desarrollarnos en la vida, pero no seamos ilusos, que en el mundo habitan más imbéciles que psicólogos y como si no hubiera suficientes, algunos licenciados también lo son.  

Por duro que parezca, cuando un detective frustrado anda escudriñándonos con un revelador de errores ultrasónico, sus intenciones discrepan del altruismo de hacernos caer en el error, con una mano tendida para ayudarnos a levantarnos luego. 

Por el contrario, esa persona aguarda nuestra caída con una pierna ligeramente elevada por el nivel del suelo, para descender su pie sobre nuestras cabezas cuando escupamos el polvo que ya no podamos tragar. Y, si le damos la oportunidad, una vez estemos con la lengua fuera, el gnomo espiritual saltará sobre nuestro cadáver para ganar unos centímetros de altura. 

Cuando un ser humano busca nuestra debilidad y la marca y la remarca para rebajarnos sin aparente motivo, bien sea con palabras, gestos, actitudes, etc., en realidad lo que está haciendo es proyectar sus inseguridades en nosotros; nos utiliza como espejos, en un intento desmesurado por opacar y apocar sus defectos, haciendo foco en los nuestros. Es decir que, esa persona, al transferirnos mentalmente la imagen de sus problemas, crea la ilusión de atenuarlos sobre sí misma, o incluso de liberarse de ellos, a pesar de que estos permanezcan en su esencia y se acentúen con su actitud.   

También debemos tener en cuenta la envidia, que es uno de los grandes factores que motivan a las personas a tener actitudes como las anteriormente descritas. 

El envidioso, ante la imposibilidad de ser quienes somos y tener lo que tenemos, se propone quitárnoslo a toda costa, porque presupone que, haciéndolo, perderemos nuestra identidad. Y a veces lo que procura hurtarnos no es un objeto material, sino la seguridad, la esperanza, la fe, un sueño y/o cualquier otra dote innata o adquirida, por demás intransferible, que él mal presume que nos hace ser quienes somos.  

Para llevar a cabo su cometido, el envidioso necesita encontrar nuestro Talón de Aquiles. Una vez que lo detecta, nos ataca justo allí, con la creencia de que saldrá victorioso al socavarnos la autoestima.

Pero estos individuos olvidan que un animal no se convierte en su presa por haberla ingerido.

En una oportunidad, donde estaba muy compungido por unas críticas bastante duras que había recibido, una amiga me expresó las siguientes palabras: 
“Solo te debe importar lo que te dicen los que te aman, porque a ellos es a los que les importas de verdad. A los demás, ya sabes donde meterte sus opiniones, a menos que sean opiniones constructivas. Y esas son las menos en esta vida. Y menos de personas que no te aman.” 
Y con sus sabias palabras, tan verosímiles como alentadoras, doy por finalizada esta breve presentación. 

Tus ojos cósmicos


¿Dónde están los luceros de tu cara,
plenilunio alumbrando por las noches,
como azules los faros de los coches,
despejando el sendero con luz clara?

¿Dónde están tus parlantes de voz rara
pronunciando silencios sin reproches,
como ecos de sonidos que con broches
declaran que lo oscuro ya se aclara?

Dos gotas de cristal profundizadas
saciando la sed de conocimientos
sabios, de todas las demás miradas.

Luciérnagas, volando por momentos…
Tan mágicos cual hadas elevadas,
tan firmes como torres o cimientos.

J. A. A.
03/01/09

Tanka IX


Encanecieron
los picos de montaña
más encumbrados.
Como todo encanece 
cuando alcanza su invierno. 

Tanka VIII


¿Es la paleta 
de color de un pintor,
o es el celaje
del cielo, manifiesto
en un día infinito?

Discusiones con el mundo: ¿No te gustaría terminar la secundaria?

Tenía quince años. Había dejado la escuela. Todos me repetían las mismas palabras. Parecía como si mi entorno directo e indirecto se hubiese complotado para acabar de desquiciarme. 


—¿No te gustaría terminar la secundaria? —me decían. 

—No —les respondía—. No me gustaría

—¿Y qué vas a hacer? Hoy sin un título no sos nadie.

—Yo soy yo con o sin un título de porquería que lo abale. No me vengan con eso.

—Vos siempre con lo mismo…

—¡Yo siempre con lo mismo porque todos dicen la misma pelotudez! Si dijeran algo coherente respondería de otra forma.

—Te guste o no, en la vida siempre tenemos que hacer cosas que no nos gustan, Jorge. 

—No quiero volver a la cárcel. 

—No seas exagerado… ¡Tampoco es para tanto!

—Para mí sí es para tanto. Yo siempre me sentí preso en la escuela. La mayoría de las cosas que te enseñan no te sirven para nada. ¿Y qué le podés decir al profesor, profesora, maestra…? ¿Eh? ¡Nada! Si les decís algo te toman de punto, te ponen un negativo, te maltratan psicológicamente, te hacen firmar el libro de disciplina o te expulsan. ¡No me digan que tengo que volver a esa mierda! Antes que eso prefiero tirarme debajo de un tren o pegarme cinco tiros.

—No digas boludeces. 

—Bueno, tampoco voy a tirarme abajo de un tren… Es una forma de decir. Y cinco tiros… No creo que pueda pegarme tantos…

—No lo digo por eso, lo digo por todo lo otro que dijiste. 

