Traidores

Soneto en respuesta a otro soneto de Vicente Vives, gran compañero del foro Ultraversal.


Estoy hasta las manos de traidores
que llevan en la boca los puñales,
y luego te los clavan sin pudores
diciendo que son cosas naturales.

Y hastiado de que aboguen por valores
los mismos que organizan funerales,
te venden tu cajón y te echan flores
fingiendo ser señores con modales.

Si todo tiene un precio en esta vida
pagaré sin dudar lo que haga falta
sin faltar sobre todo a mi verdad.

Pues la gente tramposa, de movida,
se para en otro ser para ser alta
y crece solamente en su ruindad.

Sobre Dios, el diablo, el destino, la culpa y algo más...

I

Si es que existe algún destino
escrito en el universo,
puede ser que ningún verso
sea un reflejo genuino.
Más yo creo que el camino
otros habrán de trazarlo
pero cómo caminarlo
lo elegimos las personas,
y tal vez nuestras neuronas
sepan cómo reinventarlo.

II

Me niego a creer tal cosa
y ser un irresponsable
que siempre busca al culpable
de su vida embarazosa.
Mas si existe un Dios o-diosa
que trampea las partidas
controlando mis movidas
al hacer suya mi mano,
¡que le den al tal fulano
por donde ya dilucidas!

III

Si la Tierra es un retrete
ni Dios tira la cadena
y la mierda se almacena
para usarla de bonete.
Cada cual hace un boquete
con el sueño de la fuga,
y la vida centrifuga
la esperanza de fugarse.
No hay más forma de librarse
que dar alas a la oruga.

IV

Yo no creo que haya un diablo
que esté fuera de nosotros
y los males son los potros
que alimenta nuestro establo.
Yo no creo en lo que hablo
porque digo y contradigo,
soy mi mejor enemigo
en tu peor pesadilla,
y además una semilla
que engendra amor y castigo.

V

Soy los bienes y los males
que disperso por el mundo
y de pronto desenfundo
las vendas o los puñales.
Trato de ver las señales
que el cosmos muestra patente
y a veces soy imprudente
con el semáforo en rojo:
no puedo parar mi enojo
y piso al que tenga enfrente.

VI

Es muy sencillo decir
que otro tiene la culpa
pero eso no nos exculpa
ni a nadie va a redimir.
Tendríamos que asumir
que somos los responsables
de los hechos lamentables
que solemos provocar,
y que no existe el azar
ni existen otros culpables.

VII

Al diablo le digo al diablo
y al diablo le digo a Dios
porque creo que los dos
son figuras de retablo.
Abraxas es el vocablo
que en una sola deidad
encierra la dualidad
del bien y el mal todo junto,
y yo siempre me pregunto
si en él no está la verdad.

VIII

Luzbel es un ser benigno
que enseña con lo siniestro
y siempre es un buen maestro
si uno es hidalgo y digno.
Y aunque esbocen al maligno
con un par de cuernos largos
los que pintan los encargos
en talleres de la iglesia,
cuando pase la anestesia
morirán los lengüilargos.

IX

Viva Dios, y Lucifer
que la vida hace imposible
porque saca al invencible
que llevamos en el ser.
Combatamos con placer
y bebiéndonos el llanto
cuando surja el desencanto
de perder sin más remedio.
No es la lucha, si no el tedio
que nos mata del espanto.

Seis destellos profanos

I

La chica se arrodilló
frente al altar de aquel hombre,
para rezar en su nombre,
cuando la noche cayó.
Su boca urgida se abrió
para pintarse los labios,
que pronto se hicieron sabios
en eso de confesarse
y de la culpa librarse
sin importar los resabios.

II

Su lengua de fuego eterno
enroscaba hasta al demonio
cuando daba testimonio
de ser reina del infierno.
Con ella frente al gobierno
ningún mortal se oponía,
y el mismo Dios la quería
rezándole una plegaria,
pues era una perdularia
que de oraciones sabía.

III

Quería ser bendecida
en la pila bautismal
del apetito carnal
que da la vida a la vida.
Quería ser sometida
a los deseos y antojos
del hombre que con sus ojos
la instaba a que siguiera
y fuera en él y viniera
con sus vastos labios rojos.

IV

Le gustaba provocar
en su papel de inocente,
como niña adolescente
que le falta madurar.
Le gustaba suplicar,
con un puchero en la cara,
que el profesor le enseñara
cómo tenía que hacer
para entregarle placer,
por más que lo recordara.

V

Las puertas de sus capillas
se abrieron a los pecados
y los lugares sagrados
murieron entre comillas.
Ella quebró sus rodillas
tirándolas siempre al suelo
en pos de llevar al cielo
al prójimo venturoso
que en su cáliz espumoso
ansiara remontar vuelo.

VI

Su rostro se transformaba
en el del ángel perverso
que ocultaba en su universo
de señorita aniñada.
Andaba así, disfrazada
de la madre superiora
y no veía la hora
de desgarrar sus vestidos
para exhibir los tejidos
de hembra profanadora.

Yo necesito creer

I

Yo necesito creer
que el mundo va hacia algún lado
aunque su chasis quebrado
ha comenzado a ceder.
Yo necesito beber
de la copa de este sueño
aunque sea tan pequeño
que sobre en el infinito...
Y si soñar es delito,
la culpa ya tiene dueño.

II

Yo necesito creer
pero la guerra se acerca
y no habrá vuelta de tuerca
que la pueda detener.
Muchos van a perecer
en la batalla final,
y aunque pases de canal
también arderá tu casa:
el fuego con todo arrasa
y el hombre con su arsenal.

III

Yo necesito creer
que habrá un mañana tranquilo
pero ya estamos al filo
y a tres pasos de caer.
No es que quiera estremecer
a todas esas personas
que cuando las amontonas
no las distingues de nadie,
pero irradie lo que irradie
caeremos si no reaccionas.

IV

Yo necesito creer
que al terminar el partido
no estará todo perdido
y aún podemos vencer.
Pero vamos a perder
porque no somos un grupo
y el humano nunca supo
jugar dándose una mano:
si se lesiona su hermano,
él dice: yo no me ocupo.

V

Yo necesito creer
pero me gana la angustia
porque la Tierra está mustia
y no alcanza a florecer.
Es que en su suelo ha de haber
un animal soberano,
semejante a un gusano
que no deja de arrastrarse,
y debiera reprocharse
hacerse llamar humano.

VI

Yo necesito creer
que en esta reencarnación
será verdad la ilusión
de ese nuevo amanecer.
Necesito suponer
que un día la humanidad
se ensamblará de verdad
para formar una sola,
pero en el odio tremola
y esa es la realidad.

VII

Yo necesito creer,
necesito ser creyente,
necesito solamente
una esperanza tener.
No me podré sostener
el día en que nada crea,
la noche en que sólo vea
que nada tiene sentido.
¿De qué valdrá lo vivido
si mi esencia se estropea?

VIII

Yo necesito creer
que el amor todo lo puede
y que el odio retrocede
cuando lo ve renacer.
Pero he de padecer
los caprichos de la vida,
de nuestro instinto suicida,
del tiempo, que todo mata,
y de alguna que otra rata
que persigue ser temida.

IX

Yo necesito creer,
necesito ser consciente,
necesito de repente
morir, nacer y crecer.
Y antes de fenecer
quisiera ser ese niño
que en el pestañar de un guiño
tomaba el aprendizaje
que enseña cada paisaje,
con un inmenso cariño.