—¡Ah! ¡Gracias! Entonces ya me puedo suicidar tranquilo. 

—Quieras o no quieras, en algún momento vas a tener que terminar la secundaria. El día de mañana, cuando vayas a buscar un trabajo, te van a pedir estudios completos. Y si no los tenés, vas a terminar laburando de cualquier cosa por dos pesos con cincuenta. 

—En éste puto mundo a nadie le interesa una mierda si sos feliz o no, ¿no? Hay que hacer lo que todo el mundo hace, pensar como todo el mundo piensa… Así está todo. Así están todos. Si hago todo lo que no me gusta hacer y encima lo hago obligado, ¿cómo voy a ser feliz? 

—¿Cuando ganes dos pesos con cincuenta vas a ser feliz?

—No voy a ganar dos pesos con cincuenta. 

—Si no estudias vas a ganar menos que eso. Te van a basurear por todos lados y te van a tener de acá para allá: "Traeme esto, traeme lo otro". 

—Bueno. Ya vamos a ver…

—¿No pensás recapacitar? 

—¿Recapacitar? ¿Recapacitar qué? ¿Me están jodiendo? ¡No pienso volver a pisar una escuela! 

—¿Qué te pasó en la escuela que sea “tan” grave? 

—La escuela me pasó. Y me pasa… 

—Esa no es una respuesta. 

—Por ejemplo, la hija de puta de Lengua nos decía que no nos quejáramos tanto de cómo nos trataba  porque cuando fuéramos a la universidad íbamos a ser tomados directamente como números. ¡Ah! ¿Sí? Bueno, yo no soy ni quiero ser un puto número. ¿Dónde estábamos, en un campo de concentración? ¡Por cosas como esas tenemos que hacer algo para que la escuela cambie!

—Para hacer algo tenés que estar adentro. 

—Si sigo adentro, el sistema va a arruinarme. Quizá haya que crear un sistema paralelo. 

—¿Sistema paralelo? Vos soñás mucho...

—Sueño porque es posible lograrlo.  

—¿Y quién va a hacerlo? Mejor andá a estudiar, que hasta que esto cambie van a pasar muchos años, si es que algún día cambia.

—¡Nosotros lo tenemos que cambiar! ¿Quién se piensan que va a cambiarlo? ¿Creen que va a cambiar solo? No… Si nosotros no hacemos nada, esto no va a cambiar. Si nosotros seguimos diciendo siempre la misma pelotudez, todo va a seguir siendo igual. Y estudiar no es solamente tragar libros, ir a la escuela, a la universidad, a un curso, etcétera. Estudiar se puede estudiar de muchas formas.

—¿Lo vas a cambiar vos? ¿Quién lo va a cambiar? 

—Yo solo no. Yo soy una minúscula partícula de todos los que lo vamos a cambiar. 

—¿Vos me estás hablando en serio? 

—Sí. 

—Mira, Jorge, el mundo no funciona así. 

—¿Cómo funciona el mundo?

—El mundo funciona como funciona y hay que adaptarse a él. El mundo no va a girar a tu alrededor. 

—¿Quién carajo está diciendo que quiere que el mundo gire a su alrededor? ¿Soy el único que está disconforme con el sistema de mierda que tenemos? No. Bueno, entonces… ¡vamos a hacer algo para cambiarlo!

—¿Qué vas a hacer para cambiarlo? 

—Qué “vamos” a  hacer… 

—Bueno, sí, como vos quieras… ¿Quiénes “van a hacer” y qué “van a hacer”?

—Todas las personas que vinimos a cumplir una misión. No sé qué vamos a hacer exactamente. Por lo pronto vamos a exponer el problema. Exponerlo es el principio...  

—¿El principio de qué? 

—Del cambio. 

—¿De qué cambio hablás? 

—De un cambio de consciencia. Es un tema muy largo… 

—Yo no creo que vaya a cambiar nada. Todo va a seguir siendo igual. El mundo está patas para arriba y hay que tratar de sobrevivir en el mundo como está.  

—Yo no creo lo mismo. 

—Vos seguí soñando con que vas a cambiar el mundo… Así vas a terminar.

—Yo no sueño con cambiar ningún mundo. Nada más quiero dejar algo positivo en éste planeta y después me puedo morir en paz. Si algo no nos gusta, si algo está mal, lo tenemos que cambiar. Tenemos que hacer algo, aunque al principio no sepamos qué.

—No sos la única persona que fue a la escuela, Jorge. 

—¿Y qué con eso? No soy el único que la padecí tampoco. Si pude soportar fue gracias a mis compañeros, porque siempre me llevé bien con ellos en todos los grupos que estuve. Pero si fuera por los profesores… son pocos los que puedo rescatar.

—¿Y qué hubieras hecho si no hubieras ido a la escuela? La escuela es necesaria, no podés decir lo contrario. 

—¿Y quién dice lo contrario? Yo estoy hablando de que el sistema educativo necesita un cambio profundo, no de suprimir la escuela. 

—¿Sabés cuántos chicos quisieran ir a la escuela y no pueden?

—Es probable, pero eso no quiere decir que la escuela sea buena o que la que conocemos sea su mejor versión. Es lo mejor de lo peor que tenemos, nada más. 

—¿A dónde vas a llegar con esa postura? ¿No te das cuenta que no ir a la escuela te perjudica a vos nada más? 

—¿Entonces por qué se hacen tanto problema? Déjenme inmolarme en paz. No los quiero escuchar más. El día de mañana se verá quién tenía razón. Yo tengo mis razones para decir lo que digo y pensar lo que pienso. Ustedes tendrán las suyas. Está perfecto. Pero déjenme pensar a mí como quiero pensar: libremente. 

—No se puede hablar con vos. 

—¿Qué estamos haciendo? No sabía que estábamos jugando al ping-pong. 

—¿Te das cuenta que tengo razón, Jorge? No se puede hablar…

—No, no me doy cuenta. Hablar es una cosa y otra que me quieran convencer. 

—Nadie quiere convencerte de nada. Pensá lo que vos quieras. 

—Es lo que hago. Aunque pensándolo bien... no pienso lo que quiero, sino lo que puedo.  

—Bueno, mirá, no vamos a seguir discutiendo.

—Está bien. 

—No te vendría mal ir a un psicólogo, Jorge.

—Pero antes voy a tomarme una leche chocolatada, porque ya me aburrí de escuchar siempre lo mismo…

Tanka VII



Lloran los muelles
que serán otra vez
abandonados,
al igual que los hombres
cuando arriba el ocaso. 

Tanka VI


No beberán
mis ojos de la verde
copa del árbol:
se llenó de champanes
que ha de catar el viento.

Tanka V



Brota una rosa
sobre un tallo marchito:
sol otoñal
que ilumina la muerte
de una vida infecunda. 

Distancias


¿Qué depara el presente detrás de una frontera
que desvía las almas que el destino aproxima,
cual la vista andinista que escalando a la cima
arribó previa al hombre que a la cumbre subiera?

No es verdad la mentira que se muestra sincera,
como al cielo, la nube, la tormenta le imprima
y después jamás llueve, porque el sol lo lastima
con los rayos severos que su raye modera.

Cerca está la distancia que lejana nos cerca,
como el ave volando, que uno ve de la tierra,
y en la cárcel celeste su albedrío se alterca.

Y mi mente impensada tu recuerdo destierra;
pero aun permanece, cual castaña hoja terca,
que ya muerta en el árbol, a la rama se aferra.

Feliz cumpleaños al primer mosquetero

Foto del día que nos conocimos con Juan, allá por marzo de 2009, cuando yo pesaba 20 kilos más que ahora y todavía éramos jóvenes.

El sábado pasado mi computadora se averió, entonces lo llamé a Juan, que es chileno y se encuentra en Argentina desde hace unas semanas, para ver si podía ayudarme. Le expliqué el problema que tenía y sin que le pidiera nada me dijo: "Todavía no me bañé pero si quieres podría estar ahí en menos de dos horas. Dime tú cuando puedes y ahí estaré." 

Ese es Juan Otero, señoras y señores: un amigo que cuando tenés un problema va a tu encuentro, sin pensarlo ni poner ninguna excusa de por medio. Un amigo de verdad. 

Ese mismo día recuperó los archivos más importantes de mi máquina, para darme la tranquilidad que no perdería mis escritos. Luego formateó el disco duro, le instaló el sistema operativo y todo lo necesario para dejarla en óptimas condiciones.

Y como esta, podría contar muchísimas anécdotas. 


Juanchotero:

Te pido disculpas por no escribirte algo mejor. Vos sabés que estos días me sentí bastante mal. La fiebre de anoche todavía me tiene decaído, pero no podía dejar de escribirte aunque sea unas líneas. 

Fundamentalmente quiero expresarte una vez más el gran cariño de hermano que siento por vos. 

A pesar de ser una de las personas más inteligentes que conozco, lo más grande que tenés es el corazón. Ojalá hubiese más personas como vos en éste mundo. Realmente es un honor muy honorable tenerte como amigo. 

No sólo te deseo un feliz cumpleaños, sino también que cumplas todos tus sueños, algunos de los cuales yo conozco bien.

Te quiere mucho, tu amigo Papu. 

Mi otro alguno



Busqué mis manos en tu cuerpo,
las hallé perdidas,
las tomé con tus dedos en la noche sombría
de ese cuarto de ensueños,
cuyo peso superaba al de tres cuartos restantes,
y cual un reptil sobrevolé
por la profundidad de tu superficie
esbozando un cuadro en el atril
que se afirma en tus caderas.

Pero al cabo de las noches de mis días,
¿dónde iba a desplegar todo mi arte
si contigo te llevaste el bastidor?

El vacío aparcó en el cielo estrellado
que se posa en mis tres ojos de murciélago
cuando me encuentro recostado
y no te encuentro.

Entonces te dibujo con un trozo de penumbra,
con un hilo de luz del farol de la esquina
que como un ladrón
teje entrar por mi ventana,
y te engaño
con tu otra tú.
Y me engaño que me engañas
con mi otro alguno,
que me hace aparecer
como un fruto marginal
de su imaginación.

Habladurías



Morí otra vez,
producto de las bombas
surgidas de fisuras de una cara.

Con la mano invisible recogí mis pedazos,
conviví con la muerte hasta el fin de los días
en que muerto vivía por temor a morir,

y broté como flores que se nutren de cuerpos
y del agua del llanto y de luces prestadas,
como lunas que importan su blancura del sol.

Con el filo de una lengua hoy saco punta al corazón
o me opero de arrogancia o de soberbia 
o de mentira…

Tu abrazo abrasador


Tu abrazo abrasador no es un abrazo: 
dos cuerdas que no son de una guitarra. 
Tu abrazo abrasador es como un lazo
y lazo que no enlaza nos amarra. 

Tu abrazo abrasador es como un trazo 
que traza el plan aciago que lo embarra. 
Tu abrazo abrasador es prueba, aplazo, 
y a plazo que no apruebo me desgarra. 

Tu abrazo abrasador me tranquiliza 
de un dardo al corazón, como un balazo 
que duele, y cuanto más, menos se siente. 

Tu abrazo abrasador me vaporiza
y aunque siento el calor, no lo rechazo, 
porque a todo traspasa el transparente.

Reflexionando sobre la belleza


El diccionario define la belleza como: "Propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas." 

En el artículo que precede a éste, publiqué una discusión que tuvimos vía Google Plus con Morgana de Palacios donde, entre otras cosas, me dijo:
"Y bueno, dices que el poeta 'logra captar la belleza para plasmarla, compartirla y recrearla' de cualquier cosa linda o fea, y yo te digo que no necesariamente, que no es cuestión de eso la poesía, que captar la belleza de lo que sea es algo absolutamente secundario en poesía y de ahí no me vas a sacar por más que sea un tópico repetido a través de los siglos.
Conmocionar al lector, como sea, con fealdad, con el horror, con el odio, con el desamor, con la perversión, con la mediocridad de la vida.... también, porque de eso sabemos todos un rato largo. En definitiva, provocarle un sentimiento, bueno o malo porque cuando hay talento en la letra, hasta el asco puede resultar poético."
No obstante, no creo en absoluto que plasmar, compartir o recrear la belleza sea algo secundario en poesía ni en nada. La poesía que consideremos buena no puede carecer de alguna propiedad que nos haga amarla, aun cuando aborrezcamos lo que dice, o nos deleite, aunque sea por la armonía de su construcción.

Pero el trabajo no es de uno solo. Por más que el poeta capte la belleza y sea capaz de plasmarla, puede que el lector no logre captarla en el poema.

En su momento, me fue imposible amar las matemáticas como mi profesora de secundaria o sentir tipo alguno de deleite por ellas, porque las encontraba horriblemente aburridas. ¿No se tratará todo esto de lo mismo? ¿No será que nuestras opiniones estriban en el punto de vista en que estemos parados en el mundo, como observadores que inciden o pueden incidir en la realidad y nada más que en eso?

¿Acaso no contiene todo alguna propiedad que pueda hacer que lo amemos o que infunda en nosotros, o algunos de nosotros, deleite espiritual? ¿Cómo puede una mujer amar a un dictador, un asesino o un psicópata? ¿Cómo puede un hombre amar a una mujer controladora, arpía o maliciosa? ¿Cómo puede la perversión causar en muchos un cierto placer? ¿No será que algunos encuentran algo bello en ello u ellos? Es propicio preguntárselo, más allá de que estemos o no de acuerdo con lo mencionado. Por supuesto, para explicarlo con detalles deberíamos profundizar en teorías psicoanalíticas. Mas la presente sólo es una breve exégesis del tema que no persigue otra intención que abrir el debate, desde el preciso instante que reflexiono "sobre" la belleza, es decir, por encima de ésta, superponiéndola.

Entre la realidad y la utopía: Discusión con Morgana de Palacios


Días atrás publiqué en mi perfil de Google Plus la imagen que pueden observar justo aquí arriba, con la inscripción: “Vive soñando el nuevo sol en que los hombres volverán a ser hermanos”, tomada del Himno de la alegría. 

Como de costumbre, la frase generó repercusiones.

Morgana de Palacios es el pseudónimo que utiliza la fundadora del foro de crítica literaria Ultraversal, que en su video de presentación se define a sí mismo como “El mejor portal literario de la red”. No puedo aseverar que lo sea, pues no conozco tantos, pero que es bueno y persigue la excelencia, no caben dudas. Se podrá estar o no de acuerdo con las opiniones de sus miembros, pero por lo que pude observar, las críticas realizadas en el foro, casi siempre, por no decir siempre, están bien fundamentadas. Quizá las personas que lo integran sean algo puristas de la lengua y le pongan los pelos de punta a más de uno, incluso escritor con varios libros publicados, pero es innegable que en el portal se aprende muchísimo y le extirpan hasta al más erudito, más de una duda. Aunque sin anestesia. Allí no se andan con vueltas, son incluso más crudos que la más rigurosa profesora de lengua que hayas tenido en la escuela.  

Morgana también es administradora de un blog donde publica sus escritos. Y me gusta como escribe, a pesar de que en esta oportunidad hayamos estado en desacuerdo. Una cosa no quita la otra, por supuesto.

Si en éste día publico el intercambio de palabras que tuvimos, que por otra parte es público y lo pueden corroborar aquí (sólo lo estoy reproduciendo al pie de la letra), no es para hallar adeptos a mi modo de pensar ni para demostrar que Morgana se equivoca, como más de uno podría llegar a pensar y por lo que me lanzo al vacío a tajar el penal antes que sea pateado, sino porque, en primer lugar, es interesante exponer dos puntos de vista disímiles sobre una misma frase e invitar a la reflexión; y en segundo, me pareció que una discusión como ésta no merecía quedar perdida en el olvido.

Algunos se identificarán con ella, otros conmigo y otros con ninguno de los dos. Y justamente eso es lo que hace al asunto interesante. Si todos pensáramos igual, no estaría aquí, publicando lo que escribo, porque no sería necesario comunicarnos, ya que todos estaríamos comunicados de antemano. 

Discusión

Morgana de Palacios 27/12/2012
La utopía no está a nuestro alcance, aunque suene tan de puta madre como ésta.

Abrazo, Aussel.


Jorge Aussel 27/12/2012
Yo creo que algunas utopías sí.

Saludos, Morgana.


Gloria Maria Arango Betancur 28/12/2012
Creo que idealizar las cosas nos hace más sensibles ante la realidad de la existencia.  Es mi concepto muy personal.  De ahí, Jorge que estoy de acuerdo contigo.  Abrazo fraterno.!


Morgana de Palacios 28/12/2012
Lo que nos hace más sensibles ante cualquier realidad, por dura que sea, es precisamente lo contrario. El sufrimiento no se puede idealizar y el ser utópicos sirve para pasarlo bien soñando, pero no sirve para enfrentar la vida, porque se corre el riesgo de pasarla por alto en su auténtica dimensión.

Idealizar el trigo y alabar la belleza de su rubia espiga, no quita el hambre del mundo, por metaforizar el asunto.

Dale Jorge, dime una sola utopía, una sola que sirva para algo más que contar cuentitos.

En fin...


Jorge Aussel 29/12/2012
No sólo una, sino todas las utopías, sirven para una cosa: vivir consciente. ¿Qué es sino la poesía?

Comprendo que para vos la vida es la realidad, porque ves la 'auténtica dimensión' de una en la otra. Pero la realidad es sólo un fragmento de lo real, completado por la ilusión. La auténtica dimensión del Todo se halla en ambas partes, que no son otra cosa que dos caras de la misma moneda.

Si así no fuera, ¿cómo se explicaría que podamos cambiar de un estado mental negativo a uno positivo, aun cuando sucedan hechos que juzgamos negativos a nuestro alrededor? Sucede porque la realidad es una proyección de lo que está en nuestra mente y si nosotros cambiamos la visión, todo cambia. Es lo que hace el poeta cuando de cualquier cosa, por linda o fea que sea, logra captar la belleza para plasmarla, compartirla y recrearla. Ese sólo acto, por mencionar uno entre tantos, es la utopía en acción. 

Con respecto al sufrimiento, hay una frase muy conocida con la que me identifico: "El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional". Porque una cosa es lo que nos pasa y otra lo que hacemos con lo que nos pasa. Y podemos hacer lo que queramos con cualquier cosa que nos pase, por muy loco que se lea, suene o que parezca. 

Alguna vez el ser humano soñó viajar a la luna. Era sólo una utopía. Un día lo hizo realidad; aunque para quien lo soñaba, fue realidad mucho antes de serlo para el común de la gente. 


Morgana de Palacios 29/12/2012
Yo no discuto la parte utópica en la esencia del individuo, como no discuto la posibilidad de soñar con lugares inexistentes, ni discuto los ideales que le inducen al progreso en todos los sentidos, ni voy a discutir que el avance científico convierta en realidades cosas que parecían irrealizables en el pasado.

Lo que estoy discutiendo es el concepto expresado por Gloria María y por ti, de que la utopía nos hace más sensibles para con la realidad de la vida, porque el peligro que se corre mirando esa realidad con ojos utópicos, pretendiendo encarnar, como dice M.Buber " la visión de lo justo en un tiempo perfecto" es anestesiarse con el ideal que cada cual pueda tener de una vida hipotética y pasar por alto la realidad del presente que estamos construyendo entre todos y, en tantos casos, destruyendo.

Al contrario de lo que tú piensas, yo no creo que sea un pensamiento utópico la evitabilidad del dolor, que tan absurdamente gratuíto reparte el hombre con sus acciones, y sin embargo, sí me parece inevitable el sufrimiento en el ser humano, por más que intente mentalmente cambiar su óptica para enfrentar las situaciones que vive cotidianamente y extrapolando, no me estoy refiriendo a las pequeñas tragedias de cada quien, ni a los estados de ánimo fluctuantes que todos tenemos, ni a las estrategias del cerebro del individuo para sobrevivir a esas tragedias, sino que igual que se está hablando de la Utopía como un bien generalizable, me refiero a su inutilidad para atajar los grandes males de la humanidad.
Únicamente la visión realista de los problemas, puede sensibilizar lo suficiente al ser humano y su fuerza de voluntad para la lucha contra la injusticia que impera en el mundo.

Lo demás son gaitas, como es absurdo pensar que la poesía es un ejemplo de utopía y que el poeta es alguien que se dedica a plasmar la belleza per se y tiene la obligación de transmitirla y recrearla. ¿De dónde sacas eso? ¿Quién le pone nombre a esa hipotética belleza? ¿Belleza significa lo mismo para ti que para mi? ¿Es menos poeta Bukowski que Neruda, Akhenazi que Bécquer?

La poesía depende de las necesidades endógenas del autor por expresarse y transmitirse, y casi sin excepción es un acto de catarsis personal, ya esté denunciando injusticias, hablando de amor u odio, escribiendo perversiones, realismo sucio, o llenando de florituras estúpidas el papel, en función de su propia experiencia vital, su sentimiento y su inteligencia.

Como en todo, no se puede generalizar, para unos será la expresión de la utopía en cada verso, y para otros será la forma pura y dura de expresar su realidad y la del mundo, en toda su crudeza.

En el talento está la diferencia entre los buenos, los malos y los peores.

Lo único que se puede generalizar con respecto a la poesía es su obligación de emocionar, porque sin despertar la emoción en el lector, sin conmocionar su intelecto, su espíritu, su esencia, ni sirve ni se puede considerar poesía.
Será otras muchas cosas, otro tipo de ejercicios literarios más o menos estéticos, pero sin emoción, verdes las han segado. 

Así que la utopía sí, para soñar, y hasta para ayudarnos a sobrevivir a nivel psicológico o incluso espiritual afianzando los ideales que pueda tener el idealista (si no se han muerto todos) pero para sensibilizarnos ante la realidad, los ojos de ver de frente y sin velos engañosos de por medio que palíen su crudeza. 


Jorge Aussel 29/12/2012
Yo dije: "Es lo que hace el poeta cuando de cualquier cosa, por linda o fea que sea, logra captar la belleza para plasmarla, compartirla y recrearla. Ese sólo acto, por mencionar uno entre tantos, es la utopía en acción." ¿En qué momento di a entender que es obligación del poeta transmitir o recrear la belleza? Dije que es lo que hace cuando "logra captar la belleza". Pero si un poeta no logra captarla ¿cómo va a transmitirla? Me preguntás de dónde saco eso: de mi experiencia; y quién le pone nombre a esa hipotética belleza: cada quien. El ideal de belleza es relativo al modo en que cada ser humano percibe la realidad. Porque, justamente, a eso me refería cuando dije "una cosa es lo que nos pasa y otra lo que hacemos con lo que nos pasa". Podemos estar mirando el mismo cielo y ver cosas diametralmente opuestas: para vos podría ser hermoso mientras para mí podría ser espantoso; o viceversa. 

Decís que "Lo único que se puede generalizar con respecto a la poesía es su obligación de emocionar, porque sin despertar la emoción en el lector, sin conmocionar su intelecto, su espíritu, su esencia, ni sirve ni se puede considerar poesía." Pero incluso eso no puede generalizarse, porque lo que puede resultar emocionante para mí, para vos puede ser totalmente intrascendente. El impacto emocional que genere la poesía en los distintos receptores irá acorde a sus experiencias vitales, en gran medida responsables del modo en que cada ser comprende la realidad. En lo personal, Borges me parece un gran poeta, pero dudo mucho que alguno de sus poemas le emocione a un niño de cinco años, tanto como podrían hacerlo otros poemas infantiles. La emoción depende de una difusa suma de factores que no podemos determinar con exactitud, porque nuestro intelecto no se lo permite ni al más genio de los mortales. 

El diccionario define la utopía como: “Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.” Y con respecto a la utopía dijiste: “me refiero a su inutilidad para atajar los grandes males de la humanidad.” Entonces recuerdo la historia del niño que calmó la sed de cientos de miles de africanos. Un día en la escuela le hablaron de los pozos que se hacían en África para extraer el agua, que supuestamente costaban 70 dólares. Desde ese momento se propuso contribuir con la causa. Cuando juntó los 70 dólares, haciendo quehaceres domésticos, se enteró que en realidad hacer un pozo de agua costaba 2000 dólares: una suma cabalmente fuera de su alcance. Todos lo vieron tan entusiasmado que, entre los vecinos, la gente que asistía a su escuela y a una escuela vecina, lo ayudaron a recadar el dinero, aun contra todos los pronósticos iniciales. Finalmente logró que hicieran el pozo, incluso viajó a África donde al llegar fue testigo de cómo los habitantes coreaban su nombre. Hoy en día Ryan Herljac posee su propia fundación y ha logrado que se cavaran más de 400 pozos. 

Casos como el de Ryan, a mayor o menor escala, existen a montones (quizá no tantos como necesitaríamos para erradicar todos los males de la humanidad), son reales y surgen claramente de seres sensibles a la realidad, que tienen una utopía que están dispuestos a llevar a cabo hasta las últimas consecuencias. Así que no podemos hablar de que la utopía sólo sirve para “sobrevivir a nivel psicológico o incluso espiritual afianzando los ideales que pueda tener el idealista”, porque acá expongo un claro ejemplo, entre millones que suceden a diario, en la vida cotidiana, de una utopía que fue realizada con éxito por un niño de apenas 6 años.

Más allá de todo, hay tantas visiones de la realidad como seres humanos en el planeta Tierra y, como dice la canción de Jarabe de Palo: “Que el blanco sea blanco, que el negro sea negro, que uno y uno sean dos o que exactos son los números, depende…” Quizá ambos tengamos algo de razón. O toda la razón con ese algo de la razón que tenemos. 


Morgana de Palacios 29/12/2012
Me da que somos diametralmente opuestos  en cuanto a la utilidad de lo utópico para "hacernos más sensibles ante la realidad".
Si no llegan a existir una serie de vecinos que de forma realista, se sacuden los bolsillos para reunir el dinero que hacía falta para realizar ese pozo soñado por el niño, el pozo no se habría llevado a cabo nunca.
Es decir la utopía del muchacho jamás se hubiera hecho real sin la compasión de su prójimo que sí veía el problema lejos de ensoñaciones y actuó con su solidaridad contante y sonante.

Ese, por tanto, no es ejemplo para mí del cumplimiento de una utopía, sino que es un ejemplo de sensibilidad y solidaridad humana, absolutamente realista.

Y bueno, dices que el poeta "logra captar la belleza para plasmarla, compartirla y recrearla" de cualquier cosa linda o fea, y yo te digo que no necesariamente, que no es cuestión de eso la poesía, que captar la belleza de lo que sea es algo absolutamente secundario en poesía y de ahí no me vas a sacar por más que sea un tópico repetido a través de los siglos.

Conmocionar al lector, como sea, con fealdad, con el horror, con el odio, con el desamor, con la perversión, con la mediocridad de la vida.... también, porque de eso sabemos todos un rato largo. En definitiva, provocarle un sentimiento, bueno o malo porque cuando hay talento en la letra, hasta el asco puede resultar poético.

Feliz Año, Jorge.

Nos vemos.


Jorge Aussel 29/12/2012
Es difícil que nos pongamos de acuerdo porque tenemos formas diferentes de ver las cosas, o al menos eso parece, y podríamos debatir días enteros, pero es bueno saber tu punto de vista y que disintamos con respeto, que es la base de cualquier diálogo sano. 

Gracias por tus buenos deseos. Espero que vos también tengas un feliz Año. 

Diálogos con mi padre: ¿Qué pensás hacer de tu vida?


–¿Qué pensás hacer de tu vida? –me pregunta mi padre.

–Escribir –respondo–. Ser escritor... 

–Bueno. Pero eso no es redituable.

–Hay un montón de escritores que viven de escribir.

–Son muy pocos.

–Yo puedo ser uno de esos.

–Hace ocho años que estás ahí, encerrado en tu pieza. Y, ¿qué hiciste?

–Hice muchas cosas, lo que pasa es que no se ven.

-¿Y cómo es que no publicás un libro?

–No es tan fácil.

–Con todo lo que decís que escribís, tenés que tener como para editar cinco libros.

–Cinco no, pero tengo mucho material. Esto no se trata de escribir y editar al otro día. Hay que perfeccionarse. Si hubiera editado en dos mil siete, cuando nació mi sueño de publicar un libro, me hubiera arrepentido para siempre.

–Hoy lo que funciona es contar una buena historia de vida. A la gente le gusta saber sobre la vida de las personas y más cuando es una historia interesante. ¡Con todo lo que yo te hablo no sé cómo todavía no escribís una novela! En la novela vos podés agregar, sacar cosas… No tiene por qué ser tal cual como fue la realidad. La que vivimos con mi viejo es una historia como la de Rocky. ¡Esa historia tenés que contar!

–Ya sé, pero yo todavía no escribí ninguna novela. Y sé que la poesía y el cuento no venden tanto, pero es lo que más escribo.  

–Si no escribís algo que pegue te vas a cagar de hambre. Yo siempre quise escribir un libro. Un día le conté a Horacio, tu padrino, y me dijo: “Si no sos conocido, ¿a quién se lo vas a vender?”.

–El autor más vendido de la república argentina escribía aforismos, como escribo yo.

–¿Narosky? 

–Sí, Narosky.

–Pero Narosky estaba en la radio y la televisión, por eso vendió tanto. 

–Pero todos empezaron siendo desconocidos alguna vez. Hasta a los más grandes escritores no los conocía ni la madre en sus comienzos. Borges en un año vendió solamente treinta y tres copias de uno de sus libros. ¡Y es Borges!

–Ya sé. Todo es así. Yo siempre digo que para ir a Luján se empieza con el primer paso. Pero si seguís ahí encerrado, ¡no sé a quién le vas a vender un libro! Tenés que salir al mundo, enfrentarlo y pelearle a la vida. 

–¿Querés que salga con un cartel que diga “soy escritor”? No funciona así. Hoy en día la computadora es una herramienta indispensable para darse difusión. Todos los escritores escriben “encerrados”. ¿Querés que ande escribiendo por la calle? Necesito concentrarme. Además, ¿salir al mundo? ¿Qué mundo? Ese mundo del que hablás es la sociedad y a mí me importa un carajo salir a ese mundo. Al mundo salí el día que nací y para estar vivo no hace falta ir a ningún lado; lo único que se necesita es ser consciente. ¿O me vas a decir que cuando la gente de mi edad sale a chuparse y drogarse por ahí, vive? No creo que estén muy conscientes drogados y mamados, ¡eh!

–¿Sabés cuánto te falta a vos? Ves todo muy fácil. Los pibes de ahora se creen que con la computadora van a arreglar el mundo. 

–Yo no veo todo tan fácil, pero tampoco lo veo tan difícil. Fácil o difícil lo hacemos nosotros.

–Algo tenés que hacer, no podés seguir ahí encerrado sin hacer nada.

–“Nada” no es precisamente lo que hago: escribo. Y además, me estoy entrenando. 

–Pero con la energía que vos tenés podrías hacer mucho más. Y todo lo que te digo, te lo digo por tu bien. Yo no quiero nada para mí. Si harías otras cosas te sentirías mejor. 

–El otro día veía un documental de grandes genios de la historia que se la pasaban encerrados haciendo descubrimientos que después sirvieron a millones.  

–¿Pensás “descubrir” algo? 

–No sé. ¿Quién sabe? Cuando escribo descubro muchas cosas. 

–¿Sabés cuántos escritores murieron en la miseria? Hay que tratar de no ser uno de esos. Lo único que vale la pena en la vida es ser feliz y sin guita no hay felicidad posible. Te lo dice alguien que no es materialista. Sino te tenés que ir a vivir a la montaña o a un monasterio. Ahí se hacen todo: comen lo que cultivan, están en silencio... ¿No te gustaría hacer una Meditación Vipassana? 

–¡Dale con la Vipassana! Cuando escribo soy feliz...

–¿Y qué te dice la gente cuando le decís que escribís? Si le decís a una mina que no hacés nada, ya arrancás mal. 

–¿Qué es lo que no se entiende de “escribo”? No hago “nada”, no. Escribo. ¡Es-cri-bo! Y me chupa un huevo lo que diga el mundo porque escribir es lo que hago y lo que amo. 

–Parece que a vos todo te chupa un huevo… Pero cuando viene la cuenta de la luz, el gas, esto y lo otro, no puedo ir y decirle a Edenor: “Espéreme, señor, que estoy escribiendo. Cuando venda un libro le pago”. 

–Ya sé…

–¡Tenés que conectarte con el mundo! ¡Salir a la vida! En vos hay un artista inconmensurable. Tenés un potencial enorme que si no lo sacás se te va a volver en contra y te va a explotar adentro. Yo sé lo que te digo. Dame bola.    

–Eso está bien. Pero el escritor generalmente no conoce a todos sus lectores. En el blog me leen personas que yo no tengo ni la más puta idea...

–¿Cuántos seguidores tenés? El otro día estaba escuchando que no sé quién tiene cuatro millones...

–No tengo tantos. Estoy arrancando. Para tener cuatro millones de seguidores tenés que ser famoso. 

–Liliana dice que a vos te lee mucha gente. Siempre te halaga por cómo escribís.

–Sí, me lee bastante gente. Pero recién empiezo… 

–Ya sé que no me vas a dar bola, pero ¿vos sabés lo que tenés que hacer? ¡Teatro! Ahí te vas a sacar toda la timidez. ¡Explotá las condiciones que tenés! Si yo hubiera tenido tus ojos, no sé… ¡Me hubiera cogido hasta a Dios y María Santísima! Igual con estos ojitos marrones no me fue tan mal… ¡Mira que me cogí minas, eh! No me cogí a mi abuela porque ya estaba muerta. 

–Lo más cerca que puedo estar del teatro es escribiendo una obra. 

–¿Ves que no me das bola? Te digo que vayas a hacer artes marciales, no querés; te digo que vayas a hacer teatro, tampoco; te digo que vayas al psicólogo o psicóloga, hay que ver con quién te sentirías mejor, porque te va a hacer bien, y me decís que no; te digo que te metas en una editorial a hacer esos dibujitos que vos hacías… ¡Como dibujás vos! ¡Si yo dibujara como vos ya estaría pintando minas en bolas! Hace cinco, siete años, no sé… ¿cuándo fue?, hiciste el atril y ahí quedó. ¿Cuándo vas a pintar algo? Hace un año ibas a hacer el curso de chef, me dijiste que las inscripciones empezaban en... ¿marzo?, ¿febrero? Y al final eso quedó en nada. 

–Porque yo no quiero ser chef, ¡quiero ser escritor! Quiero “cocinar” libros. Siempre fue igual, como cocinaba bien, decían que tenía que ser chef; como dibujaba bien, tenía que ser pintor; como nadaba bien, tenía que ir a las olimpiadas de Pekín dos mil ocho; como era bueno con las manualidades y el uso de las herramientas, me metieron a esa porquería de industrial que después lo detestaba, y así sucesivamente. Pero no. Yo siempre dije que iba a terminar haciendo algo que nadie se imaginaba. Y sé que nadie pensaba que iba a ser escritor, porque desde los cinco años detestaba los libros, escribir y mi letra era un espanto. ¡Como si fuera poco, entre otras cosas, repetí octavo año por sintaxis y poesía! 

–Bueno, ¿vos estás muy convencido de lo que querés? Lo único que te digo es que para lograr cualquier cosa en la vida hace falta sacrificio. Los que piensan que sin esfuerzo van a llegar a algo, están muy equivocados. Elegiste un camino duro, jodido. Yo lo único que te deseo es que el mundo sea tuyo. Capacidad te sobra. Hay que ver qué hacés vos con todo lo que tenés.